Mike Forero al servicio del deporte colombiano

septiembre 23, 2008

Por: Miguel Saldaña

Mike Forero Nougués, con 87 años y más de 70 en el oficio del periodismo, es considerado por los periodistas como uno de los mejores cronistas deportivos que ha tenido Colombia. Fue director de las páginas de El Espectador por más de tres décadas y director nacional del Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte, Coldeportes.

Los años no llegan solos. Pero a Mike Forero no le duele nada. Cuenta con una salud excepcional. No solo monta en bicicleta y hace pesas también ejercita su mente al relatar los acontecimientos de los 8 mundiales de fútbol y los 7 juegos olímpicos a los que asistió, o cuando hizo que Colombia regresara a los juegos olímpicos por allá en el 54 en Melbourne, Australia. Es todo un espectador del deporte. Este viajero por naturaleza deja plasmado en los periódicos colombianos sus crónicas y sus anécdotas que se convierten en aportes valiosos para el periodismo y el deporte de nuestro país.
“Una de las mejores plumas del deporte, sus análisis hicieron historia. La facilidad en el manejo del idioma, y sus conocimientos lo hacen toda una autoridad del periodismo escrito” afirma el colega de Mike, Giovanny García.
Mike, siempre elegante, con vestido, corbata y gafas como tal intelectual, me esperaba a la entrada de su apartamento al norte Bogotá. Su interior se veía un poco apretado pues no caben los miles de libros que tiene en la sala, en su cuarto, por todos lados. En su mayoría sobre historia, deporte y periodismo. Su sala esta adornada con una pintura de más de cien años que retrata a su tatarabuelo, un mostrador heredado de su padre con fotos de su familia, condecoraciones que ha recibido a lo largo de su vida y la foto de su equipo predilecto, el Independiente Santa Fe. Cultura, conocimiento y tradición es lo que se respira en el primer piso de aquel conjunto residencial.
Sin mucha prisa nos sentamos y empezamos a conversar. Con su voz ronca y fuerte que demuestran vigor y energía me empieza a contar los retos de su existencia para convertirse en uno de los periodistas más importantes del país.

Una tradición Familiar

Su padre fue el señor Guillermo Forero Franco, un periodista destacado en los años 1900, cuando plasmaba en el periódico El Mercurio de Bogotá sus ideas liberales con las que se oponía a la dictadura del General Rafael Reyes y apoyaba al futuro presidente Enrique Olaya Herrera. Por su oposición contra la dictadura, el General Reyes lo exilió. Mandó a Don Guillermo para la Guajira a que se contagiara de fiebre amarilla, sin embargo sobrevivió y pudo salir al extranjero exactamente a los Estados Unidos. Después de unos años, cuando la marea estaba mucho más calmada regresó a Santander su pueblo natal, en donde conoció a doña Concepción Nougués, hija de un inmigrante francés, con la que emprendió viajes por todo el mundo y con la que tuvo cuatro hijos. La primera nacida en New York, Marión, que fue bibliotecóloga de la misma ciudad, seguida por Luís Guillermo nacido en México, quien fue el médico que le practicó la autopsia al líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, un político popular colombiano que fue asesinado en Bogotá. Después Santiago nacido en Inglaterra, convertido en periodista al igual que su hermano Mike quien es el último de la camada, que nació en Colombia, el 21 de diciembre de 1923, en Piedecuesta Santander,. “Esta ciudad es lo que más extraña Mike y en donde quiso haber vivido más”, dice su paisano Cristian Argüello.

Su carrera como periodista

Don Guillermo siguió viajando y en uno de esos viajes, estando en Londres en una carrera de caballos que era su afición, hizo amistad con el diplomático peruano Augusto Leguía, quien al ser elegido presidente del Perú, lo invitó a radicarse en Lima y trabajar en su diario político La Prensa, que era para ese entonces el periódico con la mayor tecnología y que contaba con la mejor rotativa de América del Sur. Y es en ese preciso momento, donde aquel niño curioso llamado Mike Forero se convirtió en el operador de aquella máquina innovadora. “Desde niño sentí que tenia que seguir los pasos de mi padre” dice Mike. Al mismo tiempo como llegaban periódicos de muchas partes del mundo, su padre lo ponía a recortar las historias y cuentos que más le llamaran la atención para reproducirlos en el periódico.
Unos años después llegó de nuevo la familia Forero Nougués a Colombia. Mike ingresó a realizar sus estudios en el Colegio Mayor del Rosario de Bogotá en donde se graduó como bachiller. Y mientras estudiaba, empezó a ganarse sus primeros pesos, enviando un artículo deportivo por semana a la Revista el Gráfico. Al desaparecer ésta, la Revista Cromos lo acogió en sus páginas y empezó a trabajar con ellos.
A la par con el periodismo, ingresó a la Universidad Nacional a estudiar educación física hasta conseguir su título profesional. Ya con los conocimientos adquiridos en deporte y con la experiencia periodística que tenía, incursionó en la radio creando al lado de un antioqueño, Miguel Zapata Restrepo, La Polémica de los Deportes de la Cadena Caracol, donde discutían la jornada del fútbol nacional. Poco tiempo después, también en radio, trabajó para el programa diario de la actualidad El país, donde comenzó a hacer sus primeras reporterías con grabadora en 1948, año en que inició el Fútbol Profesional Colombiano. “Tenía que salir a la calle con un secretario que me cargara la grabadora que pesaba un montón y que tenía un rollo de alambre largo para la grabación aunque para ese entonces era la sensación” dice Mike entre sonrisas, porque comparaba mi grabadora con la que utilizaban en ese tiempo.
Recuerda Oscar Restrepo, periodista y amigo, que Mike los domingos salía para el estadio y al terminar la fecha, llevaba las grabaciones del partido de Bogotá. Por onda corta captaban y reunían los resultados de los otros partidos de las diferentes ciudades y con sus colegas en ese mismo día hacían el programa, inventando personajes ficticios que iban de estadio en estadio para presentar una versión muy original de los partidos y las mejores incidencias en sus crónicas.
Tuvo que abandonar por un momento el periodismo por la controversia política que había para ese entonces, cuando existía el conflicto entre conservadores y liberales, y por evitarse dolores de cabeza Mike tomó la decisión de salir del país para estudiar bacteriología en la Universidad Jefferson Medical College de Philadelphia, en Estados Unidos.
Después de graduarse regresó a Colombia. El desempleo no era un problema para ese entonces y recibió varias ofertas de trabajo. Un suceso fue el que marcó su retorno definitivo hacia la profesión de toda la vida. Lo alcanzaron a nombrar como bacteriólogo en Montería y cuando tenía las maletas listas, le llegó una oferta por parte de Eduardo Zalamea Borda (Ulises), un columnista de El Espectador para que se quedara en Bogotá y trabajara en La Revista Cromos, donde le pagaban cuatro veces más de lo que le iban a pagar allá. Y fue así como comenzó su trabajo por más de 30 años en El Espectador.
Guillermo Cano director del periódico en ese tiempo tuvo afinidad con el nuevo periodista que había entrado a su diario. La pasión por los deportes hizo que se convirtieran en buenos amigos. “Don Guillermo era una persona digna de admirar, le gustaba el fútbol y hablábamos solo de eso, hasta que un día los violentos acabaron con su vida por no ocultar la verdad” dice Mike.
Allí aprendió a trabajar para todos los frentes, no solo se dedicaba a los deportes, también fue analista hípico, político y de noticias. Como era viajero y su pasaporte contenía la entrada a la mayoría de los países, era el que levantaba la mano cuando preguntaban quien podía ir a cubrir una noticia en algún lugar de la tierra. Dice Mike “le he dado la vuelta al mundo en dos oportunidades gracias a mi trabajo y me enorgullezco de haber estado en el mejor periódico colombiano”.

Polemista

Sermones Laicos, y Caras y Caretas, son sus columnas más recordadas en las que exponía, con su peculiar estilo, lo bueno y lo malo de la política y el deporte colombiano, comenta su seguidor Jorge Cárdenas, historiador.
Sus conocimientos sobre fútbol daban pie para hacer críticas fuertes, las que le originaron varios problemas.
Para 1962, la selección colombiana de fútbol estaba bajo el mando de Adolfo Pedernera. Mike no era seguidor de la forma en que jugaba la selección de ese entonces, decía que era un juego lento y que por eso nunca le ganábamos a los países de los otros continentes. En La Esfera Deportiva, una revista que fundó, escribía crónicas de lo mal que jugaba el equipo y lo mal preparado que se veía al onceno nacional. Decía que teníamos que adoptar el estilo del fútbol ingles que se caracteriza por un juego rápido, de tres o cuatro toques máximo para llegar al arco contrario. Los seguidores de Pedernera, un día después de un partido en Bogotá, lo insultaron y le arrojaron miles de objetos porque no perdonaban sus críticas. Sin embargo, dice Mike “uno que ha sido marinero sabe como capear las aguas bravas”. Para limar asperezas se encontraron Mike y Pedernera a tomarse unos tragos en Bogotá, hicieron las paces, pero Mike no quedÓ convencido, siguió contradiciendo la forma de ver el fútbol de aquel entrenador.
“Mike es un hombre de pensamientos rígidos pero argumentados”, dice su hijo Clemente.

Directivo y Docente

Estando en El Espectador, en 1978 recibió la oferta para ser el director nacional del Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte Coldeportes, el cual aceptó, y con ayuda del periodismo logró que Colombia regresara a unos juegos olímpicos en Australia 54, y desde ese momento no ha dejado de asistir a este evento mundial. También logró que se creara La Vuelta de la Juventud Colombiana, una de las competencias ciclísticas que sacó a más de un deportista del anonimato.
“Muy liberal y defensor de los gobiernos rojos, llegó por ese partido a la dirección nacional de Coldeportes donde fueron más las propuestas que las realidades alcanzadas” dice el periodista Giovanny García
Cuatro años después regresó nuevamente a El Espectador hasta su retiro definitivo del periódico para convertirse en docente de la Universidad Santo Tomás en la facultad de Cultura Física, Deporte y Recreación.
“Recordamos su filosofía y sus principios, entre tantos: la salud es el objetivo máximo de la vida, hay que desprenderse de lo material, hay que ayudar a la comunidad, hay que perdonar, hay que hacer el buen uso del idioma, hay que hacer lo que a uno le gusta” dicen Rodrigo López y Rafael Beltrán, estudiantes de las cátedras de Mike.
Toda esa filosofía la acaba de escribir y publicar en el libro Historia de Tres Mundos: Cuerpo, Cultura y Movimiento, que fue editado por la Universidad Santo Tomás y en el que hace una serie de reflexiones sobre las actividades de la cultura física no solo en Colombia sino en el mundo deportivo internacional. “Un valioso aporte para la enseñanza de la cultura deportiva”, lo cataloga la Fundación Santillana en el homenaje que le hicieron hace poco a Mike, el mejor cronista deportivo de Colombia.
Después de ser periodista, polemista, director y docente se dedica a dictar conferencias en diferentes instituciones educativas de Colombia y a esperar a alguien más a quien contar su historia.

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La promesa…

septiembre 23, 2008

Por: Miguel Saldaña

Todo aquel que armó los arcos con dos piedras y jugó un buen picado de fútbol en el asfalto áspero de la calle de su barrio, sabe la sensación de dolor que produce llegar a la casa, entrar a la ducha y tener que poner en contacto las peladuras de sus rodillas con el agua y el jabón. Para mis pobres articulaciones era una rutina que no se podría cambiar. Sin importar que las heridas hubiesen cicatrizado, aun así, al día siguiente sacaba mi balón y me reunía con mis amigos para comenzar un nuevo encuentro. El fútbol desplazó la química, la matemática y la física. El fútbol se convirtió en una pasión.

Las aulas de clase se transformaron en campos de fútbol. Pasar, rematar y controlar el balón bien, eran mis tareas. Comencé a los 13 años a competir representando a la selección de mi colegio en campeonatos intercolegiados de Bogotá y Cundinamarca. Ganamos varios torneos. Mi experiencia como jugador y como persona crecía, pensaba que mi destino estaría ligado con ser un profesional del deporte más lindo del mundo. “Es una promesa” decían entrenadores, amigos y familiares que me veían jugar, y no es por dármelas pero mi nivel en ese entonces era superior al de muchos niños de mi edad.

Después de jugar un partido por un torneo de Bogotá, llegó la oportunidad. El entrenador del otro equipo se interesó por mis aptitudes para jugar al fútbol y se acercó para decirme que si quería empezar a entrenar con uno de los equipos profesionales de Bogotá, el Independiente Santa Fe. No me gustaba mucho el equipo, pues siempre le he seguido los pasos al equipo azul de la capital, al equipo más veces campeón del fútbol colombiano. Pero para conseguir buenas cosas hay que hacer sacrificios y sin pensarlo dije que si.

A mis 14 años ya entrenaba con las divisiones menores de Santa Fe. Con buenos entrenamientos y buenos partidos consolidé un lugar en el equipo. Mis expectativas crecían y tenía la certeza de que llegaría a jugar en el fútbol profesional, pero no contaba que por algún motivo las cosas se podrían truncar. Un día lluvioso y gris presagiaba que en el entrenamiento algo iría a pasar. Un balón dividido entre el defensa central y yo, que era volante de recuperación lo fuimos a disputar. Comenzamos a correr, ambos tomamos velocidad para acercarnos al balón. Llegamos casi al mismo tiempo, yo extendí mi pierna izquierda para contactar primero, él en su afán de poseer la pelota se lanzó en una barrida con los taches hacia arriba que arrasaría con mi tobillo, dejando como saldo un pie destrozado y mis esperanzas hechas trizas. Los médicos no dieron esperanzas, el fútbol de competencia se había acabado para mí.

Por obligación me aleje de lo que más me gusta. En ese momento el fútbol quedó reemplazado por problemas con la química, la matemática y la física que por poco no me dejan graduar. Mis padres al verme estático e imposibilitado para volver a pisar un campo de fútbol me dieron la oportunidad de comenzar a estudiar una carrera universitaria. Y tal cual jugador retirado me ilusioné con llegar a ser un profesional en el tema futbolístico.

Empecé a estudiar y aprender sobre técnicas, tácticas y conceptos del deporte. Ya no jugaba fútbol pero si lo practicaba por medio de un papel. Plantear estrategias para meter el balón en medio de los tres palos eran mis retos. Después de 6 años de estudio me gradué.

Con 25 años, ahora soy un profesional del deporte, que escribe y plasma el fútbol en un papel, que recuerda con nostalgia y alegría los grandes momentos que logré pasar con el deporte y los grandes momentos que aún me hace pasar. Y cada vez que veo en mis piernas las cicatrices marcadas por intentar hacer una jugada fabulosa, o un gol de fantasía me enorgullezco de hacer parte este mundo maravilloso del fútbol.