La reina del camino

Por: Nathan Jaccard
De Usme a Torca, Bogotá de extremo a extremo, un purgatorio entre la 240 con autopista norte a la 140 sur. Un día en una buseta que circula por la ruta más larga de la capital de Colombia.

 
Los huesos le tiemblan, sus músculos suspiran y su cuerpo parece poseído por un hipo satánico. Va bajando, acelerada, la calle 48 sur, una flaca anaconda de asfalto que se enrolla en el cerro de Guacamayas, en el sur de Bogotá. A sus pies, se despliega un enorme tapete de concreto, decenas de kilómetros de la vista más hermosa de la capital colombiana. Un cálido vaho de smog grisáceo envuelve el horizonte.

Está llena, a punto de vomitar. El calor y el tufo a sudor se hacen insoportables, pero todavía faltan más de 30 kilómetros antes de llegar a Torca, en la 240 con Séptima, al lejano norte de la ciudad y poder respirar un rato.
Salió a las cinco de la mañana de Usme, un antiguo pueblo de placita, chicherías y ruanas que Bogotá está a punto de engullir. Su hogar, un lote de piso de tierra con un humilde quiosco de caldo de costilla a 1.000 pesos queda en la carrera 3 con calle 140 sur. No tiene intención de parar de correr hasta las nueve y media de la noche. Incansable.

Ella es la reina del camino, ella es la Menta.

Pesa 5200 libras, mide tres metros con cincuenta. Ostenta diez metros de largo, cuatro de ancho de pura carrocería made in Fontibón. Tan solo tiene dos años pero sus rines grasientos han recorrido 178.893 kilómetros. Como darle cuatro veces y media la vuelta al mundo. Engulle a 550 personas por día y se toma 180.000 pesos de ACPM. Su costo, 170.000.000 de pesos, lo mismo que un Porsche Boxster 2.7 último modelo.

A la Menta le gusta ponerse linda, lucir su falda blanca reluciente, con esos rayos rojos que le dan velocidad y su apellido tatuado en amarillo, Transconfort, para no perderse. Por dentro, su panorámico enseña pesadas cortinillas grises con flecos, como si se le hubiera ido la mano con el rimel. Poderosas centellas plateadas atraviesan su tablero azul eléctrico y un enorme bulldog café se asegura desde el timón de que nada malo vaya a pasar. Del retablo cuelgan chapas de Mercedes, Cadillac y la Virgen del Carmen, la trinidad del motor. Y por todo lado, luces azules que titilan como un árbol de navidad cada dos minutos, cuando la Menta frena.

****
“Quien eres tú, de que te las picas, que todo te ofende, que nadie te entiende”, escupen los bafles. La robusta voz de Giovanni Ayala, el ídolo de la música popular colombiana, arrulla a Willington López, el amante de la Menta, que fatigado trata de controlarla. Tiene 26 años, 8 domando motores, 2 hijos, camisa blanca de cuadros azules, bozo, pantalón beige, zapatos de cuero café recién embetunados, un anillo plateado y corte de gallo: rapado en la base de la cabeza y el resto parado con gel.

La Menta es una puta de lujo. Su proxeneta, Alirio Guzmán, que posee 12 mozas más, le exige a Willington 320.000 pesos diarios para poderla sacarla. Y de 1.200 pesos en 1.200 pesos, que es lo que vale el pasaje, Willington espera conseguir 50.000 o 60.000 pesos limpios en 4 recorridos, 16 horas de trabajo y casi 300 kilómetros de camino. Seis días a la semana. La Menta y sus 20.000 colegas de la capital producen, según la Secretaría Distrital de Movilidad, entre 5.000 y 5.600 millones de pesos por día.

Willington se levanta a las tres de la mañana y sale de Comuneros, el barrio donde vive en la calle 65 sur, a Usme para recoger a su doncella. Tendrá que aguantarse la cantaleta de la Menta hasta las nueve de la noche, cuando vuelve a casa, visita sus hijos y se va a acostar en el hogar de sus padres. “Duermo como 4 horas diarias, pero igual esa cama es dura como una piedra”, sonríe viendo la carrera 10, a la altura de San Victorino, una de las manzanas más mercantiles del centro de Bogotá.

La Décima es el reino de los motores, una avenida de cuatro calzadas abarrotadas de ejecutivos, cebolleros, busetas y colectivos que luchan en una nube de exostos por los 1.200 pesos del viaje. A los costados, con la cara impávida, el gentío sale de centros comerciales de poca monta como El Mayorista, Puerto Locura o Edificio Cosmo.

La Menta, como en la batalla de Stalingrado, avanza palmo a palmo, combatiendo con rabia contra sus congéneres. Se detiene cada cinco metros. Sedujo un par de nuevos clientes con su tabla azul clarito y rosado fluorescente “Torca-Lijacá-Usaquén-7ª-240”. En Bogotá, según el DANE, hay 19.274 vehículos de transporte público que riñen día a día en 661 rutas diferentes por 3,6 millones de pasajeros.

“Lo más difícil del negocio es que toca pelear con los compañeros, por que cada uno tiene que hacer lo suyo”, dice Willington, mientras recibe la plata, vigila los pasajeros, está pendiente del chillido del timbre para la parada, mira el retrovisor y tiene un ojo sobre el tráfico. El pulpo del volante.

****


Después de San Victorino, medio centenar de personas se apeñuscan en las 30 sillas de plástico y los ocho metros cuadrados del pasillo metalizado de la Menta. Sufren en silencio, recostados contra las ventanas, dormitando o viendo la ciudad con ojos pensativos. El recorrido es largo. Según la Secretaría Distrital de Movilidad, los habitantes de Usme tienen que viajar 17 kilómetros para ir a trabajar. Los que viven en Chapinero tan solo se desplazan seis kilómetros.

“Omar me encargó un trabajo y después la china no nos quería pagar. Le puse un abogado, como cuatro millones y medio me debía. Ahora voy para la Aurora a reclamar la plática”, le cuenta un joven de pantalón de pana café, camisa y pelo corto a la vecina que se acaba de encontrar en el sofocante vientre de la Menta.

El pregón de Antony, joven de cara torturada, tenis de tres pisos, Jean Thommy Hilfiger chiviado y maletín negro, corta de un soplido la conversación. “Damas y caballeros, excúseme interrumpirlos”, entona robotizado. “Represento el ministerio cristiano de rehabilitación Maná. Vendo flores de papel de seda aromatizada para que esto siga adelante, para ayudar a más personas que sufren el flagelo de las drogas, el alcohol, las pandillas”, añade. “1500 una flor, pero cualquier colaboración es bienvenida”. Cuatro pasajeros escarban sus bolsillos y sueltan alguna moneda. Anthony agradece. Cierra con un exaltado Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

Dos vendedores más tarde, la Menta le da la mano a José, trigueño de bufanda y sombrero negro, mirada amable y uñas largas. Rasgando su tiple, entona unas oscuras coplas de Joropo, la música de los Llanos orientales:
“Un cantante llega desde el lejano Orinocooooo
He caminado mi patriaaa
He andado con tristezaaaaa
La paz se perdióooo
Hoy Colombia es odio y venganzaaa
La injusticia engendra guerraaaaaa
La paz viene de Dios
Si estoy con Cristo seré el hombre más feliz”
Tímidos, los aplausos se hacen más fuertes y cubren, por un momento, el rugido de la Menta. El músico hace pasar su sombrero de vaquero y logra recoger 3.200 pesos. Continuará con su concierto sobre ruedas, hasta completar lo del diario vivir para sostener a su familia.

*****

El día se acaba y la Menta duerme, plácida, en su lecho de polvo aceitoso de Usme. Algunos ladridos de perro callejero rompen la noche, perdiéndose entre las miles de luces que cuelgan del cerro vecino.
Al fin, la Menta descansa. Y sueña. Sueña con una ciudad sin huecos. Sueña con una ciudad sin metro. Sueña con una ciudad sin carros. Sueña con una ciudad sin buses. La Menta sueña con quedarse sin frenos y quedarse varada un rato.

Anuncios

3 respuestas a La reina del camino

  1. franco dice:

    Señor Jaccard: Muy interesante la crónica. Pero me quedé con ganas de más (descripción del recorrido y análisis de lo que se siente en éste) y me parecieron sobrar algunos tropicalismos folclóricos-que la ciudad sea tropical y folclórica, y aún más la buseta, no significa que su estilo deba serlo también-. Me parece que la sobriedad sería una mejor arma para contar sus historias. Ademas falta claramente un corrector de gramática y ortografía-así sea el del computador-, y claro está, faltan también un par de relecturas estilísticas. Me encanta leer sus crónicas, pero no puedo dejar de pensar que les falta rigor.

    Explico y comento un poco mas de cerca tomando simplemente el ejemplo de La ortografía y la gramática: Desde el principio hasta el final se ven errores graves como por ejemplo: “entre la 240 con autopista norte a las 140 sur. ” Si son varias 140 sur, lo que es posible, explíquelo, sino pasa por un error de dactilografía. También: “Sueña de una ciudad sin huecos. Sueña de una ciudad sin metro. Sueña de una ciudad sin carros. Sueña de una ciudad sin buses” En español, se sueña CON y no DE. Como estos ejemplos hay otros….

    Con el estilo no me meto directamente pero me permito retomar una frase suya, para ver si entiende mi punto de vista:

    “A la Menta le gusta ponerse linda, lucir su falda blanca reluciente, con esos rayos rojos que le dan velocidad y su apellido tatuado en amarillo, Transconfort, para no perderse. Por dentro, su panorámico enseña pesadas cortinillas grises con flecos, como si se le hubiera ido la mano con el rimel. Poderosas centellas plateadas atraviesan su tablero azul eléctrico y un enorme bulldog café se asegura desde el timón de que nada malo vaya a pasar. Del retablo cuelgan chapas de Mercedes, Cadillac y la Virgen del Carmen, la trinidad del motor. Y por todo lado, luces azules que titilan como un árbol de navidad cada dos minutos, cuando la Menta frena.”

    Personalmente la descripción me parece sobrecargada -como la buseta misma- pero eso es problema suyo y dije que no me iba a meter. Sin embargo me meto en lo que dice, lo que quiere decir. Y al hacerlo tengo que decir que encuentro poco interés en ver tan de cerca al bulldog o a las insignias Mercedes y tan de lejos la transformación de la ciudad durante el recorrido, por dar un ejemplo entre mil.

    Un abrazo,

    Hasta pronto

  2. franco dice:

    yo mandé un comentario. Por qué no lo publican?

  3. chapinews dice:

    Toda la razón señor Lolli. Digamos que nunca nos corrigieron la crónica, aunque no es una excusa válida. El galicismo se me pasó, otro yerro. Y no publicamos sus comentarios ya que hay que autorizarlos y no había ojeado el mail hasta hoy.
    Muchas gracias por participar y cualquier otro comentario, corrección o crítica son los bienvenidos.
    Att: Nathan Jaccard

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: