El Iron Man criollo

Por: Nathan Jaccard

Jorge Enrique Botero, polémico periodista, publica su último libro, Simón Trinidad, el hombre de hierro, un amplio reportaje sobre el juicio en Estados Unidos del jefe guerrillero.

Pareciera que en Colombia todavía existen superhéroes. Sí, cómo Batman, Superman o el Hombre Araña. Esa es la percepción de Jorge Enrique Botero, recorrido periodista de izquierda, en su último libro. El paladín de Botero es, ni más ni menos, Ricardo Palmera, alias Simón Trinidad, el célebre guerrillero de las FARC, extraditado a finales del 2004 a Estados Unidos, donde fue condenado a 60 años de prisión por conspiración para la toma de rehenes.

Simón Trinidad, el hombre de hierro es un libro que mezcla biografía y crónica, una narración donde el periodista Jorge Enrique Botero teje la vida del guerrillero Simón Trindad alrededor del juicio que enfrenta en Estados Unidos. El periodista, y no lo esconde, escoge con claridad su bando, pintándonos a su Iron Man criollo cómo un hijo, un marido, un profesor, un amante, un padre. Un guerrillero humano, lo que rima con extraterrestre en la Colombia de hoy. A pesar de no tener capa, trusa y poderes sobrehumanos, súper Simón sería un ser que combate al margen de la ley contra el mal social. Un luchador inquebrantable, que con generosidad, sacrificio y entrega de si, se sobrepone a todo tipo de obstáculos. Al mejor estilo del El Zorro.

El libro ha despertado el inevitable hambre de los polemistas de todo pelambre, haciendo brotar mares de tinta. “Botero se propone contar la historia del criminal honorable”, escribe, ácido, José Monsalve, de la revista Arcadia. Por otro lado, la Fundación Domingo Atrasado ensalza el periodista, diciendo que el libro “está dedicado a trazar el perfil de Simón Trinidad, guerrero por la paz”. Personajes como D’artagnan o Mauricio Botero Caicedo, columnistas, también se han metido a la pelea.

Lo cierto, según Vive.in, es que Simón Trinidad, el hombre de hierro fue uno de los títulos más vendidos en la última feria de libro de Bogotá, donde fue lanzado oficialmente.

Hay que decir que la vida de Trinidad, un intelectual de clase alta que sacrifica su familia y su posición social por sus ideales, uniéndose a la guerrilla, desentona con el discurso dominante, sofocado por los “bandoleros”, “narcoterroristas” y “bandidos”. Pero más allá de Simón Trinidad, el libro de Botero es un excelente relato, una narración que va hilando con maestría la vida y el juicio del guerrillero venido a menos. Como en un cómic de Marvel, Botero nos lleva del estrado del distrito de Columbia, en Washington, a las espesas selvas del Caquetá, pasando por el encopetado Colegio Helvetia, donde el joven Palmera estudió. El texto se empapa de suspenso, de tensión y nerviosismo.

Botero nos cuenta además la vida de decenas de personajes que se cruzan con el relato, como Martín Sombra, el carcelero de las FARC o Patricia Medina, la novia de Keith Stansell, uno de los norteamericanos secuestrados. Pero de pronto lo que más llama la atención, es la reportería, minuciosa, precisa, con detalles crujientes como la afición por los dulces del juez Lamberth o las pintas de Simón Trinidad en las audiencias.

Claro, Botero se pasa. Cortó las escenas del Trinidad en armas, del jefe guerrillero que planeó ataques, que mandó a matar, de una persona que seguro ordenó barbaries típicas de una guerra. Además, el periodista olvida, no sin cierto placer, una de las reglas básicas de la deontología periodística: no te acerques demasiado a tu fuente. Narra como le lleva libros al guerrillero enjaulado, le regala plata y le sirve de mensajero sentimental.

Pero uno de los grandes méritos de Botero es de mostrar los límites de la extradición política, en el sentido que obedece más a un castigo por parte de los gobiernos colombianos y estadounidenses que a una verdadera violación de leyes de los EEUU. Es evidente que es un juicio parcializado, donde se desenterraron todo tipo de patrañas, trapicheos, con el guiño de los jueces, para condenar a Trinidad. Los testimonios se caen por si solos, los fiscales están confundidos y nerviosos, a pesar de un trabajo enorme y profesional. Este desorden le dio una plataforma a Trinidad, donde se pudo encaramar y presentar su visión política con una contraparte muy mediocre.

Lo escandaloso no es que lo juzguen. El problema es que no lo juzguen en Colombia, porqué si hay un país donde violó las leyes, delinquió e hizo daño, precisamente es este.

La justicia no se puede amparar bajo jugarretas políticas. En este caso lo hizo y a los jueces estadounidenses les tomó cuatro años poder condenarlo, revelando el fracaso de este tipo de caminos. El caso de Sonia, experta en comunicaciones de las FARC, episodio también relatado por Botero, conoció las mismas complicaciones. Y estoy seguro que, los juicios a los 14 jefes paramilitares extraditados en mayo del 2008 vivirán similar suerte.

La extradición trata a Mancuso, Trinidad y compañía como delincuentes comunes, sin tener en cuenta los antecedentes políticos del país.

La exportación de reos políticos es un obstáculo para los procesos de paz, actuales o futuros, en Colombia, reduciendo el margen de maniobra y negociación del gobierno y alejando la sociedad al indispensable deber de memoria, reparación y reflexión. Sepultando los peores productos de nuestra país bajo pesadas puertas de acero de máxima seguridad en Texas, Florida o Washington, no estamos sino huyendo a nuestros fantasmas.

Además, como expone Adam Isacson, del Centro para la Política International, “la extradición se ha convertido en un sustituto para una verdadera reforma judicial (…), es reconocer un fracaso, confesar que el sistema judicial y penal colombiano es demasiado lento, ineficiente, corrupto”.

Más que un arma de justicia, la extradición se ha convertido en una cauchera política, un machete de doble filo que no satisface a nadie.

About these ads

Una respuesta a El Iron Man criollo

  1. Es curioso ver como gente pierde la vision por unos cuantos pesos, la sociedad contemporanea permite que hente inescrupuloss se escude en su profesion como periodista para sacar a relucir sus afinaciones politicas. Hoy en dia cualquier Juan de los palotes escribe un libro distorcionando la verdad y el sentido de una verdadera sociedad que debe ser liberada de gente como el.
    Como el papel aguanta todo, dicen “Este libro si trae la verdad” Cual verdad me pregunto yo??? la de Dios o la de este periodista?? Diganle a el que me lo conteste
    Gracias

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: