Contravía – “Víctimas y Derechos”

diciembre 15, 2008

Reportaje elaborado en colaboración con el progrma Contravía – http://www.contravia.tv/

Por: Felipe Cuervo – http://nianversonireverso.wordpress.com/

Parte 1

Parte 2

Parte 3


“Buenos Aires, hoy te falta mambo”

noviembre 11, 2008

 

 

Por: Carolina Rincón

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Desde niña soñaba con tangos y milongas, amaba el acento y el fútbol argentino, deliraba con las canciones de Charlie García y  de Fito Páez. Sin embargo, después de haber pasado una larga estadía en Buenos Aires, capital del tango y de la República Argentina, y aunque la sigo queriendo y hasta la añoro; la realidad que viví convirtió al paraíso que habitaba en mi mente infantil, en una ciudad de la furia.

 

En noviembre de 2004 finalmente se cumplía un presagio. Después de desearlo con todas mis fuerzas, compré un tiquete de vacaciones a mis sueños, empaque una maleta llena de ilusiones y desembarque en tierra gaucha, en el Aeropuerto Internacional Ezeiza de Buenos Aires.

 

Desde que llegué, amé el color barro del río de la Plata, el olor a carne asada, la antigüedad de las construcciones, la belleza de los hombres y de las mujeres, los alfajores, la presencia de los diarios y las revistas en kioscos callejeros, la nostalgia que guardan los bares de tango en San Telmo, un antiguo barrio porteño, y las tardes  en las que las onces eran sorbos de mate, acompañados con unos panecitos deliciosos en forma de luna creciente, a los que llaman “facturas”.

 

Los ojos del turista brillan, todo el mundo sabe cuándo pasa un forastero porque esa persona indaga, se maravilla, quiere encontrar la belleza en cada piedra, en cada pedazo de aire. Yo disfrutaba todo, de cada lugar que visitaba y de cada conversación que entablaba. Estaba disfrutando tanto mi corta estadía, que el día programado para tomar el vuelo de regreso, irreflexivamente decidí perderlo.

 

Salí del lindo hotel que me había incluido la agencia de viajes en el plan que adquirí en Bogotá, y visité un par de inmobiliarias para encontrar ayuda en la búsqueda de un apartamento alquilado. No tardaron en aparecer las dificultades; los lugares disponibles tenían precios exorbitantes y los requisitos para extranjeros resultaban mucho más estrictos por la cantidad de garantías que solicitaban.

 

Yo contaba con un  dinero que me alcanzaba, según mis cálculos, para vivir dos meses. Aspiraba haber conseguido un trabajo en ese lapso, y en realidad sabía que tenía que hacerlo porque no obtendría ayuda de mi casa paterna. Mis padres estaban consternados y ofendidos con mi decisión de quedarme en ese lugar.

 

Después de reflexionar lo anterior, terminé llegando al Hostel Buenos Aires o “la resi”, una residencia universitaria, que quedaba en una casa amarilla que muy lejos estaba de parecerse a la casa de Van Gogh. Desde el primer día que llegué, me recibió en la puerta una cucaracha negra y peluda de tres centímetros de largo y uno y medio de ancho. Ese mismo bicho o uno igualito a él, fue mi anfitrión durante toda la estadía en “la resi”.

 

Me tocó compartir una habitación, que no llegaba a los tres metros cuadrados, con Javiera Molina Mallea, una chilena noctámbula que me odió tan pronto me vio llegar, puesto que hacía unos días, la administradora del lugar le había propuesto que pagara 30 pesos más mensualmente, unos 10 dólares, por no seguir ofreciendo la cama de arriba de su litera en el cuarto número 12. A pesar de su rechazo inicial, el tedio de la convivencia nos obligó a hacernos amigas.

 

Las dos empezamos a vivir Buenos Aires desde el otro lado de la moneda. Comenzamos a ser habitantes, a tener afán, a buscar oportunidades, a comprar comida en el supermercado chino de al lado, a cocinar en una cocina sucia, a compartir el baño con 27 jóvenes más, a esperar un turno eterno para usar un computador, al que al prenderlo, emergían páginas pornográficas y muñequitos emotivos.

 

Salir a la calle también lo puedo contar en un antes y un después.  Cuando era turista, miraba la arquitectura, los grandes teatros, la publicidad y las vitrinas; ahora, observaba cuidadosamente el piso para no pisar mierda de perro o alguna cucaracha gigante de las que pululan por todos los rincones de la ciudad del tango.

 

Aunque ya no era lo mismo, y la ciudad ya no me olía a carne recién asada, sino a humedad y a basura, todavía no me había desencantado del todo. Escribí mi propia historia de amor con un músico paranoico, muy argentino, que me hizo leer poemas y que luego  me rompió el corazón; conseguí un trabajo en una fundación, en la que aprendí entre otras cosas trascendentales, sobre la corrupción de quienes protegen asuntos de derechos humanos; también, y eso fue lo más importante, encontré amigos leales a quienes todavía llevo en mi corazón.

 

Después de 5 meses a mi amiga chilena y a mi nos echaron a la calle porque yo me había envalentonado y no había querido firmar una cláusula de convivencia que adicionaron al contrato de alquiler del Hostel Buenos Aires, inmediatamente después cometí un error y no hubo tregua, la misma cucaracha o una igualita a la que me había recibido, fue la única que salió a despedirse en la puerta de la casa amarilla, en el verano de 2005.

 

Iniciamos un recorrido macabro por las calles porteñas, en tres meses pasamos por 6 hostales. No conseguimos ninguno mejor que el otro, todos muy sucios; en uno nos tocó compartir habitación con otras 5 personas;  el otro, sin que nos diéramos cuenta inicialmente, resultó ser un motel de mala muerte que frecuentaban homosexuales; en el otro encontramos una nueva cucaracha, más grande aún que la de “la resi”, a la que no nos pudimos acostumbrar… Al final, llegamos a un hotel que se acomodaba a nuestro presupuesto y en el que nos daban desayuno y ahí nos quedamos el último mes. Estábamos trajinadas, feas, desencantadas y económicamente arruinadas.

 

Después de mucho buscarlo, encontramos un apartamento que quedaba en el barrio donde vivían muchos judíos, sus calles estaban llenas de excrementos, pero qué más daba, por fin un sitio de donde no nos echaran y que tuviera llaves.  Nos lo alquiló sin garantía, un amigo de un amigo que nos lo prometió amueblado. Al final, nos dio un par de colchonetas, una nevera vieja cundida de pequeñas cucarachas, un televisor que nunca nos enteramos si era o no a color, y unas sillas rimax. No había teléfono,  no servían las luces de la cocina y tampoco la chapa de la puerta, los bombillos de la luz sacaban chispas de vez en cuando y una vez nos quedamos encerradas toda una mañana porque la puerta de entrada no sirvió más. 

 

Era el invierno de agosto de 2005, estábamos muertas del frío y tan desencantadas del producto argentino que no queríamos salir de la casa por desagradable que nos resultara. La realidad era muy cruel, nos dimos cuenta de  que muchos argentinos, de esos tan hermosos que antes no parábamos de mirar en la calle, eran unos aprovechados, que estábamos en riesgo permanente de que nos estafaran en cualquier tipo de negocio que hiciéramos, que las cosas que comprábamos venían con defectos de fábrica, y que la ropa que nos poníamos se descosía en la primera puesta. A pesar de todo ello, ahí seguía intacta la Avenida Corrientes, aún había librerías abiertas hasta las 2 de la mañana, aun se ofrecían recitales gratuitos y los teatros seguían presentando su arte. Aun estaba el tango.


El patriarca del rock

noviembre 11, 2008

 

Por: Carolina Rincón  manolobellon2

 

      Manolo Bellon ama toda la música, pero su género consentido es el rock, palabra que clasifica más como una actitud juvenil e irreverente que como un género musical.

 

Manolo Bellon fue uno de los adolescentes que durante la década de los sesenta se contagió de la “beatlemania”, popular expresión que caracterizó una  admiración intensa y frenética hacia la legendaria  banda inglesa de rock The Beatles.  Desde ese entonces,  no ha habido un día de su vida en el que no piense en rock and roll.

 ……

 John Lennon, líder de The Beatles,  nació en Liverpool, Inglaterra, el 9 de octubre de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial.  Dos años antes, el alemán Waldemar Bellon, padre de Manolo Bellon, huía de Alemania con su Luisa esposa, por su activismo en la oposición contra el régimen de Hitler. Por esa razón Manolo no es alemán. Y aunque el destino de Waldemar y Luisa definió que Manolo Bellon naciera y viviera en Colombia, separado a un océano de Europa, la cuna de The Beatles, The Rolling Stones y Pink Floid; también definió que Bellon llevaría el rock en las venas.

 

La anterior afirmación cobra sentido cuando Manolo Bellon explica lo que significa la música en su vida: “Si me sacaran una muestra de sangre lo primero que podrían verificar es que está compuesta un 70% de notas musicales”.

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Bellon tiene 59 años y desde los 6 colecciona música.  A los 17 empezó a estudiar veterinaria, pero al poco tiempo entendió que no eran los animales sino más bien las guitarras eléctricas las que hacían vibrar su corazón. Por eso,  decidió ser disc-jockey. Hoy, tras 39 años de dedicación a la música tiene un gesto amable y relajado en su rostro y además tiene un largo currículo

Es un hombre irreverente y apasionado. Aunque las canas dejen ver su madurez y le den un toque sabiduría a su apariencia, su actitud es descomplicada y sencilla. Se exalta hablando de rock, parece un joven apasionado que defiende a capa y espada su banda, su ideología. Se emociona oyendo At the hop, de Dany and the juniors, una canción muy rocanrolera que hace parte de las aproximadamente 6800 que tiene grabadas en su Ipod. Últimamente adora el Alleluia interpretado por Marcos With.

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En 2003 Manolo Bellon lanzó su primer libro “The Beatles: La Historia”, en el que cuenta el surgimiento, el desarrollo y el fin  de la banda y  la vida sus integrantes, los llamados: fabulosos cuatro “fabfour,”  John, Paul, George y Ringo. Para escribir este libro, Bellon utilizó la colección de recortes de prensa que atesoró desde que era un adolescente. Aunque no ha podido acceder directamente a ninguno de los Beatles, ni a sus hijos,  asegura que mientras su salud y su cordura se lo permitan, no descansará hasta sentarse a conversar con Paul Mccartney, bajista y voz de The Beatles, y  autor de Yesterday, canción que ostenta el guiness record de la más radiada del mundo.  

Intentó entrevistar en el Dakota Building de Nueva York***, a la japonesa Yoko Ono, viuda de John  Lennon, que es conocida como una bruja entre los fans de The Beatles porque le atribuyen la separación de la banda. Sin embargo, la japonesa no permitió que Bellon llegara a ella. Le envió una razón con un hombre con cara de pocos amigos, mediante la cual le explicó que si quería hablar con ella debería hacer una solicitud escrita que pasaría a ser estudiada y respondida mínimo en dos meses. Hasta ese momento llegó la intención de Bellon de hablar con Ono.

….  

En 2007 Bellon publicó “El ABC del Rock”, libro que contiene un saber enciclopédico de los sucesos mas importantes de la historia del rock, ocurridos a lo largo de 90 años, en América y en Europa. Este libro es su autobiografía porque el rock es él mismo y al mismo tiempo el producto de su trabajo y su mayor compañía.

Manolo Bellon ama toda la música, pero su género consentido es el rock, palabra que clasifica más como una actitud juvenil e irreverente que como un género musical.   “El rock es un espíritu que tiene varias manifestaciones, porque recoge lo que dice la gente en la calle”.

 

Cuando tuve la oportunidad, me tomé el atrevimiento de  insinuarle a Manolo Bellon, que aunque en sus inicios el rock fue tomado como un movimiento anárquico de jóvenes rebeldes, hoy puede ser más visto como un género de leyendas representativas del siglo pasado, que todavía guarda algunos fanáticos. Inmediatamente se exaltó y me preguntó afanosamente ¿pero para usted qué es el rock? Simplemente asentí.

 

Después de unos segundos de reflexión, mi entrevistado me dio algo de razón. El rock clásico, el que hace delirar a Bellon, no es más es una manifestación de rebeldía sino más bien un clásico, socialmente aceptado. Ya no es una música que los padres consideran ruido… y eso dice mucho.  Antes de terminar con su respuesta, Bellon dejó claro que el rock sigue siendo una actitud irreverente, que tiene una inmensa capacidad para reinventarse  “siempre hay manifestaciones de lo que es la esencia del rock y siempre el rock vive el mismo proceso, por eso hoy  existe el punk y el hip-hop, porque manifestaciones anteriores se han vuelto aceptables.”

 

 En la Revista Cambio del 14 de noviembre de 2007,  encontré el siguiente título: “El Rock se aburguesó:!No me diga!”, Bellon escribe: “GRAN PREOCUPACIÓN hay porque el rock está entrando al torrente de música socialmente aceptada, absorbida por el Establecimiento. Sí, así, con mayúsculas. Hay tantas actividades alrededor del rock que parecieran ser más bien de música culta. No de la música rebelde por excelencia. ¿Cómo es posible que la expresión máxima de la rebeldía juvenil se deje absorber? Francamente no hay que ponerle mucha tiza al asunto, eso viene sucediendo desde hace cincuenta años”.

Con esas palabras Manolo Bellon terminó de explicar la molestia que le generó mi pregunta. Y Finaliza así: “… Tal vez en este momento fuera del tan vilipendiado reguetón, no esté pasando mucho, pero llegará. Y una vez más, ese feo invento ya cincuentón y canoso, reaparecerá y volverá a chocar contra el Establecimiento. Y cuando a usted le choca, significa que también ya está absorbido por el Sistema…”

Manolo Bellon está, hace casi medio siglo, deslumbrado por ese “invento cincuentón”. No obstante su deseo de continuar impulsando a los espíritus  rebeldes, ama los acetatos  y  deja ver su rechazo a la música electrónica: “porque los computadores no tienen sentimientos”.  Él, como muchos otros padres de familia,  sigue sintiendo una enorme nostalgia cuando mira el espejo retrovisor. 

 

¿Qué existe más allá de la música para Manolo Bellon?

Para poner todo en sus justas dimensiones es indispensable reproducir las siguientes palabras de Bellon: “cuando me iba a casar con mi esposa le advertí que yo ya estaba casado, que ella iba a ser mi segunda esposa porque la primera siempre ha sido la música”.  Claudia, su esposa, supo entenderlo y por eso hasta ahora siguen juntos y felices.  Bellon da la vida por ella y por sus hijas Jennifer y Jessica.  Comparten los fines de semana en las afueras de Bogotá preparando asados, y cuando  hay oportunidad, haciéndole barra a Santa Fe, tradicional equipo de futbol bogotano.

Siempre está al tanto de no dejar de lado su vida privada y su crecimiento personal. Le gusta leer sobre actualidad y sobre espiritualidad. Claro!  Siempre con música como protector de pantalla de sus pensamientos.

Su perro Shatsi también ocupa parte de su rutina diaria;  es un dálmata mediano, que tiene claro que su amo no se resiste a sacarlo a pasear cada vez que él le mueve la cola. Todos los días sale a pasearlo entre las 6:15 y las 6:45 de la mañana, a uno de los parques que quedan cerca de su casa. El perrito aparece en la pantalla de su celular. 

En el blog de Manolo Bellon, se lee que “Música se escribe con m  de Manolo”, y no en vano es hasta ahora el único colombiano que, sin haber participado en la grabación de un álbum, ha recibido por parte de EMI Music, un disco de oro por  la difusión de ONE. Un  álbum con la recopilación de 27 de las canciones de The Beatles, que alcanzaron el primer lugar de las listas oficiales pop de Inglaterra y de Estados Unidos.

Manolo Bellon hubiera dado mucho en la vida por ir a un concierto de The Beatles y por  conocer a Elvis Presley,  Jim Morrison,  John Lennon y a Frank Sinatra. Aunque eso no fue ni será posible, Bellon ha trasmitido el legado. Gracias a él, muchas personas nos hemos acercado a los íconos del rock y hemos podido revivir el espíritu revolucionario de los sesentas. Mientras viva el patriarca del rock vivirá la leyenda en Colombia.   


E[n 2004, la revista Rolling Stone  puso a The Beatles en el #1 dentro de su lista de 100 Greatest Artists of All Time. De acuerdo con la misma publicación, ellos innovaron la música y su impacto cultural ayudó a definir los años 1960 []y su influencia en la cultura pop aún es evidente en la actualidad, además de tener 4 álbumes entre los 10 mejores de la historia, incluyendo el 1º y el 3º. Unos años más tarde también fueron colocados en el puesto nº 1 entre Los Mejores Artistas de todos los tiempos por la página de internet de música Acclaimedmusic.net. Consultado en  Wikipedia 24 de mayo de 2008.

Ha sido locutor y director de estaciones radiales colombianas, Caracol Estéreo y La W Radio; presentador de programas musicales en televisión y en radio, Surcos del Pop, Flashback, La hora del regreso, entre otros; es conferencista y periodista de temas de cultura y del espectáculo. Actualmente es coordinador de la Discoteca Digital de Caracol,  que se encarga de la digitalización y documentación de archivos musicales y artísticos. También es líder del Departamento creativo y de producción  “Key Program”, programa orientado a clientes nuevos de la radio. También escribe en diarios y revistas colombianas.

*** Dakota Building de Nueva York es el  nombre del conocido edificio donde en diciembre de 1980, un hombre llamado David Charpman descargó 5 tiros de su pistola  sobre el cuerpo de John Lennon y acabó con su vida. Ese edificio que constantemente es asediado por fans del Lennon pues en el mismo sigue viviendo Yoko Ono.


El profesor Salomón: mi gurú por una semana

noviembre 5, 2008

Por: Felipe Cuervo – http://nianversonireverso.wordpress.com/

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Requisitos para ser un discípulo

Escuchar diariamente los designios que formula el profesor Salomón inspirado en los astros y llevar a cabo los rituales que prescribe, no es una tarea para nada sencilla. Primero que todo, hay que contar prácticamente con toda la mañana, de seis a diez, para seguir sus revelaciones a lo largo del Tropishow, el programa matutino de la estación radial Tropicana. Eso requiere de mucho tiempo libre: habrá que ser millonario o desempleado, digo yo. Parece que el profesor Salomón se dirigiera a un público de desocupados que hacen pereza en piyama, esperando que él les indique qué color lucir en sus prendas, con qué agüita especial bañarse, qué color de vela encender y hasta qué les va a pasar y cómo deben actuar. Todo para que puedan sintonizarse con la energía del día y, tal vez, ganarse el chance, con los números que el mismo profe proporciona.

Me imagino que muchas personas se gozan el Tropishow, pero en mi caso constituye un ejercicio de mucha paciencia. Fueron mañanas difíciles de sobrellevar, tengo que admitirlo. Me gusta la salsa vieja, la contemporánea más bien poco. El merengue no es que me mate. Pero de cualquier manera considero un esperpento despertarse con música de rumba, sea la que sea. Es como cuando lo encandelillan a uno prendiendo la luz de la habitación mientras aún está oscuro, o como tener un vecino vallenatero con un equipo de sonido con mil vatios de potencia, que madruga todos los domingos. Todo en su lugar y a su debido tiempo. Extrañé, pues, en la semana, un despertar tranquilo. Un discípulo como yo, rockero, rolo y meditabundo, necesita armarse de mucha paciencia.

El profesor Salomón también requiere de sus adeptos una despensa bien completa para poder preparar sus pócimas: miel, manzanas, romero, ruda, mandarinas, perejil crespo, canela en polvo, naranjas, velas de colores. En su defecto, un supermercado cerca de la casa o una tienda de barrio, de esas que venden de todo, para poder seguir las instrucciones del maestro. La mayoría de los ingredientes son para preparar baños: se agregan siempre a un litro de agua caliente y, también siempre, hay que bañarse sólo del cuello hacia abajo. Menos mal, no me imagino los pegotes en el cabello.

Otra exigencia que hace el profe a sus oyentes es la de poseer un armario bien completo o, al menos, bastante colorido. Es importante recalcar la necesidad de que el discípulo disponga de prendas de todos los colores, pues no se sabe cuál será el que al profe se le ocurra elegir para el día. Yo no soy homofóbico ni tengo nada contra los hombres que incluyen el rosa o colores similares en sus atuendos. Pero carajo, ¿me tengo que poner algo violeta? Ni siquiera tengo qué. Profe, le tocará prestarme una de las camisas de satín morado, de esas que van hasta las rodillas, con las que se le veía antes por Caracol T.V.

Instrucciones para algunos rituales

1. El ritual de endulzamiento

*Ingredientes:
– Un litro de agua
– Tres cucharadas de azúcar
– Una manzana roja
– Miel de abejas
– Un plato blanco

*El baño:
Caliente un litro de agua y agregue el azúcar. Báñese del cuello hacia abajo. Repita: “voy a endulzar mi temperamento”.

Cada una de las pócimas del profe está acompañada por una oración que debe repetirse literalmente, como un conjuro. Supongo que de no hacerlo así, corro el riesgo de que no se produzca el efecto deseado y en vez de convertirme en un príncipe, me convierta en un sapo. Para fortuna de todos, el buen profe suele repetir un par de veces el intrincado conjuro, de manera que un novicio como yo tenga el tiempo necesario para anotarlo.

“Voy a endulzar mi temperamento”. Repito la frase mágica formulada por el profe mientras me baño del cuello hacia abajo. Sigo cuidadosamente las instrucciones y trato de convencerme de que, por qué no, tal vez el baño puede ayudar a relajarme y a ser más tolerante. Pero siento la piel un poco pegajosa y no es nada cómodo. Hay que tener fe, dicen. ¿Será que los poros de mi piel absorben el azúcar y me endulzan por ósmosis metafísica el temperamento?

*La ofrenda:
Coloque una manzana roja sobre un plato blanco y báñela con miel por encima. Repita: “que me endulce en el amor con estabilidad y firmeza”.

Mucho dulce para mi gusto, me está hostigando, profe. ¿Y por cuánto tiempo debo dejar la manzana ahí, sobre el plato? Se ha adherido una capa de polvo sobre la de miel. Espero que no se pudra pronto. Si la lavo, ¿me la puedo comer? ¿O se desconfigura el conjuro? ¡Necesito instrucciones más avanzadas, profe!

2. El ritual de armonización de chacras

*Ingredientes:
– Naranja rallada
– Miel
– Canela en polvo

*Instrucciones:
Ralle la naranja y mézclela con la miel y la canela en polvo. Aplique sobre el plexo solar y pida: “que se armonice el chacra del amor” Después de cinco minutos, retire.

Mientras me aplico el ungüento ese en el chacra del plexo solar (un par de centímetros arriba del ombligo), repito el mantra que ha pronunciado el profesor Salomón para iluminarme durante el ritual: “que se armonice el chacra del amor”. Recomiendo este ritual los presidentes Chávez, Bush y Putin. Y por supuesto, a las FARC, a los paras y a Uribe. Mejor dicho, a todos los guerreristas. Repítanlo profusamente, quien quita que den resultado las palabras místicas del profe. Nos harían un gran favor.

Luego de estar cinco minutos sin camiseta, que fue el tiempo que el profe ordenó mantener la pócima haciéndose costra sobre la panza, me limpié y descubrí esa área de mi piel más tersa. Un mejor uso: podría ser la fórmula de una mascarilla. Aunque personalmente preferiría untárselo a un pan en el desayuno: tiene buen sabor.

Vislumbrando el futuro

El don que lanzó al estrellato al profe Salomón es el de la videncia. Puede predecir el futuro con base en la interpretación del movimiento de los astros y de la lectura de las cartas del tarot. A finales del año pasado publicó un libro con sus predicciones para 2008. En él, vislumbra el porvenir de los famosos colombianos al mejor estilo de la Negra Candela o Sweet: Juanes cosechará nuevos triunfos en su carrera; Shakira estará en un dilema grande con su pareja Antonio de la Rua; Verónica Orozco tendrá una participación muy destacada en una novela; Adriana Arboleda consolidará su relación. Al fin qué: ¿astrólogo o paparazzi? No me confunda, profe, socava mi fe.

También toca en su libro temas medioambientales y predice catástrofes en el mundo. ¡Qué novedad! Dice que se van a seguir derritiendo los polos: sí, profe, yo también veo Discovery Channel. Y nos hace una advertencia ecológica: “la urgencia y la complejidad de los cambios observados en las regiones polares exigirán la aplicación de un enfoque científico amplio e integrado”. No, mejor dicho, está para representar a Colombia en las conferencias internacionales sobre cambio climático.

Pero cuando en verdad intenta adivinar, pues a veces acierta, otras falla. Los deportes son un buen ejemplo. Dijo que el golfista Camilo Villegas se ganaba su primer torneo en la PGA y así fue. Pero también dijo que Mauricio Soler mejoraría su participación en el Tour de Francia: no contó con que se fracturaría la muñeca y se retiraría comenzando el Tour. Ojalá no le haya botado platica a esa predicción. De Montoya dijo que mejoraría en la Nascar, pero le va tan mal que hasta ha perdido a su principal patrocinador para el próximo año. Predijo para Millonarios la obtención de la estrella número 14. Hágale fuerza profe, todavía se puede, aunque hace veinte años no ganen.

En sus predicciones sobre política y conflicto interno, el profe sí está viciado. Decir que la paz llegaría a Colombia en el cuarto mes del año… ¡Plop!

La patrona de las causas imposibles

Santa Marta es la recipiente de la devoción del profesor Salomón. Precisamente tiene su templo místico ubicado de manera estratégica a pocas cuadras de la Parroquia de Santa Marta, en el barrio Chapinero de Bogotá. De esa manera, le da la oportunidad a los devotos de la Santa de complementar su fe católica con la astrología. Los fieles le rezan a Santa Marta por su poder para interceder en casos imposibles. Supongo que debo hacerme devoto también, para que promueva mi fe en el profe. Mientras tanto, no seré un discípulo idóneo y permaneceré inmune a las energías cósmicas que de él emanan.

Los que sí deben querer mucho al profesor Salomón, son los empresarios del chance. Ellos también deben ser devotos de Santa Marta. Puedo verlos orándole fervientemente para que les conserve al profe por siempre y, como siempre, incitando a sus discípulos a apostar. Yo no me gané el chance. Supongo que el designio de los astros para mí es que me gane la vida con el sudor de mi mente y no con la fe del de enfrente.

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La reina del camino

octubre 25, 2008

Por: Nathan Jaccard
De Usme a Torca, Bogotá de extremo a extremo, un purgatorio entre la 240 con autopista norte a la 140 sur. Un día en una buseta que circula por la ruta más larga de la capital de Colombia.

 
Los huesos le tiemblan, sus músculos suspiran y su cuerpo parece poseído por un hipo satánico. Va bajando, acelerada, la calle 48 sur, una flaca anaconda de asfalto que se enrolla en el cerro de Guacamayas, en el sur de Bogotá. A sus pies, se despliega un enorme tapete de concreto, decenas de kilómetros de la vista más hermosa de la capital colombiana. Un cálido vaho de smog grisáceo envuelve el horizonte.

Está llena, a punto de vomitar. El calor y el tufo a sudor se hacen insoportables, pero todavía faltan más de 30 kilómetros antes de llegar a Torca, en la 240 con Séptima, al lejano norte de la ciudad y poder respirar un rato.
Salió a las cinco de la mañana de Usme, un antiguo pueblo de placita, chicherías y ruanas que Bogotá está a punto de engullir. Su hogar, un lote de piso de tierra con un humilde quiosco de caldo de costilla a 1.000 pesos queda en la carrera 3 con calle 140 sur. No tiene intención de parar de correr hasta las nueve y media de la noche. Incansable.

Ella es la reina del camino, ella es la Menta.

Pesa 5200 libras, mide tres metros con cincuenta. Ostenta diez metros de largo, cuatro de ancho de pura carrocería made in Fontibón. Tan solo tiene dos años pero sus rines grasientos han recorrido 178.893 kilómetros. Como darle cuatro veces y media la vuelta al mundo. Engulle a 550 personas por día y se toma 180.000 pesos de ACPM. Su costo, 170.000.000 de pesos, lo mismo que un Porsche Boxster 2.7 último modelo.

A la Menta le gusta ponerse linda, lucir su falda blanca reluciente, con esos rayos rojos que le dan velocidad y su apellido tatuado en amarillo, Transconfort, para no perderse. Por dentro, su panorámico enseña pesadas cortinillas grises con flecos, como si se le hubiera ido la mano con el rimel. Poderosas centellas plateadas atraviesan su tablero azul eléctrico y un enorme bulldog café se asegura desde el timón de que nada malo vaya a pasar. Del retablo cuelgan chapas de Mercedes, Cadillac y la Virgen del Carmen, la trinidad del motor. Y por todo lado, luces azules que titilan como un árbol de navidad cada dos minutos, cuando la Menta frena.

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“Quien eres tú, de que te las picas, que todo te ofende, que nadie te entiende”, escupen los bafles. La robusta voz de Giovanni Ayala, el ídolo de la música popular colombiana, arrulla a Willington López, el amante de la Menta, que fatigado trata de controlarla. Tiene 26 años, 8 domando motores, 2 hijos, camisa blanca de cuadros azules, bozo, pantalón beige, zapatos de cuero café recién embetunados, un anillo plateado y corte de gallo: rapado en la base de la cabeza y el resto parado con gel.

La Menta es una puta de lujo. Su proxeneta, Alirio Guzmán, que posee 12 mozas más, le exige a Willington 320.000 pesos diarios para poderla sacarla. Y de 1.200 pesos en 1.200 pesos, que es lo que vale el pasaje, Willington espera conseguir 50.000 o 60.000 pesos limpios en 4 recorridos, 16 horas de trabajo y casi 300 kilómetros de camino. Seis días a la semana. La Menta y sus 20.000 colegas de la capital producen, según la Secretaría Distrital de Movilidad, entre 5.000 y 5.600 millones de pesos por día.

Willington se levanta a las tres de la mañana y sale de Comuneros, el barrio donde vive en la calle 65 sur, a Usme para recoger a su doncella. Tendrá que aguantarse la cantaleta de la Menta hasta las nueve de la noche, cuando vuelve a casa, visita sus hijos y se va a acostar en el hogar de sus padres. “Duermo como 4 horas diarias, pero igual esa cama es dura como una piedra”, sonríe viendo la carrera 10, a la altura de San Victorino, una de las manzanas más mercantiles del centro de Bogotá.

La Décima es el reino de los motores, una avenida de cuatro calzadas abarrotadas de ejecutivos, cebolleros, busetas y colectivos que luchan en una nube de exostos por los 1.200 pesos del viaje. A los costados, con la cara impávida, el gentío sale de centros comerciales de poca monta como El Mayorista, Puerto Locura o Edificio Cosmo.

La Menta, como en la batalla de Stalingrado, avanza palmo a palmo, combatiendo con rabia contra sus congéneres. Se detiene cada cinco metros. Sedujo un par de nuevos clientes con su tabla azul clarito y rosado fluorescente “Torca-Lijacá-Usaquén-7ª-240”. En Bogotá, según el DANE, hay 19.274 vehículos de transporte público que riñen día a día en 661 rutas diferentes por 3,6 millones de pasajeros.

“Lo más difícil del negocio es que toca pelear con los compañeros, por que cada uno tiene que hacer lo suyo”, dice Willington, mientras recibe la plata, vigila los pasajeros, está pendiente del chillido del timbre para la parada, mira el retrovisor y tiene un ojo sobre el tráfico. El pulpo del volante.

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Después de San Victorino, medio centenar de personas se apeñuscan en las 30 sillas de plástico y los ocho metros cuadrados del pasillo metalizado de la Menta. Sufren en silencio, recostados contra las ventanas, dormitando o viendo la ciudad con ojos pensativos. El recorrido es largo. Según la Secretaría Distrital de Movilidad, los habitantes de Usme tienen que viajar 17 kilómetros para ir a trabajar. Los que viven en Chapinero tan solo se desplazan seis kilómetros.

“Omar me encargó un trabajo y después la china no nos quería pagar. Le puse un abogado, como cuatro millones y medio me debía. Ahora voy para la Aurora a reclamar la plática”, le cuenta un joven de pantalón de pana café, camisa y pelo corto a la vecina que se acaba de encontrar en el sofocante vientre de la Menta.

El pregón de Antony, joven de cara torturada, tenis de tres pisos, Jean Thommy Hilfiger chiviado y maletín negro, corta de un soplido la conversación. “Damas y caballeros, excúseme interrumpirlos”, entona robotizado. “Represento el ministerio cristiano de rehabilitación Maná. Vendo flores de papel de seda aromatizada para que esto siga adelante, para ayudar a más personas que sufren el flagelo de las drogas, el alcohol, las pandillas”, añade. “1500 una flor, pero cualquier colaboración es bienvenida”. Cuatro pasajeros escarban sus bolsillos y sueltan alguna moneda. Anthony agradece. Cierra con un exaltado Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Dos vendedores más tarde, la Menta le da la mano a José, trigueño de bufanda y sombrero negro, mirada amable y uñas largas. Rasgando su tiple, entona unas oscuras coplas de Joropo, la música de los Llanos orientales:
“Un cantante llega desde el lejano Orinocooooo
He caminado mi patriaaa
He andado con tristezaaaaa
La paz se perdióooo
Hoy Colombia es odio y venganzaaa
La injusticia engendra guerraaaaaa
La paz viene de Dios
Si estoy con Cristo seré el hombre más feliz”
Tímidos, los aplausos se hacen más fuertes y cubren, por un momento, el rugido de la Menta. El músico hace pasar su sombrero de vaquero y logra recoger 3.200 pesos. Continuará con su concierto sobre ruedas, hasta completar lo del diario vivir para sostener a su familia.

*****

El día se acaba y la Menta duerme, plácida, en su lecho de polvo aceitoso de Usme. Algunos ladridos de perro callejero rompen la noche, perdiéndose entre las miles de luces que cuelgan del cerro vecino.
Al fin, la Menta descansa. Y sueña. Sueña con una ciudad sin huecos. Sueña con una ciudad sin metro. Sueña con una ciudad sin carros. Sueña con una ciudad sin buses. La Menta sueña con quedarse sin frenos y quedarse varada un rato.


Entre voces y sentidos

octubre 6, 2008

Por: Sandra Pérez, Gloria Esquivel, Nathan Jaccard, José Pablo Velez, Julio Caycedo, Esteban Borrero

  


 Entre voces y sentido: una crónica para radio sobre la vida de dos ciegos en Bogotá.


Una Aventura Religiosa (Crónica de un rockero contra la Bachata)

septiembre 29, 2008

 

Los hombres Latinos más sexy's del 2008 según MTV

Los hombres Latinos más sexy

Por: José Pablo Vélez

Accedí ir a este concierto invitado, pues no había otra fuerza superior que me poseyera para que yo asistiera por voluntad propia. Era un favor. Esa noche no pasó tranquilamente y no pensé nunca narrar desde este cuerpo. No pensé desdoblarme de esta manera. Mi vida cambio en el momento que osé pasar por esas puertas del American Airlines Arena en Miami donde leía SOLD OUT. Me sentí como el día del reclutamiento del ejercito donde me dí cuenta que de entrar, eso se iba a poner feo. La ciudad del gigoló latino no tuvo compasión conmigo y parafraseando a Alicia en país de las maravillas, “en espiral caí por  el hoyo del conejo”. Adiós salud mental.

El concierto tenía un plus, un regalo inesperado. Enrique Iglesias cerraría el concierto. Cuando Enrique salió al escenario, no solo me cayó un pedazo de amígdala, sino toda, de la niña que gritaba detrás de mí. En un momento pensé que les habían dado algún tipo de pócima secreta a todas y yo era el único que habían chonteado. Al parecer, en las 124 secciones  del estadio el único que no gritaba frenéticamente era yo.

Poco antes, “Romeo” había prendido la escena. Romeo es el líder de Aventura, grupo estelar de la Bachata Romántica. La mejor relación que puedo hacer para explicar medianamente bien a este grupo, es imaginarme los videos plagados de colores pastel de Menudo que mi hermana amaba cuando llegaban en un globo aerostático cantando “Coquí” o “Súbete a mi moto”.

Pensé antes de entrar que ser el único hombre heterosexual en el estadio podía ser una exageración de mi parte, estaba también “Enrique” y “Romeo”. Solo dos días después de recuperarme de los chirridos de las fans adolescentes que hoy Dios quiera estén afónicas o mudas, creo que es el momento de expresar mi opinión sincera y sencilla de estas horas infinitas.

No sé por donde empezar. ¡No me joda! Es lo primero que se me ocurre. Empecemos por Aventura. No se si es por el vaivén grotesco en imitación de estrella porno contra una silla o quizás por el repetitivo “ay mami, tu sabes que te gusta duro”. O quizás por esta escena que puede ser y que tocaré más adelante y que está grabada en mi mente como el día que cayeron las torres gemelas, y fue la mano enpuñada en el fondo de los pantalones de Romeo de una fan que subió al escenario. En ese momento, el resto de la segunda amígdala me golpeó en el borde del ojo.

Para entender mejor a Aventura, empecemos por el origen musical, “Bachata Romántica”. No sé donde quedó el romanticismo del genero o si estoy muy viejo y metalero, pero puede estar entre la nalgada arrecha en un jopo de 14 kilates o entre llenarle el cubo de leche a alguien. Aprendí que por parte de “Aventura K.O.B.” (Kings of Bachata) está en “hoy es noche de sexo, voy a devorarte niña linda”. Siento que más romántico imposible.

Mi hermana me enseñó a bailar Salsa a eso de los 14 años en una sala de mi casa antes de una fiesta de Halloween en la que preferí no disfrazarme. Me cuesta un poco de trabajo imaginarme esa misma escena al son de: “cuando sientas el boom de este perreo intenso, túmbame el guille”. Creo que estaría compartiendo psicólogo con Garavito a estas alturas, pues el baile consiste en desgastar metódicamente el sierre del pantalón contra el cóccix de la pareja. Imágenes de mi hermana gritando “dame más duro, un poquito más duro” se me filtran y se me viene un poquito el vomito. También se me dificulta imaginarme llegando a la fiesta donde Maria Alejandra, mi traga infantil, sacándola a bailar diciéndole: “¿Te gusta la Bachata, Chata?” y seguidamente ultrajar esa ilusión.

Haciendo un pequeño paréntesis y para ponerme en contexto, nací en 1977 y “¡Lets Rock!”, significa algo completamente diferente para mí. Anthony “Romeo” Santos, cantante y lider del grupo Aventura, abusó del termino como Michael Jackson en un kinder. Invitar al público a “rockear” debe tener una interpretación completamente desconocida que solo la Republica Dominicana o un pueblo latino completamente desconocido para mí siente hasta los huesos.

“¿Están listo’ pa’ Roquear?” -PUM PUM PUM. Meneo grotesco con el micrófono. “¡¡Vaaaaaaamooooos a roquiaaa!’” PUM PUM PUM. El micrófono a estas alturas estaba luchando infructuosamente contra una venérea. Acto seguido, me dejó lívido un grito de tortura medieval que se me filtró por los huesos como la fresa de mi odontólogo. (Con estos pulmones, estas niñas deberian estar dispersando grescas en la Universidad Nacional). Romeo hizo una señal de corazón con sus manos y no se hizo esperar. Junto con Lenny, Henry y Max bachatearon esa noche como si no hubiera un mañana.

Me sentí en una dimensión desconocida y paralela. Los alaridos que en mi época se dirigían a Metallica, Skid Row, ACDC o Motley Crue, más específicamente hacia Tommy Lee por eso del video con Pamela que nos dejó tan mal parados a tantos hombres, estaban en otro lado, con más mujeres y más intensos.

Traté de entender en uno de esos momentos en que sangraba ligeramente por un oído lo que estaba viviendo. Me repetía:  – “estos no pueden ser los nuevos “Roqueros Latinos”. ¡No son greñudos y desgarbados! ¿Quienes son estos calvos, chonchitos con bozo y camisa esqueleto? ¿Porque se empeñan en imitar un gangster de Harlem? ¿Porque se cogen los genitales como si quisieran arrancarselos?. Donde quedó Ceráti o Fito, o siquiera Vives. Estos son una mezcla de café con Aguacate, cerveza y MTV”. Me entró una ligera angustia  y busque ayuda entre la gente repitiendo ¡Sáquenme de aquí carajo!

Después que me calmé y pude vomitar de los nervios, noté que “Max”, el bajista de Aventura, mientras tocaba su instrumento con una camisa de un futbolista americano talla XXL siendo él un pigmeo digno de nuestra raza, cabeceaba como cualquier metalero tratando de desprenderse la cabeza del cuello, vestido de bota grulla, jean negro y taches brillantes al son caribeño de “infieles”. Era una versión bizarra de Cliff Burton, bajista excelso de Metallica. Se me dificultó enfocar y vomité de nuevo, algo me estaba pasando.

Ya estaba bastante mareado y confundido cuando ví a “Max” y “Romeo” unirse al ritual de empelotarse como los grandes. Rituales propios de Jim Morrison en uno de sus viajes. Los gritos estrepitosos esta vez explotaron y despertaron a un nonagenario que dormía placidamente en Atlanta. Mientras Romeo y Max se limpiaban el sudor de chihuahua en celo, el meneo de sus caderas catapulto una toalla en mi dirección. Me lancé abruptamente hacia la derecha donde casi aplasto a una niña con tal de que no me cayera una gota. Grité infructuosamente ¡Sáquenme de aquí maldita sea!

Cuando me recuperé, encima de la adolescente inconsciente, delirando del pánico y empujando a la gente a mi alrededor, la canción terminaba con los pantalones descaderados de Max hasta las rodillas, unos boxers con alguna sigla incomprensible afro-latina y una manga sisa de malla que parecía heredada de Freddy Mercury. La sensación era como estar en una película de Kubrick donde deliras, pero no entiendes. Me di cuenta que esta dimensión no era la mía, y sentí en el fondo de mi cabeza la tonada de los archivos secretos X.

En este punto, 2000 leguas en alguna dimensión absurda, concluí que a los de mi generación que aprueban la Bachata o el Reggaeton; su primo malvado, es porque no se atreven denigrar del género enfrente de las miles de adolescentes que adoran el sonsonete. Bueno yo voy a ser el primero en arriesgarme a perder su aprobación y quizás pasar por loco y ojala las niñas me disculpen –“Que desastre”. Debo admitir que hay algunas que tienen un sonsonete contagioso. Contagioso como una hepatitis B. Es un género incomprensible pero que las enloquece. Gracias, única y exclusivamente a: ¡W con Yandél!

Para estos nuevos roqueros, o mejor decir que son raperos y como ven, ya se me está contagiando este veneno. Las letras denuncian, a veces interesantemente pero solo cuando se leen, porque no se entienden. Es como escuchar en Braile, imposible.

Una experiencia que me apareció repentinamente en medio de este caos musical, era la del tipo que estaba al lado mío. Soportaba con total resignación las expresiones de amor que su mujer vociferaba a Romeo. Habían ciertas sutiles expresiones como “Romeo te amo” o “Romeo poséeme” mientras se arqueaba ligeramente hacia delante apretando su entrepierna como si tuviera ganas de orinar. Recuerdo que varias escenas sucedieron de manera idéntica en la otra dimensión donde vivía. Esto lo entendí muy temprano entrado al concierto. Uno de novio tiene que querer mucho a su mujer para traerla a esto. Traté de no reírme de mi congénere porque era capaz de visualizarme en ese estado en un futuro. No he preguntado todavía, pero estoy casi seguro que a mi novia también le deben entrar las ganas de hacer chichi con Yandel. 

Para sorpresa de todos, leí antes de arriesgarme a este concierto, algo que me dejó atónito. ¿Como es posible que “Romeo” sea el hombre latino mas sexy del 2008? ¿Donde me postulo? porque seguro le gano. Siento que he perdido el tiempo, perdí. Eso de las abdominales y la trotada, y la cortada de pelos por todo lado y el maldito Beckham y su metrosexualidad es todo un cuentazo. Aquí la solución es engordar, comprar unas cuantas cadenas de oro como Mr. T y usar camisas esqueleto. Yo creo que me quedo en esta dimensión. Lo admito a todos y a voz abierta, las mujeres en este concierto no eran las chuchentas que me tocaron a mi en el mundo paralelo. Las felicitaciones están en orden para Tito el Bambino, Calle 13, Daddy Yankee y Aventura, si están ganando aquí, quizás es merecido y con mi nueva dieta, quizás algo me toque.

Mientras mis pupilas se dilataban tratando de encontrar un lugar feliz, caí en cuenta que todavía faltaba Enrique, quizás unas dos horas de amor colegial desenfrenado. Con Enrique la cosa fue “casi una experiencia religiosa”. Me dieron ganas de cogerle la mano a vecino, darle un abrazo y decirle que era mi héroe. También terminé por comprobar que era uno de los 3 hombres en el estadio. Y que en muy poco, si se me salía esa lagrima que bordeaba mi ojo, serían solo 2. A estas alturas no me importaba, si me transporté a otra dimensión, aquí nadie me conocía. El cambio fue tan abrupto que me cogió por sorpresa. No tuve tiempo de reaccionar o defenderme emocionalmente.

Como parte del show, Enrique optó por sacar a unas 4 personas al escenario para participar en una canción de esas de cantar junto a la chimenea. Dos de estas personas fueron mujeres y dos fueron hombres. Una de esas personas era Roberto. Aquí me pregunté: -¿En que estaba pensando Enrique?- Si uno se atreve a subir al escenario a dos hombres en este concierto puede estar casi seguro, casi como jugársela toda al negro que no va a ser un herrero o un carnicero. Esto fue lo que pasó con Roberto, no era ninguna de las anteriores.

Una vez subido al escenario, Roberto se aferró a las piernas de Enrique como una niña de 4 años y no pensaba soltarse. El espectáculo se demoró unos 10 minutos en continuar y los pocos que habíamos permanecido en absoluto silencio durante todo el concierto gritamos la escena para disimular esa lágrima que se nos escurría por esa escena de amor tan pura.

Lo siguiente nunca lo sospeché y fue mi fin. Había algo que estaba muy fuera de mi pero a la vez muy dentro, algo que quería que se me dijera sin hablar, algo que yo ya siento. Dimeló, dimeló, dimeló grité con Enrique. No lo esperaba, y ocurrió cuando menos lo pensé. Caí en cuenta que me estaba convirtiendo en una mujer. Grité despavoridamente, agarrándome la cara y doblándome hacia el frente en un movimiento abrupto como de desnudez repentina para esconder mi falta de hombría.  Entendí perfectamente lo que le sucedía a la niña detrás mío. Me había bebido la pócima pero no supe en qué momento. Todo se me aclaró, era como estar en el mundo de pinocho donde los niños se convertían en burros y todo se torna bizarro. El vicario de este mundo era Romeo y Enrique era Gepeto. ¡No! ¡Juemadre! Este era mi pecado, haber venido. Y mi castigo por deshonrar tantos años de buena música era convertirme en mujer adolescente y amar eternamente a Aventura y Enrique. ¡ahhhg! ¡Saquenme de aquí porfavor!


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