El precio no enCaja

Por: Mauricio Palma

 

Bogotá, un día de septiembre como cualquier otro. Son las dos de la tarde pero está oscuro, como si fueran las cinco. Sentado en el mismo céntrico Oma de siempre, veo las bellezas universitarias contemporáneas. Algunas, con un alto grado de desatino geográfico (o con ínfulas de exhibicionismo), portan blusas ampliamente reveladoras. Es hora de irme a casa. Tengo trabajo y no quiero quedar mal con mi jefe. De pronto suena el celular.

 

-¿Farid?… ¿Que tiene que comprar qué?… Bueno yo lo acompaño… No ni idea cuanto cueste… Si algo, regateamos… Ya nos vemos-

 

Mi mejor amigo aparece a los veinte minutos. Me cuenta rápidamente que en su viaje –acaba de llegar de España luego de haber trabajado en la oficina comercial colombiana en Madrid durante un año- compró una consola de videojuegos. Un playstation II. Sin embargo, no tomó en cuenta que el voltaje de las conexiones americanas es diferente al de las europeas. Son los problemas de un mundo globalizado.

 

Debemos conseguir un regulador de voltaje que transforme de 220 a 110 voltios la carga eléctrica de su dichoso aparato, para que pueda seguir embruteciéndose todas las noches cuando llegue a su casa. A mí no me gusta jugar FIFA, ni Doom ni nada de eso. Poco me interesa el tema. Es más, me produce furia pensar que existan personas que gasten su tiempo de esa forma pudiendo dormir. Pero al buen Badrán (un apellido muy raro, según sé viene de Omán en Oriente Medio) poco lo he visto en el último año. Es una buena oportunidad para intercambiar chismes. Además, que más da. ¿Cuántas veces no me he ido de compras por la ciudad tratando de conseguir el mejor precio hasta para la chucheria más inoficiosa?    

 

***

 

Caminando por la calle diecinueve, al son de historias de búlgaras, paraguayas y argelinas regaladas, observo las interacciones del comercio bogotano. Almacenes formales que venden desde un tarro de anabólicos para fisiculturistas hasta cajas llenas de tajalápices recién traídas de Taiwán. Comerciantes informales, que venden chontaduro, chocolates, aerografías, retratos y elixires de la eterna juventud. Y nosotros, compradores indecisos que no tenemos ni idea de que estamos buscando. De todas formas hay algo que nos une. Ellos tienen ofertas, precios bajos y “encimes” de toda clase. Farid y yo, buscamos no gastarnos más de lo debido, aunque no sabemos cuanto podría ser. Pero que no se nos olvide la máxima de los abuelos: “un descuento ganado, es un peso ahorrado”.

 

***

Juemadre, va a llover. Por fin vamos a llegar. Tengo más que curiosidad, miedo a que me roben. Más que ganas de caminar buscando el tal aparato ese, ganas de irme. Leo el aviso institucional romantizado por la banda sonora del sonido infernal que exhala un megáfono que publicita el Kama Sutra ilustrado. Av. Calle 19, Carrera 9. Llegamos a la calle con más almacenes de utensilios y armatostes electrónicos en toda la ciudad. Según dicen, el primer almacén de eléctricos que se asentó aquí, fue el “Mundo del Bombillo”. Había llegado exiliado desde la Séptima, cuando su primer habitáculo fue incendiado en el Bogotazo. Al principio, sólo los pudientes de Teusaquillo y Chapinero venían por focos nuevos. Sin embargo, la energía eléctrica se democratizó rápidamente y dejó de ser un privilegio de ricos. En los sesentas, el setenta por cien de los hogares bogotanos contaba ya con electricidad.

 

-Entremos al primero, al de la esquina- dice Farid.

 

Letrero grande en fondo azul y con letras rojas. Voy a entrar a “El Centro de la Electrónica”, y no estoy emocionado.

 

-Buenas señora. Estoy buscando un adaptador o un regulador de voltaje, creo que es lo mismo –

-Si le tengo el de nueve voltios, para el computador, para…

-No no, es uno especial. De 220 a 110 voltios. Que cambie de las paticas redondas a las planas. Pa’ poder conectar un playstation

-¿Luego eso no viene ya con eso? Reclama la dama

-No no, es que me traje un playstation de Espana y…

 

(Farid le cuenta la historia de su vida a Dona Clara –porque así se llama esta cincuentona regordeta-. Luego reacciona y vuelve en sí)

 

-¿Tiene el aparato?

-Sí. Véalo en la vitrina. Es ese blanquito. Cuesta cincuenta y nueve mil.

-¿Y lo mínimo?

-No es que no se puede, ese es el precio. Véalo marcado y todo.

-Es para llevárselo ya

-Cincuenta y cinco…

-¿Me regala una tarjetica? Yo ahorita vuelvo…

 

¿Cincuenta y cinco mil por una cajita blanca, inerte y seguramente oxidada que ha pasado más de dos años en esa vitrina? No… Preferible ir a buscar en otro lado. No es por nada, pero estamos en la calle de la electrónica. Desde la entrada del almacén se vislumbran opciones potenciales. “Eléctricos plus”, “Sonido y efectos electrónicos”, “El zorro electrónico No. 2”…

***

Seis de la tarde del mismo lunes. Luego de emparamarme y de haber ingerido dos tintos de termo ambulante y siete cigarrillos, llego a mi casa. Me despedí de Farid en el Transmilenio, pero antes le pedí que me dejara todos los papelitos que nos dieron. Parecen llamativas tarjetas de presentación con dibujos y fotografías de consolas y parlantes, pero son en realidad cotizaciones. En ellas está descrito el mismo aparato. Las especificaciones técnicas del transformador de 220 a 110 voltios Step and Down marca Sun, de fabricación china, fueron condensadas a mano por los diferentes vendedores que nos atendieron. Además dice el nombre de quien hizo la oferta.

 

Yolanda de “El zorro electrónico No. 2” nos dejaba la bendita cajita en treinta cuatro mil doscientos, IVA incluido. Rosa de “Sonidos y efectos electrónicos” después de un aguerrido toma y dame regateador, nos lo dejaba en dieciocho mil ochocientos. Pero el ganador fue Jaime de “El imperio electrónico”, quien después de haber probado el aparato nos lo dejo en Once mil cerrados.

 

No puede ser que nuestra habilidad comercial haya producido tal efecto minimizador en el precio. Si bien es sabido que el arte de regatear hace parte de la herencia hispánica de nuestro pueblo (aunque algunos crean que es el legado de los mal llamados “turcos” libaneses y demás pueblos árabes que entraron en nuestro país a principios del siglo pasado, y no tomen en cuenta que el pueblo español ya había sido influido por ocho siglos de dominación mora antes de llegar a América), no creo que Farid y yo seamos la prueba fehaciente de ello. ¿Cuánto se están ganando los comerciantes? ¿Cuánto vale un cacharro de estos al por mayor? ¿Y en China deben ser regalados, o no? Esto de la plusvalía es bravo en este contexto globalizado…

***

Sábado, tres de la tarde. Carrera treinta y ocho con Calle novena. Hoy sí hace un calor del demonio que no se presta para hacer el ejercicio con juicio. Se me había olvidado por qué odio Sanandresito. Huele a lechona con bolsillo de loco. Budweiser, Amstel y Löwenbrau contrabandeada es ofrecida en la vía. “Si no está fría, le devuelvo la plata” grita el vendedor. Pero paso. Ni siquiera con este preludio del averno me tomo una pola tan temprano. Me quedaría un tufillo delatador, y más tarde tengo que verme con mis tías. No quiero que me la monten.

 

Básicamente el destino hizo que viniera a buscar mi cacharrito en este otrora pseudo-puerto libre que vivió grandes épocas gracias al contrabando. Aunque el comercio negro -que no fue sino el resultado de los excelentes lineamientos que propendían el desarrollo económico nacional a partir de la sustitución de importaciones- se haya casi extinguido, algo debe quedar. Hoy todo lo venden con factura, por lo menos al comprador que se acerca de primerazo. Para mí, es posible que encuentre al SUN Step and Down 220-110v más barato que en el centro. Pese a que ya había sido comprado, y que gracias a él, Farid quema diariamente sus neuronas, yo quiero ir más allá. Es que me puse a buscar el codiciado artículo en internet y los resultados fueron sorprendentes.

 

Sun electronics, el fabricante del trasformador está domiciliado en Miami, Florida. Sin embargo con esto del e-commerce, es posible que lo único que haya allá sea un box (casillero) de correo, y una oficina que es operada por tres jóvenes, dependientes de la banda ancha de ocho gigas. Lo que hacen es recibir los pedidos de sus clientes vía e-mail, y así, envían otros correos a su central productiva en la ciudad china de Kaiping, a 150 kms al oeste del antiguo enclave portugués de Macao. Desde allí, contenedores de veinte pies son enviados directamente para Asia y Europa con millones de cajitas blancas que regulan el voltaje. Si son pedidos para el hemisferio occidental llegan a Panamá -si tienen como destino final América Latina- o a Miami -si son para los consumidores norteamericanos-. El aparato es producido en masa en la ciudad china especializada en producción de eléctricos, y contando sueldos, insumos y demás, cada cajita tiene un costo neto de menos de dos dólares (cerca de cuatro mil pesos colombianos). En Florida negocian la tarifa con los clientes mayoristas, y dependiendo de cada caso (y del marrano) cobran entre cuatro y cinco dólares por transformador.   

 

Tengo la duda sobre quien es el distribuidor para Colombia del aparato. Cuando volví en la semana a preguntar por él, Doña clara –la que al principio había pedido cincuenta y nueve mil por el transformador-  guardó el secreto con recelo. Sin embargo, me dio pistas sobre el almacén del mayorista, que supuestamente estaba  ubicado en algún recoveco de este compendio de centros comerciales mal organizados y sobrepoblados.

 

Empecé a buscar ferreterías y almacenes de eléctricos por los andenes de Sanandresito, entre Refurbish (una mezcla de colesterol que no había visto antes, papas, salchicha, colombina de ala, todo freído y servido en un cucurucho de papel por la módica suma de mil doscientos el pequeño y dos mil el grande), libros piratas (que ya no son sólo confesiones de prepagos, ni García Márquez sino escritores contemporáneos como Quiroz y Gamboa) y hip hoppers que me trataban como su pana, su llave, su hermano y su perro (ofreciéndome lo último en moda skate y pantalones para dama). Luego de quince minutos en ese caos odiado, sudado y destilando cebolla (que buen día para haber llevado chaqueta) encontré un almacén llamado “Osrram ferretería”.

 

Les pregunté a los dos vendedores por el transformador, y aunque para mi infortunio se les había agotado, me comentaron que lo vendían a veintitrés mil pesos. No obstante, me dijeron que a dos cuadras, en el centro comercial “Islas del Rosario”, tenían todos los que quisiera –es extraño pasar de Providencia a Panamá y luego a la Mediterranee (sin tilde) atravesando la calle-. No quise darle espera y en dos minutos estuve allí.

 

***

La “Cerrajería y eléctricos Islas del Rosario” tiene una apariencia sospechosa. Exhibe en sus vitrinas a parte de cuanto candado, llave y tubo pueda existir, un certificado de la DIAN que la acredita como contribuidora honesta. Su vendedora, treinta y tantos, ombligo destapado y ojos de experiencia (y no precisamente en ventas) me atiende con un seseo deleitante:

 

-si, que se te ofrece

-no buenas, es que quería saber si venden un adaptador… (Finalmente no me puse de acuerdo, ¿es un transformador o un adaptador, o es lo mismo?)

-Ah sí, esos se venden muchos… cuesta veinticinco mil

-No no, pero es que yo quiero una cantidad grande. Estoy cotizando y me dijeron que ustedes eran los distribuidores…

-Ahh bueno. Si son más de cien, te salen a dieciocho pero si son más de mil te salen en quince…

-hmmmm (pensando en la gran cantidad que le debieron haber despachado al almacén del centro en donde me lo vendieron a once mil o en la cara de marrano inexperto que me vieron) ¿y lo mínimo, mínimo?

-No mira lindo, lo mínimo, si compras mil te los dejo a catorce. Más no puedo porque me regañan…

-Ay, dale, mira que pueden ser muchos…

-Si llamo a mi jefe de pronto te los dejan en trece. Pero menos no creo…

-Y ustedes… ¿Traen esos bichos de donde?

-Ahh no sé… el jefe es el que hace eso, pero no está (ya me había dado cuenta, y además ya lo había hecho explicito sumercé) pero ¿vas a comprar o no?

-Sí sí, regáleme una cotización…

***

Haciendo cuentas, y pensando concienzudamente, veo que el margen de ganancia de un aparato de estos puede llegar a ser muy grande. El costo neto del Sun Step up and Down es de USD 2 por unidad, que van para los operarios de las máquinas (quienes en China es bien sabido son laboralmente explotados), la materia prima y los costos operativos de la fábrica. Luego se le suman USD 3 que se reparten para los dueños de la empresa y las navieras que lo transportan (por el envío de un contenedor con unos cien mil de estos transformadores entre China y América se pueden pagar entre seiscientos y setecientos dólares, lo que daría un costo por cajita de 7 centavos de dólar, un costo mínimo). Cuando llegan a Panamá, el cliente-proveedor –en nuestro caso el dueño de la cerrajería en Sanandresito- debe pagar el transporte hasta su destino final (si es FOB –Free on Board-, el INCOTERM, o tarifa de comercio internacional, más utilizado para estos casos). Así, entra por Buenaventura y luego es traído hasta Bogotá por tierra (por lo que pagan más o menos cuatrocientos mil pesos –es decir doscientos cincuenta pesos por cajita-). Y ya en Bogota, puede suceder cualquier cosa. Le pueden cobrar al consumidor final entre once mil y cincuenta y nueve mil pesos.

***

 

Lunes, nueve de la noche. Ahh el comercio, la globalización, la desigualdad… ¿Cómo se ha vuelto de pequeño el mundo, no? Hasta ahora caigo en cuenta que el dichoso aparatejo ni siquiera era para mí… no tiene que ver nada conmigo ¿o sí?

 

Anuncios

3 Responses to El precio no enCaja

  1. Jose Pablo Velez dice:

    Buena investigación Palma!…comprese un Xbox más bien!

  2. Farid dice:

    Antes que nada agradézcole la imagen de muchachito imberbe y pueril con la que me ha denotado en su artículo. Es bueno ver que a los ojos de los amigos sigo siendo un chaval.
    En segundo lugar….bacana la crónica hombre lo felicito.
    En tercer lugar toi c´est aussi mon pot.

    Farid Amhed Badrán Albusahid Sajid.

  3. chapinews dice:

    bien pelao, pero ojo con enCajar demasiado en clase…
    El Guache

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: