La comunicación con los muertos

Por: Julio Caycedo

“-¡Qué extraño!”-dijo la muchacha, avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada! -La tocó, al hablar, y se cerró de pronto de un golpe. -¡Dios mío!- dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte por dentro. ¡Cómo, nos ha encerrado a los dos! -A los dos no. A uno solo –dijo la muchacha. Pasó a través de la puerta y desapareció.”

I. A. IRELAND. “Visitations” (1919).

“A mi tía –dice Ligia Perdomo, una opita de 48 años que trabaja como empleada doméstica en la casa de Magda García, una fervorosa católica 10 años mayor– le hicieron brujería y casi la matan. Se lo cuento porque me consta. Primero, el marido se le fue con otra más joven; luego se quedó sin trabajo y le mataron al hijo, y para rematar, al final se enfermó de una cosa que ni los médicos sabían qué era. La salvó un brujo amigo de la familia que encontró el entierro que le habían hecho y le hizo la contra a tiempo”.

“No hable esas cosas aquí Ligia –ordena ofuscada doña Magda– mejor vaya y traiga el agua para ver si terminamos rápido y nos vamos. Y usted mijo, quédese aquí conmigo”. Ligia se agacha, levanta del suelo una botella desechable de Colombiana de dos litros, y baja cuidadosamente por las angostas escaleras. Desde el segundo piso podemos seguirla con la mirada. “Si no estuviera usted, tendríamos que ir las dos; abajo lo ven a uno los celadores de las bicicletas y no pasa nada, pero aquí arriba… le pueden hacer a uno Dios sabe qué cosas”.

Las dos mujeres están lavando con esponjilla y jabón, como religiosamente hacen cada dos meses, la lápida de un pariente que falleció en un accidente en agosto de 1967, Y cuyo nombre prometí no revelar. “Hoy –dice doña Magda– esta siendo fácil porque solo tenía pintadas un par de cruces, pero hemos visto de todo. Una vez la habían pintado con barniz negro y nos tocó limpiarla con gasolina. Claro, cómo desde abajo no se ve para arriba, se presta para que la gente haga cosas horribles. A mi lo que me da miedo es que me atraquen, me dan miedo los vivos y no los muertos que ya están descansando. En todos los años que llevo viniendo me han atracado dos veces, y en cambio, nunca he visto a un ningún fantasma ni a ninguna bruja.”

Las tumbas contiguas, algunas evidentemente profanadas, están atiborradas de toda clase de signos y peticiones escritas con marcador negro y rojo: “Acuérdate allá de los que piden por tu alma desde acá”; “Consérvalo a mi lado, núblale la voluntad, entrégame su corazón”; “Enfermedad y muerte para Lady y su hija bastarda”; “Siete rosarios, uno para ascender cada peldaño, todos a cambio de un favor”.

Doña Magda posiblemente no sabe que la tumba de su pariente accidentado está en uno de los lugares en los que más brujería se práctica en Bogotá: la Escalera de Caracol del Cementerio Central de la capital, una suerte de edificio funerario con sótano y segundo piso, que representa con su forma elíptica la ascensión de las almas hacia el paraíso… o hacia otros rumbos, podría pensarse, ya que la magia en este lugar tiene que ver con los esfuerzos de las ánimas para salir del purgatorio. Actualmente el sótano de la construcción se encuentra cerrado con candado, y solo la administración y los familiares de los restos allí depositados tienen llave. “La que hay que hacer doña Magda –dice la señora Ligia que ya viene trayendo el agua–, es cambiar la lápida por una que no diga que ahí está el alma de un accidentado, mire que eso hace que la gente le pida más cosas y no lo dejen descansar ”.

La señora Ligia tiene razón. Las creencias populares dicen que el alma de los que parten de este mundo dolorosamente, tienen que hacerles favores a los vivos para olvidar el dolor que los mató.

Son las 5:30 de la tarde, hace frío y el cielo comienza a nublarse. El aire que se respira en el segundo piso se siente denso, pegajoso, mortecino. A pesar de que el sol ha evaporado casi por completo los charcos que dejó la lluvia de la mañana en la desafortunada arquitectura, aún queda agua estancada. Veo las cucarachas que entran y salen por la abertura de una de las tumbas profanadas.

Doña Magda guarda silencio. A ella, que tiene educación universitaria, las historias y creencias de su empleada sobre brujería le parecen cuentos de gente de pueblo. Ligia, evidentemente fastidiada con su labor de limpiadora de maleficios, dice que cuando llegue a casa va a tener que bañarse con las siete yerbas de purificación. Doña Magda, aún en silencio, le da la última bocanada a su cigarrillo y le sopla el humo a las flores que le va a dejar a su pariente. Luego se persigna. Ella está protegida contra cualquier mal gracias a la acción de los rosarios que reza todas las mañanas, a los escapularios que cuelga de la cabecera de su cama, a las misas ofrecidas en su casa por un sacerdote amigo de la familia, y por la adecuada ubicación de varios elementos protectores de Feng Chui.

¿Son menos mágicas las creencias de Magda con respecto a las de Ligia? ¿Es menos mago, o brujo, el amigo de la familia de la primera, que el amigo de la familia de la segunda? ¿Existe Dios pero no existe el Diablo? Es posible que existan ambos y que no exista ninguno. Recuerdo la frase de Novalis, el escritor alemán que murió a finales del siglo XVIII, que dice que la imaginación humana no ha creado nada que sea real. Los seres humanos podemos creer, al mismo tiempo, en dos cosas que se complementen y que se contradigan entre ellas.

Exspectamus resurrectionen mortuorum

La entrada del Cementerio Central ostenta en su portón el latinajo imprecatorio de la fe cristiana: “esperamos la resurrección de los muertos”, lo que tiene que ver también con el origen mismo de la noción del camposanto. La palabra cementerio viene del griego koimetérion, que significa dormitorio, porque según las creencias antiguas al cementerio se iba a dormir hasta el momento de la resurrección.

Sobre la frase latina, un ángel blanco y anciano sostiene paciente una guadaña negra y observa a los visitantes que cruzan bajo sus ojos. El Cementerio Central fue el primer camposanto que se construyó en la Bogotá del siglo XVIII, luego de que fueran prohibidas, por motivos de salubridad pública, las inhumaciones en los atrios de las iglesias. Originalmente estaba localizado en el área perimetral del entonces casco urbano y se llamaba Cementerio Universal, sin embargo, el crecimiento de la ciudad a lo largo del tiempo, lo encerró en la zona céntrica, y entonces fue necesario cambiarle el nombre por el que tiene actualmente. La construcción, declarada Monumento Nacional en 1984, que aloja los cuerpos de los próceres de la República, favorece con su abarrotada arquitectura los más escabrosas prácticas mágicas. Todo aquí se lee, significa algo, simboliza y materializa referencias espirituales, fervorosas, ultraterrenas.

Para la muestra: un par de encantamientos

Doña Estela Chitiva, una mujer introvertida de 47 años, trabaja frente al cementerio vendiendo estampitas y novenas de santos locales. En su pequeño puesto móvil –un cajón de madera que pone boca abajo– exhibe atados de velas blancas y amarillas, estampitas de José Gregorio Hernández, de las benditas ánimas del purgatorio y de San Leo Sigfrido Koop, el antiguo fundador de Bavaria cuya estatua funeraria permanece atenta, broncínea, escuchando desde el más allá los deseos de sus penitentes.

Doña Estela no hace contacto físico con nadie. Les indica a sus compradores con el dedo índice el precio de los objetos que exhibe, y cuando alguien compra algo, le pide que deje el dinero sobre el pequeño mostrador de donde ella lo toma y luego, ahí mismo, si es necesario, deja las “devueltas” para el cliente. Se excusa –sin mirar nunca a los ojos– diciendo que no tiene las manos limpias y que no toca a su clientela para no ensuciarla, pero después de que le compro un par de estampitas de santos milagrosos y le pago algunos miles de pesos, me confiesa que no toca a nadie porque al cementerio “van gentes” con muy malas intensiones y uno no puede saber “quién es quién”. Los penitentes en los cementerios piden cosas buenas y malas, piden salud y enfermedad. Y es que la magia, o la brujería para que las ánimas den salud y para que la quiten, tiene extensiones peligrosas: “si uno está de malas y toca al que no es, se le mete a uno un frío en los huesos que le va quitando la vida desde adentro”.

Le explico a mi desconfiada proveedora de objetos milagrosos que necesito al más milagroso de los huéspedes del cementerio para pedirle un favorcito, y entonces ella me señala con el índice la Novena en Sufragio de las Benditas Almas del Purgatorio. “Vaya con los N. N. [ningún nombre] que son las más poderosas, las que más oyen y las que más milagros hacen ¿Por qué? Pues por la fe, todos les tenemos fe y ellas nos tienen fe a nosotros… Hay una relación de interés de lado y lado, del lado de acá y del de más allá.”

Me voy en busca de los N.N. esperanzado en encontrar a alguien encendiendo velas negras o chorreando las lápida con sangre de animal, pero no veo a nadie. La brujería, como se puede suponer, se práctica sin testigos. Entre los pabellones silenciosos y ordenados, y los mausoleos elocuentes de los próceres y las eminencias nacionales (entre ellos, para sorpresa de muchos un suicida, el poeta José Asunción Silva), el cementerio confirma lo que dice doña Estela. Sin flores están las tumbas de Santander, de Rafael Pombo, de Miguel Antonio Caro, y no, para envidia suya, las de los muchos “Ningún Nombre”, que ostentan cruces e inscripciones muy variadas, testimonio de las múltiples visitas que sus devotos les hacen. La emergencia popular y la fortaleza con que el referente de estas tumbas sin nombre habla a los visitantes del cementerio sugieren otras formas simbólicas de la democracia y la historia patria. Aquí los héroes son otros. Los agentes del evento mágico, aún anónimos, son quienes extienden su poder sobre la ciudadanía.

“Muchas son las penas que sufren las benditas almas del Purgatorio pero la mayor de ellas consiste en pensar que por los pecados que cometieron en vida han sido ellas mismas la causa de sus propios sufrimientos”, dice la Novena que me vendió la intocable doña Estela. Este principio es el que activa las prácticas mágicas, pues para bien o para mal –tal es la moral del más allá, las ánimas necesitan hacer favores a los vivos para salir del Purgatorio (entidad que ahora, como sabemos, la Iglesia dejó en el Limbo) y conseguir el anhelado descanso eterno en el que brilla la luz perpetua.

La magia, dicen los expertos, funciona por extensión y por imagen. Para efectuarla por extensión, es necesario que quien pide el favor proporcione alguna extensión del cuerpo de la persona a la que se quiere afectar (fluidos como sangre, orina, lágrimas o residuos como pelo y materia fecal); para usar la imagen se acude a fotografías, o en su defecto, a dibujos. Siguiendo el principio bíblico aquel que dice que “primero fue el verbo”, se utiliza también la palabra y se escriben invocatorias con toda suerte de plegarias y usos flexibles de la ortografía, en papelitos que prometen desgracias si no se copian “a puño y letra” varias veces y se distribuyen por el cementerio (tal como en las cadenas de internet en las que hay se distribuye el mensaje por la web). Igualmente se usan los “muñecos”, otra forma de representación a la que acuden los interesados en este intercambio de favores con las ánimas. Y son poderosos.

Creer y no creer, esa es la cuestión

Luis Alfredo Pérez encontró uno de aquellos “muñecos” en su época de estudiante universitario. Merodeaba el cementerio, me cuenta, tratando de entender cómo funcionaba la brujería. Entre una de las tumbas tuvo la suerte, o la mala fortuna, de encontrar un “muñeco”. Estaba envuelto y amarrado con tres retazos de tela arrancados a la ropa de un muerto desenterrado. Cada retazo (uno arrancado de la camisa, otro del pantalón y otro de alguna prenda interior) le daba siete vueltas al muñeco y finalizaban con un nudo doble que unía las dos puntas.

La factura del muñeco era tan limpia y cuidadosa que parecía haber sido comprado en un almacén de artículos de decoración para bebés. Estaba hecho con dos capas de fieltro negro cosidas una a la otra, una tenía ojitos y una sonrisa bordada, el interior estaba relleno de hueso de humano molido. Un alfiler, con el que presuntamente se pretendía dominar la voluntad del hechizado, lo atravesaba. Luis Alfredo lo removió en un acto de escepticismo puro. El trabajo fue un éxito dice, sin embargo, siete meses después, sufrió sin precedentes ni explicaciones la terrible parálisis que ocasiona el Síndrome de Guillain-Barré. Hoy, aunque aún es un escéptico, cree que su enfermedad pudo haberse originado aquel día.

Comunicaciones virtuales de ultratumba

En la tumba de Aquileo Parra aparece la forma más singular de comunicación con las almas. Los interesados encontrarán un pequeño papel pegado a la lápida de su tumba con el siguiente mensaje:

“Soy don Aquileo, deseo comunicarme con ustedes. 750 60 31”.

Cuando le pregunté a Luis Alfredo si se animaría a llamar a nuestro ilustre expresidente – pues, reconozcámoslo, es tentadora la idea de aclarar la historia nacional con una llamada al más allá –, me contestó que no con el eterno refrán, “yo no creo en brujas mi hermano, pero que las hay, las hay”.

Llamé muy tarde por la noche, y colgué con vergüenza al oír la voz de un pobre cristiano que yo acababa de despertar, quién sabe si del sueño eterno.

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12 Responses to La comunicación con los muertos

  1. Claux dice:

    Que cagada…..se siente bien y no, haber salido de la ignorancia malefica. Igual, me gusto

  2. chapinews dice:

    Jejejejeje, gracias Claux, las brujas no existen pero que las hay….

  3. jessica saavedra dice:

    me parece muy interesante y ademas me interesaria podert conocer a una persona que me pueda comunicar con mi papa que fallecio hace 15 años muchas gracias y estoy a la espera de una respuesta

  4. luis carlos dice:

    bueno comunicacion con los muertos?, bueno la verdad no puede haber comunicacion con los muertos, en algunos casos se puede comunicar pero a voces infernales, y algunas personas creen comunicar con un familiar muerto por medio de un brujo o espiritista o a si mismo, esa comunicacion no es el familiar no es el muerto, es el espiritu que morò la vida del muerto, osea ese espiritu lo tenìa condenado con cadenas y asì morò ese espiritu durante toda la vida del muerto, y el espiritu es aquèl que conoce los pensamientos del muerto, pero no es el muerto si no un espiritu de origen diabolico, esos espiritus se disfrazan para engañar a la gente y hace que la gente crea que no existe el infierno, y entonces la gente como empieza a creer que es el muerto ellos tambien lo haràn en su vida creeran que es un descanso y no un castigo donde es el infierno, todo es un engaño espiritual, esos espiritus engañan para que la gente crea, bueno la verdad los muertos todos los muertos estàn en el infierno y el INFIERNO EXISTE! y en el infierno los muertos no puede haber comunicacion, bueno yo no soy brujo ni espiritista, yo soy un cristiano creyente de CRISTO y recibì un espiritu un redentro el cual el mundo no lo conoce ni lo ve, por ese espiritu conocì y soy enterado de que còmo es la situacion de los muertos y de los espiritus diabolicos, los muertos estàn en el infierno donde es un castigo en el infierno las gentes muertas estàn sufriendo dìa y noche por un fuego eterno que nunca se apagarà ni habrà descanso para esas personas, que no han creìdo en CRISTO el hijo de DIOS, tambièn los espiritus diabolicos sufren en el infierno!, eso es un castigo eterno, no hay comunicacion con muertos no hay, no hay comunicacion con un familiar muerto, y si ustedes se enteran que es unos de sus familares, esto es falso no es su familiar si no un espiritu diabolico, que habla con su propia cuenta y esos espiritus conocen los pensamientos de los familiares, bueno pues no hay comunicacion con los muertos, si el infierno no està en la cima de la tierra , y por eso no lo sentimos porque el infierno està en otro lugar, y si estariamos en el lugar sentiamos los sollosos de los muertos y lamentos y gritos de millones de millones de gentes, que son los condenados,

  5. Silvia Cabrelle dice:

    Lo que mas me impresiona de esta pagina es que haya propaganda del diablo terrenal que inunda a Venezuela.

    Ese si es de temer y lamentablemente todo el tiempo se comunica con el pobre pueblo sometido de Venezuela. Utiliza los medios que tanto critica para hacer sus propagandas es un diablo visible. Es el unico que quisieramos ver bien muerto y no comunicarnos ni saber de el ni de sus lacayos mas nunca. El infierno esta en Venezuela POR AHORA . Solamente hasta que se vaya

  6. Silvia Cabrelle dice:

    por supuesto si no han adivinado es el innombrable

  7. Andrés Ruiz Cantero dice:

    Hola. Hace cosa de un año que no sé nada de un matrimonio amigo que emigró de Alemania a Costa Rica. El se llama Edmundo Lemaitre y ella Silvia Cabrelles. Buscando por la red me he encontrado con la Sñra.Silvia Cabrelles de esta página, y me pregunto si no será la que estoy buscando. Si fuera así, agradecería que dejases un mensaje después de leer éste…..si lo lees, claro!. Espero que así sea y no se los haya comido un caimán.

  8. cristian dice:

    no me gusto para nada se me hizo mui feo
    y uy raro

  9. Angie dice:

    A mi me gusta, tengo afinidad con el central, pero me parece una falta de respeto publicar esa foto, tengo una igual y no la ando poniendo en internet, seguro ke si firmaste un permiso para tomarla te dijeron que no tenias derecho a publicarla. No sabes nada de esto, no sabes nada de nada

  10. man wo dice:

    Que opinais sobre este chico que dicen que sus letras y sus videos tienen respuestas sobre todo lo oculto ?

    http://www.youtube.com/user/Mimhstudios

  11. Andrés López dice:

    Muy buena la crónica. Me gustan muchísimo lo relatos sobre el cementerio Central. Gracias por compartir esas historias

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