Contravía – “Víctimas y Derechos”

diciembre 15, 2008

Reportaje elaborado en colaboración con el progrma Contravía – http://www.contravia.tv/

Por: Felipe Cuervo – http://nianversonireverso.wordpress.com/

Parte 1

Parte 2

Parte 3

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Niños y drogas en Ciudad Bolívar

agosto 26, 2008

Por: Esteban Borrero

En uno de los consultorios del Programa de Prevención de la Drogadicción en Ciudad Bolívar están María Teresa Pinilla, la mamá de Camilo, un niño de 14 años, con la siquiatra Adriana Cortés. Adriana le pregunta a María Teresa como se enteró que su hijo consumía drogas. María Teresa le cuenta que una tarde, hace como un año, llegó del trabajo y encontró que la casa estaba muy desordenada y con un olor fuerte a pegante. Camilo estaba en la cama con la cara y las sábanas untadas de boxer. Ella trató de despertarlo y meterlo a la ducha pero fue peor porque empezó una pelea muy fuerte, con muchos gritos y golpes.

– Ahora me toca estar todo el día detrás de él – dice María Teresa. – Lo dejo solo un minuto y se va con los amigos y comienzan otra vez los problemas.

María Teresa se retiró del trabajo hace una semana para dedicarse a cuidar a Camilo. La siquiatra le dice que eso es un error, que ella no puede acabar con su vida.

– Usted tiene que estar bien para que pueda ayudarle a su hijo a salir del problema. Voy a hacerle una carta para que la reintegren al trabajo- le dice Adriana.

María Teresa tiene 48 años. Desde hace dos meses está llevando todas las tardes a Camilo al Programa de Prevención. Toda su vida ha transcurrido en Ciudad Bolívar. Sus papás llegaron a Bogotá en 1955, venían de Santander. Ella recuerda con mucha nostalgia como era el barrio en la época en que era una niña: a diferencia de lo que sucede ahora no había violencia, se podía salir a la calle a cualquier hora, todo el mundo se conocía. Se casó joven con Eduardo Sarmiento, un conductor de volqueta mucho mayor que ella. Tuvo tres hijos y se separó hace seis años, Camilo es el menor. Ha trabajado como empleada del servicio en varios apartamentos del barrio La Soledad y desde hace cuatro años como aseadora de salas de cirugía en el Hospital de Kennedy.

Mientras Adriana hace la carta María Teresa se sienta en la sala de espera de los consultorios. Es una sala blanca con un árbol de alambre en el centro lleno de frases de autoayuda: “la oportunidad de hoy borra el fracaso de ayer”, “los momentos difíciles son los que más enseñan”. Al rato sale Adriana y le explica a María Teresa que la carta ya está hecha pero que no hay tinta en la impresora y que por eso toca que pase la siguiente semana a recogerla.

* * *

Diana Aguirre es la directora y la fundadora del Programa. Me explica que su objetivo es evitar que los niños de Ciudad Bolívar que ya tienen un primer contacto con la droga caigan en un problema más grave de drogadicción.

– La idea es que estén el menor tiempo posible en la calle – dice Diana – mientras no estén en el colegio deben permanecer con nosotros.

Me cuenta que el tratamiento dura seis meses y que diariamente atienden 100 niños entre 10 y 17 años. Si el caso es grave y no hay ninguna mejoría entonces lo tienen que llevar a un internado en donde le hacen una terapia de rehabilitación mucho más fuerte.

Diana me presenta el equipo que trabaja en el Programa y les dice que voy a estar una semana viéndolos trabajar, que me dejen participar de cualquier actividad que estén haciendo. Me siento en la sala de espera a hablar con algunas de las siquiatras. Me dicen que en ese Programa todos los días hay historias sorprendentes, que eso es lo interesante del trabajo. Adriana dice que por ejemplo uno de los niños tiene de mascota un perro que le robó a un portero. Patricia dice que hay otro que colecciona palomas y ya tiene invadida la casa.

Adriana y Patricia me invitan a almorzar al Colegio Juan Bosco. Por el camino nos encontramos con una mamá que llevaba de la mano a sus dos hijas, iban con maletas y uniforme de colegio. Una de las niñas estuvo en el programa de Prevención hace seis meses. Parecía una familia común y corriente. Después una de las siquiatras me contó que esa mamá trabajaba en un almacén de venta de zapatos y mató con un cuchillo al dueño porque trató de violarla. La metieron cuatro años a la cárcel y ahí tuvo a una de las niñas que acabábamos de conocer para que le redujeran la pena.

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Don Iván Rodríguez, el encargado de la clase de panadería, anota la receta del pan de coco en el tablero y le pide a sus alumnos que se laven las manos. Les ayuda a uno por uno a ponerse el delantal, el gorro, el tapabocas. Les explica que en una panadería lo más importante es la limpieza.

Don Iván tiene 65 años y es panadero desde los 16. Ha trabajado en varias panaderías de mucha tradición en Bogotá. Estudió durante tres años cocina en el SENA y después fue profesor. También fue militar durante el gobierno de Rojas Pinilla. Lleva dos años dando clases en el Programa de Prevención en Ciudad Bolívar. El trabajo lo consiguió gracias a que lo recomendó el chofer de un senador.

– yo ayudo a lo que puedo poniendo mi granito de harina – dice Don Iván.

Mientras todos amasan, engrasan moldes y llenan con distintas figuras las latas para hornear, Cubides, un niño de 12 años, muy delgado, que habla poco, se sienta en una esquina de la panadería. No se siente bien, está muy pálido. Al rato comienza a vomitar y después pierde el conocimiento. Llegan las siquiatras y también muchos niños que estaban en otras actividades. La panadería se llena de gente. Don Iván pide que por favor saquen a Cubides de la panadería. Llaman a una ambulancia para llevarlo al Hospital Bella Vista. La ambulancia llega una hora después.

* * *

Por la tarde las siquiatras Adriana y Patricia organizan un juego con los niños. Hay más o menos cincuenta en un pequeño salón. Las siquiatras les dicen que cada uno tiene que entrevistar a un compañero y escribir en una hoja todo lo que haya podido averiguar sobre su vida. Las preguntas de todos son muy parecidas: ¿cuál es su comida favorita? , ¿qué quiere ser cuando grande?, ¿de que equipo es hincha?, ¿es virgen?, ¿consume pegante?. Casi todos quieren ser soldados, policías o estudiar criminalística.

No hay suficientes lápices en el salón y eso hace que comiencen las peleas. Las dos siquiatras deciden suspender la actividad: los regañan, les dicen que con ellos es imposible hacer cualquier cosa, que al menos respeten al invitado (es decir a mí). Salen del salón y cierran la puerta. Miguel, un niño de catorce años, con arete, con tenis, con camiseta del Nacional, toma impulso, manda una patada y le pega un puertazo en la cara a Adriana.

* * *

Al día siguiente Lucía Peña, una de las trabajadoras sociales, me invitó a hacer una visita domiciliaria a la casa de Miguel. Su novia, Carolina, de 14 años, iba a tener un bebé muy pronto y estaba viviendo con Miguel porque la mamá la había echado de la casa. Además, la hermana de Miguel, Juliana, de 15 años, había denunciado que el padrastro intentó violarla. Lucía quería mirar como estaba Carolina y ver que decía la mamá de Miguel sobre el comportamiento del padrastro.

Subimos por calles empinadas y destapadas por los barrios El Paraíso y Los Alpes en una camioneta del hospital. La vista de Bogotá desde el barrio El paraíso es impresionante: al sur se ve Usme, toda otra ciudad. Al fondo están los edificios del centro y los cerros de Monserrate y Guadalupe.

El barrio Los Alpes queda pasando las montañas de Ciudad Bolívar. El paisaje es rural, las casas están separadas unas de otras, casi no hay servicios públicos y las construcciones no son de bloque de ladrillo sino de tabla de triplex, de retazos de teja y con piso de tierra. El clima es distinto, hace mas frío y hay viento.

Después de mucho preguntar y de buscar una dirección que no existía logramos llegar a la casa de Miguel. El último tramo había que hacerlo caminando porque en ese sector casi no hay calles. Por fuera la casa de Miguel se parecía a las otras, estaba hecha de tablas azules y no tenía ventanas.

Entramos a la casa. En el primer cuarto había dos camas muy pegadas separadas por una tela colgada del techo. En una de las camas dormía la mamá de Miguel, Marina, con su compañero, y en la otra Juliana. La cercanía de estas camas hacía más creíble la denuncia de violación de Juliana. A pesar de que eran las tres de la tarde estaba muy oscuro y Marina tuvo que prender la luz.

Al lado de las camas había una pequeña mesa con un mantel de navidad, muchas cajas de cartón, platos y vasos, un racimo de plátanos, una televisión con la pantalla rota, un pedazo de un teclado de un computador. En esa mesa nos sentamos para hacer la entrevista.

Marina ha tomado varios cursos de manejo de armas. Ha estado dos veces en la cárcel, una por maltrato infantil. Trabaja como celadora en un conjunto residencial en la calle 140 con carrera 11. Pero ese trabajo es esporádico, por lo general son solo reemplazos. Por eso le toca complementar sus ingresos con el reciclaje. Sale tres veces por semana con Miguel, toda la noche, al barrio 20 de Julio a buscar entre las bolsas de basura cartones, envases plásticos y botellas.

Nos contó que el viernes pasado habían tenido que ir de emergencia con Carolina al Hospital Meissen porque pensaron que ya iba a nacer el bebé. El médico les dijo que todavía faltaba más tiempo, que esperaran otra semana, que no se angustiaran. También nos contó que las peleas con la familia de Carolina han sido constantes. Cuando el papá de Carolina se enteró que su hija estaba embarazada amenazó con matar a Miguel. La mamá la echó de la casa. Marina dice que la recibió porque ella también quedó embarazada muy joven y sabe lo que es eso.

Pasamos al cuarto en donde estaba Carolina. Estaba dormida. Marina prendió la luz y la despertó. Tenía mucha gripa. Dijo que ya se sentía mejor pero que la semana pasada había estado muy mal. Lucía le hizo un chequeo médico y varias preguntas sobre el embarazo. Carolina le contó que iba a ser una niña y que todavía estaba pensando que nombre ponerle. En una esquina de la cama tenía colgada una maleta con algunas cosas para el bebé por si le tocaba volver a salir de emergencia al hospital.

* * *

El viernes por la tarde fueron los ediles de la localidad a conocer el Programa de Prevención. Diana, la directora, estaba muy nerviosa: cada año le han ido reduciendo el presupuesto y ya es prácticamente imposible mantener abierto el centro. La mirada de todos los ediles era de indiferencia, algunos ni siquiera entraron. Tenían afán: querían terminar rápido el recorrido por el barrio.

También fueron Marina y Miguel a hablar con una de las siquiatras para hacer una terapia de reconciliación. Miguel dice que no se aguanta más que su mamá le pegue y lo insulte. Marina se queja que Miguel no ayuda a nada en la casa y se la pasa en la calle con los amigos perdiendo el tiempo sin importarle que va a ser papá en unos días. La siquiatra les pide que intenten perdonarse y dar lo mejor que cada uno tenga en estos días porque de eso depende en gran parte la vida de la niña que va a nacer.

* * *

El discurso oficial es que en Colombia somos productores de droga por culpa de los consumidores de los otros países. Este discurso ha hecho que se niegue el problema de la drogadicción en Colombia, que se mantenga en la sombra. La consecuencia es que a los programas de prevención como el de Ciudad Bolívar les toca sobrevivir con pocos recursos y sin apoyo del Estado: no existe una política nacional sobre el tema y la inversión en prevención y rehabilitación es mínima.

En Colombia hay cerca de 100.000 niños entre 8 y 14 años que consumen regularmente alucinógenos. Según un estudio que hizo las Naciones Unidas en el 2007 estamos entre los tres países de Suramérica con mayores índices de drogadicción de menores. Según el informe el 7.1% de los estudiantes colombianos ha fumado marihuana durante el último año, el 2.2% ha inhalado cocaína y el 1.8% bazuco.

Mañana miércoles, en el Hospital Meissen, nace la hija de Carolina y de Miguel. Una niña hija de niños; lejos del ambiente de bonanza que se vive en el país por estos días. Nace en medio de un problema que para el gobierno no existe y que por lo tanto no va a solucionar. Se necesitaría un milagro para que su vida no sea una repetición de la tragedia.


El amor de una vida

agosto 13, 2008

Por: Mauricio Palma

Michael encontró a Marisela un día cualquiera mientras estaba trabajando. Ella era una de los cientos de inmigrantes que visitaban anualmente su oficina en Berlín, en búsqueda de una ayuda que le proporcionara una salida viable a su situación de ilegalidad. Al Doctor Wagner, como era conocido este alemán en aquella época, cupido lo flechó desde que vio a la hermosa morena que había entrado por la puerta de su oficina. Desde entonces son inseparables. Ya han pasado 20 años, y hoy, desde su apartamento en Bogotá, Michael recuerda como el momento más diciente y hermoso de su vida se condensa en ese instante, pese a que se ha desenvuelto en su vida como un verdadero trotamundos y ha vivido más cosas que un mortal promedio, trabajando siempre sin perder sus ideales herederos del 68 alemán.

Tal vez fue la mirada cálida y penetrante de Marisela la que convenció a Michael que frente a él se encontraba el amor de su vida. Algo que no podía encontrar en las mujeres del pueblo donde nació y creció. Holzminden, un pueblo de veinte mil habitantes ubicado en la rivera del Weser en el Land de Sajonia se caracterizaba por el aburrimiento y el desasosiego de sus pobladores. Estos eran totalmente diferentes a las personas que Michael encontraba todos los días en su oficina de Caritas, una ONG de inspiración católica que trabaja hasta nuestros días con inmigrantes ilegales que quieren regularizar su situación en Alemania.

Sin embargo, no era sólo la composición de esas dos perlas brillantes en un fondo negro que daban la entrada al alma de su hoy esposa las que inspiraron a Michael a unir su vida con esta colombiana. Desde mucho antes este alemán que hoy tiene cincuenta y ocho años, se había embarcado en una vida distinta, por lo menos de las vidas que la gente de su edad y de su pueblo habían querido llevar. Una vida en búsqueda del amor verdadero, siempre aprendiendo y enseñando, tomando como propias las alegrías y desavenencias de los que conoció en ese camino y que lo trajo hasta Colombia, mucho tiempo antes de unirse con el amor de su vida.

Con dieciocho años Michael tenía claro que las fronteras del mundo no se acababan en el río Weser. Apenas pudo, en el sesenta y ocho se fue a estudiar Ciencia Política a Berlín. Es toda una anécdota recordar cómo se llegaba a esta histórica ciudad alemana en esos días. Como residente de Alemania Occidental, Wagner tenía como única opción atravesar una carretera a través de Alemania Oriental, exclusiva para los residentes occidentales. Era necesario tener una visa y no hablar más de lo debido con las personas que atendían los cafés de paso que se ubicaban en las orillas de la vía. Esta situación cambiaría un poco luego de la llegada del Canciller Willy Brandt, quien a comienzos de los años setenta a través de una política de acercamiento a la división oriental alemana, la Ostpolitik, simplificó la labor de transportarse hasta Berlín para los alemanes occidentales. El resultado: menos burocracia y más facilidades para llegar a su destino.

Ya en la ciudad dividida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Michael se empapó del espíritu de los movimientos estudiantiles europeos de la época. En pleno 1968, el nacimiento de una nueva generación – la primera luego de la guerra- le dio nueva vida al pensamiento político de izquierda. Como estudiante, este alemán estuvo en el seno de algunas de las más dicientes protestas reivindicativas, caracterizadas entre otros factores, por diferentes personalidades que luego darían de qué hablar. Dentro de su foco de acción estudiantil, residente en el interior de la Universidad Libre de Berlín, Michael conoció a algunos de los ideólogos de lo que sería después la Rote Armee Fraktion (RAF), que en los años setenta desestabilizarían por medio de atentados terroristas no sólo el contexto alemán sino internacional.

Con los años Wagner no perdió sus ideas. Al contrario. Se comenzaron a materializar paso a paso. Para 1974 el ya politólogo empezó con sus estudios de doctorado. Fueron estos los que lo llevaron a dar sus primeros pasos en un idioma totalmente desconocido para él hasta entonces. Ya desde su época escolar, él hablaba inglés y francés con fluidez. Sin embargo, un estudio sobre la composición de los tugurios y la desigualdad en América Latina, específicamente en una republica bananera con costas en los dos principales océanos del mundo, motivó a este estudioso a aprender español. Durante cuatro semanas y por ocho horas diarias en un laboratorio de Hamburgo, Michael y cuatro amigos más que también tenían una fijación con nuestro subcontiente, empezaron a leer “El Capital” y “El Manifiesto del Partido Comunista” en el idioma de Cervantes.

Y así se dio el viaje. Con una antigua novia, Marianna, y con algunos ahorros, Michael decidió emprender una nueva etapa de su vida en Colombia. Un día de Mayo de 1974 en el cual se libraba una recordada pelea boxística – Cassius Clay, más conocido como Mohamed Ali y George Foreman se encontraban cara a cara peleando por el titulo de los pesos completos en Kinshasa, hoy Republica Democrática del Congo- llegó este alemán al aeropuerto El Dorado de Bogotá. Pese a que los taxistas quisieron aprovecharse de su condición de extranjero, la mejor pregunta para librarse de toda estafa fue simplemente: ¿Quién gana este año, Millonarios o Santa fe?

Conforme pasaron los días, este alemán ya docto en estudios gastronómicos colombianos a través de la experiencia en las calles bogotanas (con menús que incluían empanadas, carne y helado) fue estableciendo sinceras amistades, con personalidades importantes e influyentes de la izquierda colombiana y latinoamericana. Cercano a los editores de la revista Alternativa y a algunos disidentes del régimen de Pinochet en Chile, Michael empezó a entender que su patria ya no era Alemania. Él mismo, define esta transformación en una frase: Crecí en Alemania pero maduré en Colombia. Fue aquí donde todo se confirmó. Sus ideas, su lucha y sobretodo, su idea de calidez en la gente.

En este primer viaje a Colombia, Michael conoció a un importante amor. Teresa era una paisa que conoció en Leticia, a bordo de un bote sobre el Río Amazonas. La relación fue corta y las cosas no se dieron para que perdurara –aunque años después en un segundo viaje a Colombia se encontrasen horas antes de que Wagner tomara un avión para retornar a Europa y se evidenciara un cruce de caminos, de esos que el destino pone en la vida de las personas para que estas tomen decisiones importantes y se fortalezcan internamente-. Sin embargo, esto sentaría las bases afectivas que se consolarían diez años después en la oficina de Berlín. La afección y la calidad humana que Michael encontró en su primer viaje a Colombia, sin duda influirían en el comienzo de la relación entre el alemán que trabajaba en Caritas y la colombiana inmigrante que buscaba establecerse en Alemania.

En sus casi dos años de estadía en Colombia, Michael viviría en Bogotá y en Cartagena. Entendió al mismo tiempo por qué no podía terminar su Tesis de doctorado. No era justo utilizar a aquellas personas que compartían con él lo que no tenían para conseguir un diploma. No podía ya exponer sus vidas como ratones de laboratorio. No obstante, decidió volver a Alemania para comenzar su vida laboral. Logró vincularse con organismos que propendían al intercambio social y cultural con América Latina y al equilibrio económico en esta región. Volvió a Colombia por pocos meses en 1978 como jefe de una excursión con nuevos estudiantes que veían en esta región del globo una opción para desarrollar sus conocimientos en ciencia política. Pero en ese momento, Michael consideró que podía hacer más trabajando desde Alemania. No fue por dinero ni por un interés personal que lo engrandeciera frente a los demás. Simplemente se mantuvo fiel a sus ideas, como lo sigue haciendo hasta hoy a través de una metodología diferente.

Fue en este momento de su vida que llegó el trabajo que cambiaría su vida. Y no porque fuese el trabajo menos pesado que haya tenido o en el que menos problemas haya afrontado. Simplemente porque fue gracias a éste que Marisela comenzó a ser su complemento, en otras palabras, quien perfeccionara a Michael como un ser humano íntegro.

Caritas es una ONG, como Wagner la describe, en la derecha del catolicismo. Michael, evangélico y con ideas de izquierda, no era realmente un candidato idóneo para ocupar un cargo que detentaba una amplia responsabilidad, al tener contacto con inmigrantes mayoritariamente ilegales de todo el mundo. Pese a esto, Michael caló desde el principio en su nuevo trabajo. Su forma de vida, sus convicciones y su visión sobre los inmigrantes, como personas de las cuales se podía aprender y también a las cuales se podía ayudar, complementaron su labor diaria. Aunque fue una época en la cual no había tiempo –Michael alternaba su oficio con la docencia y con la administración de una tienda donde se vendían productos fruto del desarrollo sostenible- fue tal vez una de los mejores periodos en la vida de este alemán. Fue así como el día que desde hace mucho tiempo él estaba esperando, llegó. El día en que Michael conoció a Marisela.

Ella buscaba al Dr. Wagner, el mismo que había ayudado a palestinos, tamiles, africanos y hasta norteamericanos a conseguir la residencia alemana. Alguien le había dicho que era él quien la podía ayudar a legalizar su situación. Esta colombiana se había ido de Cali buscando forjar un camino diferente lejos de su país. Sin embargo, para poder trabajar y luego estudiar, debía pasar por el engorroso trámite de conseguir un papel que así lo autorizara.

Michael la vio entrar por la puerta de su oficina. Fue amor a primera vista. Hacía años que no veía una mujer así de bella. Alta, esbelta y con unos oscuros y brillantes ojos, Marisela representaba toda la belleza de la raza negra. Podría venir de África o de América Latina. No fue coincidencia. Simplemente fue el destino. Este les tenía preparado a ellos dos un lugar y un tiempo exacto para que la historia cambiara su curso, y desde entonces, no se volvieron a separar. Dos semanas después de ese primer contacto Michael y Marisela estaban juntos. Hasta hoy son una familia feliz. No tienen hijos. Una vida llena de viajes deja poca libertad para que un niño pueda tener un entorno que configure adecuadamente su educación. Sin embargo, así son felices. Simplemente es una historia de amor de las que ya casi no se ven. Un complemento perfecto que justifica la larga espera, que sin querer se había venido prolongando en la vida de Michael.

Veinte años han pasado ya desde entonces. El trabajo en Caritas se volvió una carga progresiva para Michael. No obstante, él aguantó lo suficiente para que su esposa se recibiera como licenciada en educación preescolar en Berlín. Con el paso del tiempo el destino los llevaría a vivir ocho años en Tenerife, en el Mediterráneo. En ese entonces y paradójicamente, Michael ejerció como profesor de español y Marisela como profesora de alemán. Hace cuatro años, una oferta laboral condujo a la familia Wagner a reencontrarse con sus raíces. Marisela pasó su hoja de vida al Colegio Andino de Bogotá y fue llamada inmediatamente para que fuera profesora de esa institución. Michael, a su vez, se contactó con el Goethe Institut, el centro cultural del gobierno alemán para la enseñanza de su cultura y su idioma en el exterior. Hoy viven en el norte de Bogota en un tercer piso de un edificio en un barrio residencial.

La historia de este alemán es un claro ejemplo de que la convicción y la honestidad consigo mismo solo pueden tener un final feliz. El amor encontrado en la figura de Marisela es la recompensa a una vida interesada por el desarrollo y el bienestar de otros. Eso se refleja en la mirada tranquila de Michael y en su constante sonrisa. Es esta última la que le deja ver al resto de la humanidad que son sólo los pueden reír de esa forma tan sincera quienes podrán dar un parte de tranquilidad al final de sus días. Un resultado que sólo puede ser mostrado por aquellos que tienen la satisfacción del haber cumplido con creces su deber.


¿Las FARC, especie en vía de extinción?

agosto 13, 2008

Por: Nathan Jaccard

Los contundentes golpes que han sufrido las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el 2008 han puesto a muchos colombianos a imaginarse un país sin guerrilla. La realidad es mucho más complicada.

“El que hable de paz en Colombia, está mal”, dice Mauricio Parra, con ese tono banal y altanero que dan 17 años de militancia armada en las FARC, la guerrilla más vieja y feroz de América Latina. Con sus ojos brillantes, desafiantes, narra su huida de una muerte segura en el frente 16 de las FARC en septiembre del 2007 por problemas con su comandante, cuenta su tambaleante vuelta a la vida civil y sobretodo, deja claro que las FARC están lejos de la derrota.

El 2008 ha sido el peor de los 44 años de historia de las FARC, la organización guerrillera parece estar acorralada. Un tono triunfalista domina el gobierno del presidente Álvaro Uribe, que prometió en su campaña del 2002, “mano dura” contra los insurgentes. El ministro de defensa, Juan Manuel Santos, en una alocución el martes pasado, se ufana de presentar “los más grandes logros en la historia de la lucha de nuestra Fuerzas Armadas contra el terrorismo y el crimen organizado”.

Es verdad que durante los seis años que Uribe lleva en el poder, el gobierno ha combinado un gasto militar sin precedentes, con un aumento radical de las tropas y un fuerte trabajo de inteligencia y recompensas. Según la Contraloría General, el presupuesto de las Fuerzas Armadas en Colombia entre 2001 y 2007 representó en promedio el 4,7% del PIB cifra muy por encima del promedio del continente, que en el mismo periodo de tiempo se ubicó en 1,6 por ciento. Se prevé que la inversión militar para el 2008 alcance 18,4 billones de pesos, 20% más que en el 2007.

Esta carrera armamentista ha dado excelentes resultados al ejército colombiano. En menos de seis meses, las instancias dirigentes y la moral de las FARC se han visto golpeadas sin piedad, quitándole capacidad bélica y política a la guerrilla.

El 1 de marzo el gobierno mató a Raúl Reyes, canciller de las FARC y miembro del secretariado, la instancia dirigente de la organización, en un bombardeo a su campamento en Ecuador. La acción provocó las más vivas reacciones de los países de la región y graves tensiones con Ecuador y Venezuela, los vecinos más directos de Colombia. Pero sobretodo, demostró que Uribe está dispuesto a cualquier cosa con tal de acabar con la guerrilla.

El 3 de marzo, Iván Ríos, otro miembro del secretariado, fue asesinado por uno de sus propios hombres, Pablo Montoya, alias Rojas, que reclamó la recompensa de 2400 millones de pesos (1,4 millones de dólares). Como en una mala película de vaqueros, alias Rojas se presentó a una base del ejército con la mano de su jefe, una macabra prueba que confirmaba su acción. El episodio evidenció las divisiones que sufre la guerrilla y la actitud “sálvense quién pueda” de algunos de sus miembros.

El marzo negro de las FARC se clausuró con la desaparición, el 26, de Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo, fundador y jefe natural de la organización, en la insurgencia desde los años cincuenta. A pesar de haber muerto de un infarto, la extinción de este símbolo deja un gran vacío en las FARC, creando tensiones, desorganización y zozobra.

Para rematar las debilitadas FARC, el ejército llevó a cabo la espectacular operación Jaque, el 2 de julio pasado. Infiltrando a las FARC y haciéndose pasar por una misión humanitaria, el ejército colombiano logró engañar a la guerrilla y rescatar a 15 secuestrados, entre los cuales la emblemática Ingrid Betancourt, ex candidata presidencial secuestrada en el 2002 y a tres contratistas norteamericanos que habían sido raptados en febrero del 2003. Esta operación, sin precedentes por su naturaleza en Colombia, no sólo fue importante por la liberación de los prisioneros, sino también porque en ella primó la inteligencia militar y la infiltración, no registró pérdidas humanas y ni siquiera hubo disparos.

Además de estos éxitos militares, por primera vez en años la opinión pública se ha movilizado para rechazar masivamente a las FARC. El 4 de febrero y el 20 de julio, millones de personas llenaron las calles y las plazas de toda Colombia, rompiendo todos los récords nacionales de manifestaciones.

El clima actual que vive Colombia mezcla un fuerte sentimiento triunfalista, con un tufillo nacionalista que pretende que todo marcha bien en el mejor de los mundos. Gran parte de los medios, el gobierno y la sociedad civil lanzan a los cuatro vientos la muerte de las FARC.

Los más de 10.000 combatientes activos de las FARC, las 3000 acciones armadas que han encendido a Colombia desde el principio del año y la presencia guerrillera en 24 de los 32 departamentos del país parecen no rimar con la retórica exultante del presidente Uribe.

Según Luis Eduardo Celis, analista del conflicto colombiano, “las FARC nunca han estado, ni están, ni estarán a punto de derrotar a las Fuerzas Armadas. Pero la guerrilla es un cuerpo vivo que puede reaccionar de manera muy violenta. Si se les acorrala y se les deja sin escape, se pueden volver tremendamente terroristas”.

Pese a los progresos en el campo militar, muchos críticos del gobierno de Uribe le reprochan que ha hecho muy poco para solucionar las raíces del conflicto. En Colombia, en el 2005, según Luis Eduardo Celis, 10 000 propietarios tenían 60% de las tierras y 15 millones poseían 40% de estas. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) agrega que 45% de los colombianos son pobres y 17% más viven en la indigencia. Por su parte la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC) afirmó que en el 2007 los cultivos de coca aumentaron de 27%, inyectando más combustible a la guerra.

Mauricio Parra, el ex guerrillero del frente 16, afirma, pesimista, que “Uribe no distingue a los pobres, no ha construido nada. Si ayuda en educación, vivienda, salud, las FARC tendrían una caída mucho más grande”.



Un midas en el trópico

agosto 4, 2008

Un midas en el Trópico

El Estado tiene al Grupo DMG bajo la lupa, pero no ha logrado descifrar el enigmático negocio. Aunque muchos opinan que mientras se permita su funcionamiento, es legal, la falta de claridad de la llamada “empresa de dinero fácil” despierta sospechas.

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En las calles, las tiendas y en las busetas de Bogotá, y de otras 30 ciudades del país, se habla de que hay una empresa que multiplica la plata. Se llama Grupo DMG, siglas del nombre de su presidente David Murcia Guzmán, de Diversificación de Mercado Global, y de “Dios mío gracias, dame más ganancias”, como la llaman algunos de sus clientes: miles de personas que conforman la gran familia DMG.

En la Autopista Norte número 197-35, rodeado por las primeras vacas de la sabana de Bogotá, e improvisados vendedores de mazorcas, pinchos, merengón y obleas, se alza el Megaoutlet, una enorme bodega de dos pisos de concreto gris y techo verdoso, que funciona como centro operativo de DMG en Bogotá.

Largas filas de carros esperan un puesto en el atiborrado parqueadero. Los que vienen en el alimentador de Transmilenio desde el Portal del Norte, cruzan el puente peatonal de la 197, custodiados por la seguridad privada de DMG. “Es que hubo muchos robos porque todo el mundo trae plata en efectivo, entonces comenzamos a vigilar nosotros mismos”, comenta Díaz, uno de los celadores de turno.

En la entrada, como en cualquier otro centro comercial, hay algunos guardias armados. “Una requisita”, invita uno de los empleados de chompa negra de 123 Logística. Una mujer mayor marca una X en su planilla cada vez que alguien entra, y afirma que “los fines de semana pueden venir hasta cinco mil personas al día”.

A continuación, esbeltas jóvenes de jeans ceñidos y zapatos plateados de tacón puntilla, reciben a los clientes con una sonrisa y los invitan a seguirlas hasta una fila interminable que acaba en la entrada de un auditorio. “Ese es posiblemente el mayor defecto del sistema. A veces las colas son muy largas y se puede uno demorar hasta cinco horas para oír la charla explicativa. No importa que uno sea cliente viejo, siempre hay que oír la charla”, dice una persona que lleva tres años comprando con DMG.

Al interior del auditorio, sobre un carrasposo tapete azul oscuro, hay 200 sillas Rimax en las que cada 25 minutos se sientan nuevos grupos de personas a escuchar
exactamente cómo funciona el sistema de tarjetas prepago de DMG. Entre ellas hay taxistas, militares, amas de casa, estudiantes, y en general, personas deslumbradas con la promesa de invertir y confiar en DMG, para multiplicar su dinero.

La conferencia la dicta, micrófono en mano, Jefferson Alfonso, un joven administrador de empresas de 22 años, vestido con saco anaranjado, camisa blanca y estricto pantalón negro. Cada vez que habla a un nuevo grupo, inicia ofreciendo el servicio gratuito de guardería y recreación de DMG: “Los menores aquí se aburren porque no entienden de qué estamos hablando, así que mejor pueden salir a divertirse y cederle su puesto a alguno de los adultos que están esperando afuera”.

Continúa en voz alta: “DMG NO es una pirámide, ni un multinivel, ni una empresa de inversiones. Es una entidad comercial que vende productos, bienes y servicios para suplir todas las necesidades de la familia colombiana. Nos parecemos al Éxito, por ejemplo, porque somos una empresa comercializadora, pero no nos parecemos, porque nuestro portafolio es mucho más amplio”.

Hacia las 12 del día, la fila de gente que espera entrar al improvisado auditorio supera las 500 personas y crece como arroz.

Para comprar a través de DMG, cada cliente debe comprar dos tarjetas prepago[1] como las que usan Transmilenio y la telefonía móvil. La diferencia está en que al comprar y cargar las tarjetas de DMG, el comprador firma un contrato por seis meses con Global Marketing Colombia S.A., en el que se compromete a prestar “servicios como activador de marcas y promotor de publicidad personalizada para activación de diferentes marcas que maneje o manejare el contratante”.

El inusual negocio es explicado por Jefferson de la siguiente forma: “No le pagamos grandes sumas a tres medios, o a tres familias que ya lo tienen todo, sino al colombiano común que trabaja duro, para que hable bien de nuestra empresa. A ver, ¿cuántas personas llegaron hoy porque alguien les habló bien de nosotros?” -pregunta con una sonrisa inocultable-. Todo el auditorio levanta la mano. “¡Esa es la prueba, nosotros tenemos fe en que nuestros clientes están felices de hacer su trabajo y de pertenecer a la gran familia DMG!”.

A pesar de la aparente legalidad del contrato, DMG no entrega una copia a los nuevos miles de contratistas, ni estos se lo exigen. Para rematar, nadie verifica que hagan su trabajo. A DMG llega tanta gente, que la eficacia de la publicidad personalizada, o “voz a voz”, habla por si sola. Hacia las cuatro de la tarde al Megaoulet no le cabe ni un alfiler más.

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¿Cómo paga DMG a los contratistas?

Con puntos que pueden ser redimidos por dinero en efectivo, productos o servicios. Según Jefferson, DMG tiene en cuenta la carga inicial de cada tarjeta para hacer sus pagos. Un peso equivale a un punto, alguien que carga 100.000 pesos, obtiene 100.000 puntos. Lo que varía -casi a diario y con una lógica que nadie en la compañía revela- es la cantidad de puntos que la empresa paga por publicidad.

Un día cualquiera DMG puede ofrecer la misma cantidad de puntos por dinero, lo que significa una rentabilidad del 100%, y al día siguiente solo del 35%. La inversión mínima es de 100.000 pesos y la máxima supera los 50 millones.. “No hay pierde -afirma Gerardo López, un cajero de banco que ha firmado ya dos contratos en un año-, si Murcia se volara, que no creo, la gente perdería un sueño y no su dinero; aquí uno gasta y luego gana por hablar bien del negocio… en cambio, si usted mete 100.000 en una cuenta de ahorros de un banco, al final del año no solo no ha ganado, sino que le han descontado por manejo de tarjeta, transacciones telefónicas o de internet, y hasta por entrar al banco a pagar sus cuentas”.

A continuación, más de la mitad de la sala se dirige, turno en mano, a dos oficinas contiguas en donde compran y cargan sus tarjetas prepago con dinero. Según Jefferson, 3 de cada 5 personas que asisten a la charla firman el contrato.

Si bien los empleados de DMG, una empresa catalogada como “empresa del dinero fácil” por la Superintendencia Financiera, no revelan cifras sobre los ingresos de la empresa, Andrés Caro·, estudiante universitario recién independizado de sus padres, dice que la señorita con quien firmó su contrato tenía apuntado en una planilla, entre otros datos, la cantidad de dinero que la gente dejaba. “En la hoja que vi, había más de 120 millones de pesos cargados por menos de 15 personas”. El Megaoulet dispone los fines de semana, entre las nueve de la mañana y las siete de la noche, a más de 50 personas para atender a un cliente cada 15 minutos.

¿Qué se puede comprar en el Megaoulet?

Lo mismo que en Unicentro, con la diferencia de que en el Megaoulet puede costar un 30% más. El abanico de ofertas de los cientos de pequeños locales que comparten los 16 mil metros del enorme centro comercial es muy amplio. Los visitantes pueden gastar su dinero en bicicletas BMX o Specialized, en lavadoras Whirpool de última generación, en televisores de plasma Panasonic, en neveras Icasa, en computadores Hewlett Packard, en perfumes Lacoste, y en joyas, relojes, ropa o licor de distintas marcas reconocidas. Las mujeres pueden hacerse desde una permanente, hasta sacar una cita para mandarse a poner un par de tetas nuevas.

Al ritmo de Juanes, proyectado en un concierto sobre una enorme pantalla en el centro del establecimiento, muchas familias averiguan entusiasmadas por las vacaciones todo incluido que vende la agencia de viajes de DMG para ir a Tolú, Santa Marta, los Llanos, Capurganá, o distintos destinos en Latinoamérica y Europa.

En el sótano, entre carros de marcas chinas, ostentosas camionetas Ford, motos y scooters, un Mickey Mouse medio tuerto y un Bob Esponja trajinado, reparten a las familias invitaciones para que los niños participen en la actividad recreativa que se realiza, en rotativa, en la zona verde junto al parqueadero. La mayoría de los asociados que venden sus productos o servicios en el Megaoulet, le pagan al Grupo DMG una comisión, mínima, del 10% diario sobre el total de sus ventas.

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Cuándo el río suena…

El director de DMG Holding, Martín Márquez, explicó que el Grupo DMG está conformado por 28 empresas [3]. Unas pertenecen al Grupo y otras, asociadas directa o indirectamente, se vinculan mediante contratos de corta duración.

Aunque Márquez es más que amable al atender a quienes desean saber más sobre la empresa, también es más que hábil para no responder sobre el “don de Midas” que le permite a DMG pagar sumas tan altas a sus publicistas voz a voz.

¿Cuánto invierte DMG en publicidad personalizada respecto a empresas que invierten en publicidad tradicional?

Martín Márquez: Desde el punto de vista de publicidad nosotros gastamos más pero fidelizamos al cliente que habla bien de nuestra empresa y trae a más clientes. Un comercial de televisión es menos efectivo que el voz a voz, porque muestra un producto pero no lo respalda.

¿Cómo hace DMG para pagar cifras tan altas?

M.M.: Hay que dividirlo por seis meses. Pagar el 100% equivale a pagar el 16% mensual. Con la rotación que tenemos de productos podemos ganar el doble, o incluso el triple de ese 16%. El producto llega y se va rápido y genera consumo. Nosotros no descontamos cuota de manejo, ni cuatro por mil, como los bancos; no le ocasionamos gastos a nuestros clientes, solo les damos beneficios. Banqueros como los Sarmiento, a final de cada año, se han ganado miles de millones de pesos; nosotros no, pero estamos fidelizando a nuestros clientes.

¿Cuántas tarjetas venden mensualmente?

M.M.: El número es variable y confidencial, no puedo dar cifras porque asustaría a los bancos.

De la gente que redime sus puntos por dinero, ¿cuánta reinvierte nuevamente en DMG?

M.M.: El 80% de las personas que redimen sus puntos por dinero, lo reinvierte en DMG.

¿Le pagan a la gente que redime sus puntos por dinero con la plata con la que gente carga sus tarjetas?

M.M.: Sí, es una operación comercial. Nosotros quedamos con un capital que inyectamos a nuestras empresas. Ese sistema es el que nos genera altas utilidades. Cada empresa paga un rubro por publicidad.

¿DMG paga IVA?

M.M.: Vendemos el plástico de las tarjetas y ahí pagamos IVA, igual pasa con los productos que vendemos de nuestras empresas. Cuando un cliente redime sus puntos por dinero, es responsabilidad de él declarar sus ingresos, nosotros expedimos un certificado de ingresos por concepto de publicidad personalizada.

¿Cuál es el futuro de DMG?

M.M.: Tenemos la meta de abrir quinientas oficinas durante el resto del 2008. El pago por publicidad no se va a acabar, podemos reducir nuestros planes de mercadotecnia en el futuro, pero no dejar de pagar bien.

¿A que otros países se van a extender?

M.M.: David no tiene metas definidas al respecto. No es sino que llegue alguien y le diga que quiere abrir una oficina en la Cochinchina, le explique su actividad comercial, y listo. A continuación David le pregunta cuánto necesita para arrancar a trabajar.

¿Es verdad que hay municipios donde la gente ya no trabaja porque vive de DMG?

M.M.: En el Putumayo hay una gran fidelización de nuestros clientes, porque hemos hecho una labor más grande que la del mismísimo Plan Colombia. Allá generamos una mejor calidad de vida y ya nadie tiene que vivir del narcotráfico, o de los cultivos ilícitos: ¡ahora trabajan para DMG que es una empresa honesta y legal!

¿Se puede caer DMG

M.M.: No, las transacciones que realizamos están respaldada por las empresas de la compañía. Estamos seguros de que jurídicamente no nos pueden cerrar. No hay nada que temer, cerrar no es la intención de David Murcia Guzmán.

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Dios Mío Gracias, de eso tan bueno sí dan tanto

A pesar de la vigilancia por presunta captación de dineros del público y de los ataques mediáticos que han tildado a Murcia de paramilitar, narcotraficante y estafador, DMG cada día tiene más clientes que se dan fe del milagroso negocio.

Los milagros ocurren únicamente cuando hay testigos que puedan difundirlos mediante su testimonio. Hoy, por ejemplo, nadie hablaría del Jesús de Nazaret que murió y resucitó a los tres días, si los apóstoles no hubieran visto su tumba vacía y luego, para rematar, hubieran hablado personalmente con él. Igual ocurre con DMG: los testigos del milagro financiero difunden la buena nueva entre sus conocidos, dan testimonio de su experiencia personal y vinculan a nuevos clientes que también desean percibir las bendiciones de la publicidad personalizada.

Fernando Aristizabal·, comunicador social y publicista independiente, llegó a DMG luego de que muchos de sus amigos le habían contado de su rentable experiencia personal. “Yo era de los que le decía a mis amigos que se acordarían de mí cuando perdieran su platica y se quedaran con los crespos hechos. En este país nadie ayuda así no mas, sin gato encerrado”.

Un día un amigo de Fernando llegó estrenando un Volkswagen Jetta que había comprado en DMG, seis meses después, la empresa la pagó 50 millones por su “publicidad personalizada”, de manera que el carro le salió gratis. Según Fernando ese tipo de compras ya no se puede hacer, “el pago del 100% en gastos millonarios lo acabaron porque los concesionarios que vendían carros en el Megaoulet, estaban comprando su propia mercancía y ganándose la plata por publicidad. La filosofía de la empresa es ayudarle al que no tiene y no multiplicar las arcas del que ya tiene”.

Lilia Facundo·, empleada domestica, llegó a DMG con 180 mil pesos en monedas y compró su tarjeta al 100% de rentabilidad. Los gastó en el hipermercado El Gran Trigal y a los seis meses le dieron de vuelta sus ahorros: “Es increíble -dice- “he hecho dos mercados con la misma plata…”

El hijo de Blanca Rosero·, un joven economista en serios aprietos económicos, fue a un banco y pidió un préstamo de diez millones al 30% de interés mensual. Fue a DMG quince días seguidos hasta que le ofrecieron 100% de puntos por su dinero. Actualmente le faltan 4 meses para que le paguen, y aunque está muerto del susto, dice que cree ciegamente en DMG. “¿Por qué habrían de robarme si le han pagado a todo el mundo? Tendrían que cambiar las leyes para que el negocio se caiga. Cuando me paguen saldo mi deuda en el banco, compro otra tarjeta con lo que me paguen y listo, soluciono mis problemas”.

“Yo quiero tener un millón de amigos”

Internet es el nuevo espacio en el que se libran todas las batallas por, o en contra de las causas más insólitas. Cada vez que un medio de comunicación cuestiona la empresa de Murcia, los comentaristas que lo defienden a capa y espada se reproducen como conejos. “La entrevista a Murcia fue la más leída el mes en que la publicamos, sobrepasando incluso otros temas como corrupción, Farc o Uribe”, dice Maria Teresa Ronderos, directora de semana.com.

Piton, un comentarista de eltiempo.com, reacciona así a un artículo del medio: “Aquí lo único que veo es una guerra sucia del sistema financiero contra esta empresa. Los cochinos banqueros están tratando es de sacar del mercado a dmg ya que esta empresa los esta dejando sin recursos”.

Facebook, el popular sitio web de redes sociales desde el cual se convocó a la histórica marcha del 4 de febrero a través del grupo “Un millón de voces contra las FARC” (al que se juntaron 366.293 cibernautas), alberga también grupos a favor de DMG. El mismo presidente de DMG abrió el grupo oficial de “Amigos de David Murcia Guzmán“, al que en menos de una semana se habían unido 13.870 miembros. Murcia, superando incluso las ambiciones de Roberto Carlos en su canción Yo quiero tener un millón de amigos, pretende sumar en su grupo a tres millones de afiliados.

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¿Hay gato encerrado?

Si alguien lo sabe, no ha logrado demostrarlo. Una fuente de Hacienda aseguró que aunque hay un grupo integrado por la Dian, la Unidad de Inteligencia y Análisis Financiero del Ministerio de Hacienda, la Fiscalía, el DAS y la Policía Judicial, trabajando para descifrar la fórmula mágica de Murcia, “cerrar DMG está muy difícil porque ya tiene muchos clientes que están empeñados en defenderlo a capa y espada”.

Aunque en la Fiscalía hay nueve denuncias vigentes contra DMG, no hay ninguna en su contra por haber incumplido sus ofrecimientos. Sus clientes, que no entienden qué puede haber de ilegal en una empresa que les da una “mejor calidad de vida”, esperan que las indagaciones por captación ilegal y lavado de activos, resulten negativas. Por otro lado, los opositores de Murcia, entre ellos muchos economistas, dicen que un negocio así solo puede funcionar mediante la usura, o especulando en finca raíz por fuera del país. Otros, que no tienen ninguna explicación económica para la reproducción de los panes y los peces de DMG, solo atinan a recordar que el último héroe colombiano similar a Murcia, se llamó Pablo Escobar.

Las dudas respecto al enigmático David Murcia Guzmán, de apenas 27 años, no se aclararán mientras él mismo no se pronuncie con claridad para explicar de dónde sale su dinero, o mientras el Gobierno no encuentre al gato encerrado en el negocio. ¿Será posible que Murcia tenga el don de Midas?

Sea lo que sea, está por verse.


1-Luego de firmar el contrato de prestación de servicios por una duración de seis meses, cada cliente compra por 10.00. pesos una tarjeta prepago inteligente azul y otra negra, ambas de carácter personal e intransferible. En la azul queda registrado el dinero que cada comprador desee cargar, sin que se le cobre ningún tipo de retención o cuota de manejo. En la negra quedan cargados los puntos que seis meses después pueden ser redimidos por dinero en efectivo, productos o servicios. Un peso equivale a un punto, es decir, si alguien carga su tarjeta azul con 100.000 pesos, la negra automáticamente queda cargada con 100.000 puntos.

3-Empresas del grupo DMG: DMG Constructores, DMG Comercializadora Virtual, Factory Models; DMG Fashion, Hosset Stylelife, Productos naturales. Empresas asociadas a DMG: El Gran Trigal, Inmuno Vida, Bussines System, Studio Pilates, Body Channel, Humor Channel, Pabón Castro Abogados, L&A, Cenco, Provitec, Searching People, Personal Collection, Funerales DMG, DMG TV, Pollo.com, Droguería DMG, Supermercados DMG, Centros de estética, Ferretería DMG, DMG Comunicaciones, Abarrotes DMG, Cultivos de savia.


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