“Yo soy GiGi”

Por: José Pablo Vélez

I'm Gi-Gi

Salió al escenario una mujer entera, pero sin tetas. Se le notaba el bulto masculino entre las piernas mientras se contoneaba lentamente en su strapless de lycra rojo. Cantaba Happy Birthday Mr. President, de Marylin Monroe. Llevaba una peluca larga negra azabache, casi hasta las caderas, brazos finos pero marcados. Uno de ellos se apoyó en su rodilla y sus caderas apuntaron al infinito mientras hacía pucheros sexis con los labios pintados de rojo intenso, buscando una mirada en el público que lograba tornar cabezas de machos a favor y en contra.

Su inglés se mezclaba con colombianismos vocales mientras se acariciaba el pecho y jadeaba profusa y exageradamente sobre el micrófono. Eran alrededor de las 2 de mañana y este sería el último de 3 shows que se daban en una noche disfrazada de maniquíes aperados, de flores sicodélicas, arlequinescos montajes, colores rojos-naranjas de unicornios alados, figuras escarchadas pasajeras que aparecían entre aguardientes alternados como en pesadillas de Dalí y una sensación de fábula infantil latente con fondo púrpura casi escabroso pero divertido.

Esto fue un sábado en Vinacure, una discoteca recientemente inaugurada en la 63 con 13, abajo del parque Lourdes en Bogotá, donde antiguamente quedaba el Teatro Libertador. Afuera y encima del corredor de baldosín setentero que comunica la calle 13 con la avenida Caracas cuelga un afiche que dice: “El hogar de tu evento”. Gigi es el evento y este su hogar.

Gilberto Garrido Williams usó sus primeras dos iniciales pronunciadas en inglés y nació “GiGi”. Me dice que la gente piensa que es italiano o a veces francés, pero que en últimas que le digan como quieran. Gigi no es un travesti, no se cree mujer, sabe y se muestra como un hombre. “Yo sé que tengo pipí, pero soy un ser ambiguo”.

Dice que todos somos transformistas, todos nos transformamos de nuestro estado natural para mostrar algo que queremos proyectar. Una imagen de abogado, una imagen de papá, una imagen de mujer. “Para mí es un juego, es como estar en Halloween todo el tiempo. Yo le doy vida a esa ropa que está andando por ahí”. Nadie vive en su estado natural, nadie vive en desnudez. Todos nos transformamos.

A él simplemente le parece más atractivo ser mujer, más excitante, más colorido. “Es más vida” aunque se muere por un esposo hombre, macho y que llore. Nunca ha probado carne femenina pero anhela algún día tener hijos. No se angustia por el protagonismo de ver sus manos en otra criatura o su sonrisa, que en él es gigante y abrupta. Mientras habla se contonea como una diva y en sus intentos femeninos trata de encontrar con su mirada alguna infidencia en mi heterosexualidad y se divierte con mi incomodidad mientras busca el músculo masculino en mí de manera tosca y frontal bastante evidente.

Gigi nació en Barranquilla, el mayor de 3 hermanos. No le gustaba cómo lo vestían de gris, azul o negro. Más bien le gustaban “los lazitos, las florecitas, la muñequita y eso”. A sus 6 años ya sabía lo que era. Su tendencia hacia lo femenino no afectó a sus hermanos, y parece que enorgulleció a su mamá.

No quisiera culpar a su madre como muchos optarían.— ¡Sí ve, mija! ¡Por consentir tanto a ese muchacho mire lo que pasó!

Es más fácil saltar a ese carril y así poder justificar por qué Gigi existe, aunque él existe desde que nació, desde que su ser escogió el lado más femenino del mundo y su tensión sexual se alivianó con los hombres. “Los colores, el arte, las danzas, el drama son de hombres y mujeres” me dice, – sólo que escogemos no explorarlos. Todos somos creativos y tenemos el potencial de ser travestis o transformistas, sólo que no lo escogemos.

Gigi me había sorprendido. No esperaba que mis argumentos tan bien cuidados sobre mi masculinidad quedaran derrumbados. No se fracturó mi inclinación sexual, no se me contagió tampoco lo “marica”, se me estaban dando argumentos más claros para escoger ser hombre heterosexual.

JUEVES de ENSAYO

Llegué el jueves a las 6 de la tarde a Vinacure, la cueva del Fauno. Las hojas gigantescas colgadas al techo se me habían pasado en mi primera visita. Tampoco noté al lobo feroz en la mitad de la pasarela que guía hacia el escenario de tablas viejas. Tres imágenes gigantes de Beethoven, Bach y Mendelssohn, colgaban del costado derecho del teatro, fosforecían de verde y rojo iluminando la noche.

Gigi ya saltaba sobre las tablas con una peluca Roja que mantendría en su cabeza durante estos 3 días de entrevista. No se atrevía a quitársela delante de mí. Luego me confesó: “no soy capaz de ser Gilbert contigo”. Asumo que es por que fui a entrevistar a Gigi, y este es su disfraz. Me muestra lo mejor que tiene, su mejor performance, su lado más “loca”.

Gilberto vestía de pies a cabeza de negro con unos guantes sin dedos. Usaba un collar de taches y una camisa esqueleto. Dirigía algunas canciones y todos giraban alrededor de él como mariposas alrededor de un reflector. Valga la redundancia. Traían lámparas y elementos para organizar el escenario. De la parte de atrás salió un tigre de peluche gigante que era arrastrado por la única mujer en el show. Lo llevó hasta el escenario, donde lo acomodaron entre varios personajes. Unos alegaban su descontento con la escena y Gigi respondía: “así es la naturaleza, ¡descontrolada!”. Sobre las tablas, una escena igual de bizarra como Vinacure, cogía forma.

“El alma no tiene género” me dijo Gigi en nuestra entrevista inicial. Esa idea rondaba en mi cabeza, mientras sentado ahí en medio de este circo de andróginos aparecía Dana, otra diva de la escena artística gay de Bogotá. Dana es más glamorosa y también es “Kevin” pero es más fácil coger un pescado de las huevas que él se deje llamar así. Se viste con una peluca mona casi blanca y le tienen que estar diciendo a cada minuto: “¡estás divina!”. Es sensible y se ofende con que Gigi, hoy, sea el centro de atención. Corre hacia la escena, sube a las tablas y se saludan con un beso de señoras “bien”. Kevin es toda una mujer, nada de hombre salvo algo en medio de las piernas. Sospecho.

Gigi me contaba que los amigos y sus tías le preguntaban, para concluir lo evidente, si el era niño o niña. El siempre respondió: niño. Su mamá se encolerizaba siempre que esto sucedía y sembró una rivalidad con sus tías por ver cual conseguía marido primero. “La cosa va empatada, parece” me cuenta con algo de orgullo. De niño, su madre siempre lo llevaba a ver El mártir del calvario y su abuela lo llevaba a misa para pedir por su alma, pero Gigi se dormía en medio del lobby que su abuela hacía ante Cristo. Despues de esta somnolienta experiencia con la religión, decidió a través de los años y varias experiencias que mejor de ahora en adelante le pediría “a la tierra” que es donde caminaron los dioses. “Siempre le pido a la tierra, una amiga me dijo un día que era una luna con varias caras bonitas, así me veo, como parte de la tierra”. Era innegable, esta visión fantástica tenia su lógica, él también vive en esta tierra y su nueva y adaptada religión era una respuesta para él, que es tambien un ser nuevo y adaptado.

Salí pronto de Vinacure con el compromiso de hacerle un seguimiento desde su casa hasta la disco. ¿Como sería un día de trabajo de Gigi?

Viernes, el show de Hollywood

Llegué a su casa a eso de las 5 de la tarde para ver cómo se alistaba y como vivía “Gilbert”. Entré en su pequeño mundo, su pequeño departamento, en su pequeño cuarto, en su diminuto palacio de cristal. No es muy diferente a Vinacure. Hay muñecas sin ningún orden específico ni de una colección determinada, casi todos son princesas, hadas y “kents” rapados con diminutas pelucas.

La mayoría de estos juguetes están sentados sobre una repisa y da la sensación de una juventud confusa. Sólo basta con pensar en Gigi empacando su maleta desde Barranquilla, clasificando esa fabula rosada intangible, llegando a Bogotá y desempacando su juguetería, sus pelucas, sus medias veladas al lado de unos tacones de puntilla.

Me siento a observar su ritual de arreglos. Es similar al de cualquier mujer. Mientras me comenta lo incomodo que es para él afeitarse, esta mujer/hombre delgada se para y corre hacia el baño. Se refriega la espuma de afeitar en la cara mientras habla por su celular, con un amigo que supongo también es gay. Le pide le hagan un “foursome”. Para ser más exacto, le pregunta: “¿cuándo es que me van a comer los 3 al tiempo, o mejor me dejo de ilusiones?”. Se me revuelve el estómago y la sensación Davivienda, “de estar en el lugar equivocado” me invade por completo. Fue solo el disgusto de una imagen visual imaginaría la que me golpeó.

Debo confesar que nunca me sentí amenazado en su presencia. Nunca me imaginé un forcejeo absurdo tratando de salvaguardar mi virginidad anal. Nunca se presentó ese pánico. Eran más mis preconceptos sobre algo que no conozco y mis argumentos heterosexuales parecían estar barnizados de acero sin necesidad de justificación.

Se demora como una de mis hermanas en alistarse. Se echa algo de base que le falta, se pinta los labios, se quita un pelito de más y repite: “ojos listos, boca lista, piel lista”. Por último se sienta en frente de un pequeño tocador y se rocía desde el cuello hasta la axilas con un pequeño tarro semitransparente de algo similar a un pachulí. Me invade el olor de nuestra primera entrevista. “Creo que estamos listos” dice a lo que yo me volteo y alcanzo a leer sobre una de sus paredes: “el amor sana”. Su pared está atiborrada de miles de pensamientos escritos con marcadores multicolor.

Después de verlo afeitarse vestido de mujer en su pequeño cuarto en la 59 con 8va, lleno de barbies, banderas multicolor, un pene de goma gigante en la repisa, un ángel de unos 6 píes tallado en polietileno y una pared llena de cuentos y letras que le repiten constantemente su misión, salimos hacia “El teatrón” con el ángel.

"¿Cuando es que me van a comer entre los cuatro ó mejor me dejo de ilusiones?"

Caminamos 2 cuadras, cargando el ángel entre los dos. Era un encargo para Edison, el gurú de la rumba gay en Bogotá. Es el dueño de Teatrón, una cuadra de discotecas gay entrelazadas. Recibió a Gigi con un enorme abrazo y un beso. Se ríen y comentan sobre el show de Vinacure. Edison no está muy contento con Gigi, pues no se está haciendo valorar lo suficiente y dice: “No es ponerse en el plan de diva pero sí que las cosas salgan pulidas”. Empiezan a discutir como productor y artista y luego como amiga y amigo y luego como dos personas que están enamoradas el uno del otro.

En este momento comprendo claramente que para Gilbert, Edison sería el esposo perfecto, lo que ella busca. Gigi me lo confiesa, asume que este es su macho. “Él es el que me da estabilidad y me va a sacar adelante como artista”. No tengo cómo entender este mundo, que por cierto no debería estar sesgado, pero sí entiendo entre tantas cosas que me pasan por la mente, que Gigi no es una loca, un travesti o un transformista. Es un artista que le gusta interpretar papeles vestido de mujer y escogió amar hombres.

Por último, mientras nos chiflan caminando por el andén de la calle 13, camino a Vinacure, le pregunto de manera ingenua a Gigi: ¿Si alguien pregunta quién eres, dirías que eres el travestí de Vinacure o de Teatron?

—¡No!, les diría: Hola, mucho gusto. Yo soy Gigi.

Esa noche pedí una cerveza en una de las barras de Vinacure donde un maniquí de “el tío Sam” yacía sobre un inodoro, que por cierto, es donde siempre debería estar. Me senté y vi cómo el público se tornaba inmóvil y boquiabierto mientras Gigi entraba al escenario en medio de luces multicolor. Interpretó a Madonna de manera idéntica. Besó a Dana que hacía de Britney Spears y a Diana que hacia de Cristina Aguilera. Entre sorbos de cerveza, la revelación de esa noche es que realmente lograron convertir ese escenario y esa noche en “Hollywood” justo en la mitad de Chapinero.

No sé, ni sabría cómo clasificar a Gigi. Si él o ella, ser o alma. Creo que el día que vuelva a encontrármelo es simplemente Gilberto, Gigi o un ser de otro planeta que se volvió un amigo. Ya no es simplemente un travestí, alguien no que encaja dentro de lo convencional. Dios lo mando a él, a mí y a todos.

Mejor repito como dice Gigi: “la naturaleza es loca, no pide explicaciones”.

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2 Responses to “Yo soy GiGi”

  1. Claux dice:

    Sorprendente….una lección de vida. 10 puntos 😉

  2. paola dice:

    quiero ir disfrazarme en donde puedo por favor escribeme soy muy sexi.gracias

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