El profesor Salomón: mi gurú por una semana

noviembre 5, 2008

Por: Felipe Cuervo – http://nianversonireverso.wordpress.com/

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Requisitos para ser un discípulo

Escuchar diariamente los designios que formula el profesor Salomón inspirado en los astros y llevar a cabo los rituales que prescribe, no es una tarea para nada sencilla. Primero que todo, hay que contar prácticamente con toda la mañana, de seis a diez, para seguir sus revelaciones a lo largo del Tropishow, el programa matutino de la estación radial Tropicana. Eso requiere de mucho tiempo libre: habrá que ser millonario o desempleado, digo yo. Parece que el profesor Salomón se dirigiera a un público de desocupados que hacen pereza en piyama, esperando que él les indique qué color lucir en sus prendas, con qué agüita especial bañarse, qué color de vela encender y hasta qué les va a pasar y cómo deben actuar. Todo para que puedan sintonizarse con la energía del día y, tal vez, ganarse el chance, con los números que el mismo profe proporciona.

Me imagino que muchas personas se gozan el Tropishow, pero en mi caso constituye un ejercicio de mucha paciencia. Fueron mañanas difíciles de sobrellevar, tengo que admitirlo. Me gusta la salsa vieja, la contemporánea más bien poco. El merengue no es que me mate. Pero de cualquier manera considero un esperpento despertarse con música de rumba, sea la que sea. Es como cuando lo encandelillan a uno prendiendo la luz de la habitación mientras aún está oscuro, o como tener un vecino vallenatero con un equipo de sonido con mil vatios de potencia, que madruga todos los domingos. Todo en su lugar y a su debido tiempo. Extrañé, pues, en la semana, un despertar tranquilo. Un discípulo como yo, rockero, rolo y meditabundo, necesita armarse de mucha paciencia.

El profesor Salomón también requiere de sus adeptos una despensa bien completa para poder preparar sus pócimas: miel, manzanas, romero, ruda, mandarinas, perejil crespo, canela en polvo, naranjas, velas de colores. En su defecto, un supermercado cerca de la casa o una tienda de barrio, de esas que venden de todo, para poder seguir las instrucciones del maestro. La mayoría de los ingredientes son para preparar baños: se agregan siempre a un litro de agua caliente y, también siempre, hay que bañarse sólo del cuello hacia abajo. Menos mal, no me imagino los pegotes en el cabello.

Otra exigencia que hace el profe a sus oyentes es la de poseer un armario bien completo o, al menos, bastante colorido. Es importante recalcar la necesidad de que el discípulo disponga de prendas de todos los colores, pues no se sabe cuál será el que al profe se le ocurra elegir para el día. Yo no soy homofóbico ni tengo nada contra los hombres que incluyen el rosa o colores similares en sus atuendos. Pero carajo, ¿me tengo que poner algo violeta? Ni siquiera tengo qué. Profe, le tocará prestarme una de las camisas de satín morado, de esas que van hasta las rodillas, con las que se le veía antes por Caracol T.V.

Instrucciones para algunos rituales

1. El ritual de endulzamiento

*Ingredientes:
– Un litro de agua
– Tres cucharadas de azúcar
– Una manzana roja
– Miel de abejas
– Un plato blanco

*El baño:
Caliente un litro de agua y agregue el azúcar. Báñese del cuello hacia abajo. Repita: “voy a endulzar mi temperamento”.

Cada una de las pócimas del profe está acompañada por una oración que debe repetirse literalmente, como un conjuro. Supongo que de no hacerlo así, corro el riesgo de que no se produzca el efecto deseado y en vez de convertirme en un príncipe, me convierta en un sapo. Para fortuna de todos, el buen profe suele repetir un par de veces el intrincado conjuro, de manera que un novicio como yo tenga el tiempo necesario para anotarlo.

“Voy a endulzar mi temperamento”. Repito la frase mágica formulada por el profe mientras me baño del cuello hacia abajo. Sigo cuidadosamente las instrucciones y trato de convencerme de que, por qué no, tal vez el baño puede ayudar a relajarme y a ser más tolerante. Pero siento la piel un poco pegajosa y no es nada cómodo. Hay que tener fe, dicen. ¿Será que los poros de mi piel absorben el azúcar y me endulzan por ósmosis metafísica el temperamento?

*La ofrenda:
Coloque una manzana roja sobre un plato blanco y báñela con miel por encima. Repita: “que me endulce en el amor con estabilidad y firmeza”.

Mucho dulce para mi gusto, me está hostigando, profe. ¿Y por cuánto tiempo debo dejar la manzana ahí, sobre el plato? Se ha adherido una capa de polvo sobre la de miel. Espero que no se pudra pronto. Si la lavo, ¿me la puedo comer? ¿O se desconfigura el conjuro? ¡Necesito instrucciones más avanzadas, profe!

2. El ritual de armonización de chacras

*Ingredientes:
– Naranja rallada
– Miel
– Canela en polvo

*Instrucciones:
Ralle la naranja y mézclela con la miel y la canela en polvo. Aplique sobre el plexo solar y pida: “que se armonice el chacra del amor” Después de cinco minutos, retire.

Mientras me aplico el ungüento ese en el chacra del plexo solar (un par de centímetros arriba del ombligo), repito el mantra que ha pronunciado el profesor Salomón para iluminarme durante el ritual: “que se armonice el chacra del amor”. Recomiendo este ritual los presidentes Chávez, Bush y Putin. Y por supuesto, a las FARC, a los paras y a Uribe. Mejor dicho, a todos los guerreristas. Repítanlo profusamente, quien quita que den resultado las palabras místicas del profe. Nos harían un gran favor.

Luego de estar cinco minutos sin camiseta, que fue el tiempo que el profe ordenó mantener la pócima haciéndose costra sobre la panza, me limpié y descubrí esa área de mi piel más tersa. Un mejor uso: podría ser la fórmula de una mascarilla. Aunque personalmente preferiría untárselo a un pan en el desayuno: tiene buen sabor.

Vislumbrando el futuro

El don que lanzó al estrellato al profe Salomón es el de la videncia. Puede predecir el futuro con base en la interpretación del movimiento de los astros y de la lectura de las cartas del tarot. A finales del año pasado publicó un libro con sus predicciones para 2008. En él, vislumbra el porvenir de los famosos colombianos al mejor estilo de la Negra Candela o Sweet: Juanes cosechará nuevos triunfos en su carrera; Shakira estará en un dilema grande con su pareja Antonio de la Rua; Verónica Orozco tendrá una participación muy destacada en una novela; Adriana Arboleda consolidará su relación. Al fin qué: ¿astrólogo o paparazzi? No me confunda, profe, socava mi fe.

También toca en su libro temas medioambientales y predice catástrofes en el mundo. ¡Qué novedad! Dice que se van a seguir derritiendo los polos: sí, profe, yo también veo Discovery Channel. Y nos hace una advertencia ecológica: “la urgencia y la complejidad de los cambios observados en las regiones polares exigirán la aplicación de un enfoque científico amplio e integrado”. No, mejor dicho, está para representar a Colombia en las conferencias internacionales sobre cambio climático.

Pero cuando en verdad intenta adivinar, pues a veces acierta, otras falla. Los deportes son un buen ejemplo. Dijo que el golfista Camilo Villegas se ganaba su primer torneo en la PGA y así fue. Pero también dijo que Mauricio Soler mejoraría su participación en el Tour de Francia: no contó con que se fracturaría la muñeca y se retiraría comenzando el Tour. Ojalá no le haya botado platica a esa predicción. De Montoya dijo que mejoraría en la Nascar, pero le va tan mal que hasta ha perdido a su principal patrocinador para el próximo año. Predijo para Millonarios la obtención de la estrella número 14. Hágale fuerza profe, todavía se puede, aunque hace veinte años no ganen.

En sus predicciones sobre política y conflicto interno, el profe sí está viciado. Decir que la paz llegaría a Colombia en el cuarto mes del año… ¡Plop!

La patrona de las causas imposibles

Santa Marta es la recipiente de la devoción del profesor Salomón. Precisamente tiene su templo místico ubicado de manera estratégica a pocas cuadras de la Parroquia de Santa Marta, en el barrio Chapinero de Bogotá. De esa manera, le da la oportunidad a los devotos de la Santa de complementar su fe católica con la astrología. Los fieles le rezan a Santa Marta por su poder para interceder en casos imposibles. Supongo que debo hacerme devoto también, para que promueva mi fe en el profe. Mientras tanto, no seré un discípulo idóneo y permaneceré inmune a las energías cósmicas que de él emanan.

Los que sí deben querer mucho al profesor Salomón, son los empresarios del chance. Ellos también deben ser devotos de Santa Marta. Puedo verlos orándole fervientemente para que les conserve al profe por siempre y, como siempre, incitando a sus discípulos a apostar. Yo no me gané el chance. Supongo que el designio de los astros para mí es que me gane la vida con el sudor de mi mente y no con la fe del de enfrente.

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Algunos apuntes sobre el curso prematrimonial

septiembre 24, 2008

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Por: Gloria Susana Esquivel González

 Yo imaginaba que el infierno consistía en un tiquete de ida sin regreso a Miami. Pensaba  que su locación geográfica era la sala de espera del Sisben, o que se podía vivenciar al escuchar una grabación continua de un disco de Lady Noriega o en acudir un recital de poesía de Aura Cristina Geithner. Todas esas imágenes estaban erradas: el infierno se vive cuando uno se ve embarcado todo un fin de semana, 13 horas entre sábado y domingo, en medio del curso prematrimonial, requisito indispensable para casarse por la Iglesia Católica.

El curso se da en un pequeño salón lleno de íconos religiosos que no tiene aire acondicionado, con grandes ventanas que dejan pasar el sol bogotano de las dos de tarde (ese que aletarga y amodorra)  y con paredes color crema, cuya única función es crear una atmósfera tan fresca como un la de un guayabo en Girardot.

 Las ocho conferencias que se dan a lo largo del curso son dictadas por dos sicólogas, un teólogo, tres sacerdotes y un médico, quienes son los encargados de recalcar la importancia del sagrado sacramento del matrimonio en la sociedad. El público que los escucha no es muy activo. Las 24 parejas inscritas están más interesadas en  manifestar su cariño con apapuchos que en responder las preguntas de los conferencias. Los conferencistas saben esto y por eso no ponen mucho empeño en preparar de manera profunda sus charlas. Es como si quisieran apurar  la experiencia del curso. Terminar rápido. Salir de esto lo antes posible. Porque a medida que pasa el tiempo la atmósfera recalentada color crema parece entibiarse un poco más.  Cuando entran en confianza, los novios comienzan a acariciarle la oreja a su amada, a limpiarle las boronas de la boca, a darle piquitos en el cuello o a cogerse de la mano para no soltarse nunca, ni siquiera cuando quieren pedir la palabra para gritarle a las otras parejas lo mucho que se aman.

Y es que desde la primera conferencia la imagen recurrente es ‘la pareja’. Ese concepto difuso, de los mismos creadores de la ‘media naranja’, que niega cualquier articulo demostrativo y lo cambia por un incómodo posesivo: ‘mi pareja y yo nos conocemos desde el colegio.’ ‘mi pareja y yo montamos bicicleta juntos’, ‘mi pareja y yo nos besamos apasionadamente en el cine’. Puede que yo peque por falta de romanticismo, pero en esas construcciones gramaticales claramente se anula a ‘la pareja’ y éste se convierte en un apéndice que bien podría ser ‘mi codo’, ‘mi rodilla’ o ‘mi paladar blando’. En este momento yo no tengo pareja. La persona con la que estoy tomando el curso prematrimonial es un completo extraño y al pasar al frente a presentarlo me invento una historia de amor aburrida que parece no satisfacer las miradas curiosas de los contrayentes, quienes no saben qué resulta más confuso: que una chica tan joven se case, o que pase al frente y no presente a su pareja como ‘la pareja’ sino que lo llame por su nombre propio, sin adornarlo con epítetos melosos como ‘mi cosita sabrosita’ o ‘mi gatico Micifú’.

De pronto la única manera correcta de tomar el curso prematrimonial es hacerlo como yo lo hice: con un completo extraño.  Ese parecería ser el mensaje cifrado que quiere dar la sicóloga encargada de la conferencia de “Comunicación” al decir que entre las parejas que ya han convivido hay ‘una montaña de resentimiento’. Para derrotar este flagelo hay que comunicarse de manera asertiva-efectiva, que habla con respeto, valora el diálogo y es ejercido por personas realizadas, satisfechas y con alta autoestima. Todos deberíamos ser asertivos, pero como a veces eso se nos dificulta, la sicóloga amablemente esboza tres frases asertivas que nos pueden sacar de aprietos cuando estemos en medio de una embarazosa pelea con ‘la pareja’: “Te entiendo…sin embargo yo creo que…” “Puede que tengas razón, pero yo sigo pensando que….” “¿Qué es exactamente lo que no te gusta de…?” “Te entiendo, te bebiste la quincena con tus amigotes, sin embargo yo creo que la próxima vez podrías tener la delicadeza de invitarme” “Puede que tengas razón, pero yo sigo pensando que yo soy la que tiene razón” “¿Qué es exactamente lo que no te gusta cuando te pido el favor de que me saques la uña del pie que tengo encarnada?”  

Al pasar el tiempo, me voy dando cuenta de que a lo largo de todo el curso el tema de la infidelidad ha sido una constante. Para la sicóloga que da la charla de “Antropología de la pareja”,  mujer en sus treinta con un discurso que tiene dejos de Simone de Beauvoir mal leída, la infidelidad hace parte de ese yugo patriarcal que hemos heredado de los hebreos y de los griegos y no hay nada que hacer frente a esto. Es más, ella hace un génesis cultural del matrimonio en Occidente, y concluye que el hombre siempre esperará de la mujer que le cocine y que se reproduzca mientras se va de copas y de camas con otras dos o tres “señoritas”. Y entonces, ¿qué se puede hacer ante esto? La respuesta es evidente: comunicarse, no dejar entrar a terceros a la relación y siempre ser sinceros.

Si me preguntan a mí, me parecería más útil que en este curso enseñaran como desplazar a esos terceros, como mentir sobre el “viaje de negocios” sin ninguna culpa o como ser lo suficientemente sinceros para mirarse a los ojos y saber que la relación se está comenzando a desgastar. Si están tan preocupados por “el león rugiente que se encuentra en la puerta esperando devorar” (como define la infidelidad el hombre que  enseña sobre los rituales de la liturgia y el matrimonio)  deberían anexar un folletico con los teléfonos y las direcciones de esas agencias de detectives que cazan infieles y enseñar a interpretar extractos bancarios para descubrir cuentas secretas.

Tal vez ese componente práctico puede sonar un poco misógino y radical, pero una de las lecciones más valiosas del curso las recibí en la clase de “Madurez Sicológica” en donde un amable sacerdote resalta que las diferencias entre hombres y mujeres no son solamente biológicas. “El hombre tiene una inteligencia discursiva, racional, argumentativa. La inteligencia de la mujer se llama astucia. El indio también tiene esa astucia. El indio sabe quien lo va a robar y quien no.” Y es que este docto conferencista recalca constantemente que el matrimonio tiene dos componentes básicos: los hijos y el dinero. “¡Qué cosa tan rara que el amor dependa de la plata! Pues así es, qué le vamos a hacer.” De esta forma, la astucia de la mujer resulta ser un componente importantísimo a la hora de hacer negocios. “La mujer le dice al esposo: no te fijaste en tal detalle, en tal palabra, nos van a robar…” Fíense de sus mujeres hombres del mundo, así como Dionisio Pinzón sentaba a su Caponera al lado para que le trajera suerte, la esposa debe ser la india astuta que ayuda al marido a detectar torcidos.

Ahora, importante recalcar que “un matrimonio sin hijos es un jardín sin flores”. Tal vez por esta razón se de una conferencia sobre salud sexual y reproductiva, la cual busca esbozar los métodos de anticoncepción y las enfermedades de transmisión sexual. Por alguna extraña razón, el hombre que da esta charla entre chiste y chanza desdeña de los métodos de anticoncepción mecánicos bajo el argumento de que todos somos alérgicos al látex del cual están hechos los condones, reprocha los métodos químicos y hormonales y advierte que el único método 100% efectivo es la abstinencia. Como eso de “quedarse quietos” puede resultar complicado para los futuros contrayentes, el simpático médico procede a explicar con pelos y señales como funciona el método del ritmo. Su explicación es clara. Por primera vez entiendo cómo es que el ciclo menstrual de la mujer permite distinguir los días más fértiles de los no fértiles. Podría comenzar a usar el método del ritmo para planificar. Y también podría tirarme de un paracaídas roto de la torre Colpatria. ¿Qué sería de la vida si no se toman riesgos?

El clímax del curso prematrimonial llega con la clase “Dimensión litúrgica y sacramental del matrimonio”. En esta conferencia, un teólogo que tiene como manía hablar en refranes y nunca terminarlos para que el entusiasta público participe, puntualiza que el matrimonio es un sacramento…sagrado pero que en la vida real esto no se cumple porque del dicho al hecho hay mucho….trecho. “Dios nos llama a la vida matrimonial como realización de vida.” Para mí, palabras vacías que articuladas en conjunto me dan la sensación de que me voy a condenar en el infierno por solterona. Creo que lo que intenta decir mi amigo conferencista, entre refranes incompletos y frases interrumpidas, es que si uno no se casa no es nadie;  porque no se reproduce, y si uno no se reproduce pues se saltó un paso importantísimo entre crecer y morir y en esa última etapa sólo quedará la soledad, y soledad puerca, con imagen clichesuda de  gatos que se comerán mi solitario cuerpo y todo. Acto seguido, comienza a leer algunos pasajes de la Biblia (como la primera carta a los Corintios) en donde se explica que el amor verdadero es paciente, comprensivo, soporta y perdura por los siglos de los siglos…Amén.

Después de esta conferencia comienzo a creer que el curso prematrimonial debería ser enteramente consecuente. La Iglesia católica debería velar por el cumplimiento de aquello que se predica en esta clase y llevarlo hasta sus últimas consecuencias. Si Juan 4, 9-10 exige que para casarse uno debe dar la vida por el otro, pues en las horas previas al matrimonio el novio debería caminar sobre brasas ardientes por la novia y ésta debería lamer las llagas de los pies de su suegra. Aquél que esté dispuesto a pasar esas pruebas, y sólo aquél que las pase, recibe su certificado del curso prematrimonial y de casi mártir de la Iglesia. Podría matar dos pájaros de un solo tiro, y hasta mandar a enmarcar ambos diplomas en el mismo sitio.

Si lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre, pues deberían ser excolmugados aquellos impíos que se divorcian. Debería haber un ente fiscalizador que hiciera visitas domiciliarias para corroborar, en primer lugar, que la mujer que se está casando es virgen; luego, que el matrimonio se está consumando y que ningún anticonceptivo demoniaco está obstruyendo la proliferación de la descendencia y en último lugar, que la pareja estará junta hasta que la muerte, y no la moza, los separe. Así, en realidad sería una celebración genuina el contraer matrimonio por la Iglesia Católica, pues significaría una convicción ni la verraca por parte de la pareja.

***

De pronto, con los ojos del amor el mundo sí se ve más bello. Tal vez como dice Chayanne, estar completamente enamorados equivale a estar “como borrachos yo no sé de qué”. Dos días, sábado y domingo, encerrada en una parroquia para mí traducían tortura, para las parejas, una oportunidad de afianzar su relación. La falta de aire acondicionado en el salón de las conferencias para mí traducía soroche, para las parejas, otra manera de ‘entrar en calor’. El ensayo de los votos matrimoniales, con pajecitos falsos y todo, para mi traducía ridiculez, para las parejas, la emoción más grande. Hasta el certificado final, impreso en papel Kimberly con letras de colores y la foto de una pareja de casados mirando hacia el ocaso infinito de su amor mientras caminan por la playa, para mí resultó ser el complemento perfecto para explicarle a un extranjero lo que significa el adjetivo ‘mañé’, para las parejas era la materialización de su amor puro y verdadero.

La gran moraleja que cierra el curso es una cita atribuida a William Shakespeare: “El secreto de la felicidad  conyugal consiste en exigir mucho de sí mismo y poco del otro.” Cita completamente romántica que nos da un mensaje de entrega y de tolerancia con el otro. Ni Walter Riso habría podido poner en palabras más precisas lo que significa en realidad el matrimonio.

 No necesariamente.

Creo que Shakespeare, aparte de hacer famoso el clásico ser o no ser también dijo en el soneto 130: “Los ojos de mi señora no se parecen en nada al sol (…) Admito que nunca vi caminar a una diosa (mi señora cuando anda pisa el suelo). Y, sin embargo, por el cielo tengo a mi amor por tan extraordinaria como cualquiera a la que contradijo con falsa comparación.” Mensaje un poco más realista que no habla de un amor subyugado de autoayuda, sino del abrir los ojos y ver en realidad al otro, no como un apéndice extra sino como a un ser humano. De pronto eso significaría desemborracharse y quitarle toda la mística y el romance al amor.

Podría significar pasar un guayabo más terrible que el de Girardot.


Geek punk o anarquía en la nevera

septiembre 24, 2008

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 Por: Gloria Susana  Esquivel González

(foto: http://www.flickr.com/photos/gatocalculista/)

 

Podríamos clasificar el sonido de una licuadora como una continuidad medianamente intensa. Mmmmm, mmmmmmmm, mmmmmmm. Eso nos daría el beat. El choque de los tacones contra las baldosas del piso, clac clac clac, podría hacer las veces batería, pero tendría que estar acompañado por un sonido que llevara la melodía. Pensemos, pensemos…tal vez el de la lluvia de tarde de domingo sobre tejas de barro (ese sonido es como un murmullo, resulta irreproducible en una onomatopeya), o el golpe de la hoja del cuchillo contra la tabla plástica cuando se corta un tomate, sac sac sac. “Todos los eventos sonoros de la vida diaria pueden ser eventos musicales plenos.”, me dice Andrés Gualdrón, teclado, voz y programación de ego; , mientras intenta explicarme el núcleo de su proyecto musical. Ego; es un grupo de pop-punk que intenta introducir en sus composiciones elementos experimentales para cuestionar de manera directa lo que se entiende como música. “Asimilamos sonidos del mundo en nuestra música, pero lo más lindo seria que nuestra música se asimilara a la vida diaria. Que nuestra música no interrumpa el continuo de las músicas que hay.” Intento hacer un compendio de mis sonidos favoritos: el clic clic clic del teclado cuando escribo muy rápido, el maullido seco y profundo de mi gata cuando se pone a cazar moscas, mi esfero negro micropunta cuando hace un primer contacto con la hoja y la rasguña, tras tras tras. Puede que Andrés tenga razón, somos participes de múltiples eventos sonoros, pero no sé hasta que punto eso pueda llamarse música.

 

Andrés no es muy alto. Sus ojos y su pelo son muy negros. No se puede quedar quieto y lo primero que le dice a Juan Pablo Bermúdez, guitarra, voz, programación y contraparte de Andrés en ego; , cuando lo ve es: “Toes que care’ Vietnam”. Ése es el tipo de humor de Andrés; algo hermético y con referencias cruzadas. Cuando le digo a Andrés que me hable de él se ríe y cuestiona mis métodos periodísticos. Después me responde con la voz más seria que tiene que es un ‘pelao descomplicao’, que le gusta la rumba joven, la rumba cross over. Se ríe y baja la mirada. Su voz cambia y se aterciopela. Si las voces tuvieran texturas, la voz de Andrés tendría la textura que tiene el chocolate cuando se derrite y se vierte, pero esa textura y ese tono sólo aparece cuando se pone serio. Me dice que es una persona volátil que se deja llevar por la emocionalidad. Que tal vez esa emocionalidad es la que lo ha llevado a cometer los mayores aciertos y desaciertos que ha tenido en su vida. Su hermano Miguel confirma la pasión con la que Andrés vive la vida, pero asegura que esa emoción puede ser contraproducente, que Andrés fácilmente pasa de la euforia a la tristeza y que a veces no puede soportar el golpe del fracaso. Andrés sabe que es así y muy probablemente eso fue lo que lo llevó a ego; .

 

Su interés por la música comenzó desde muy pequeño. Su papá se desesperaba con él porque era imposible hablar con Andrés sin que estuviera haciendo ruido. Golpeaba las cucharas y los platos a la hora de comer y en el colegio tamborileaba sobre su escritorio con el lápiz. Este interés por generar ruido derivó en la compra de una batería, de la compra a la práctica, de la práctica al estudio, del estudio a la duda: “A mi me interesó la batería desde muy chiquito, pero cuando tuve que mantener el interés por el instrumento, pues, no pude porque llegó mi ser emocional a recordarme que mi verdadera obsesión era la composición.” En ese momento Andrés decidió dejar sus estudios de batería y comenzar a estudiar composición en el programa de música de la Pontificia Universidad Javeriana. Para él, la composición le abrió el horizonte como persona que quiere reflexionar sobre el arte, aunque lo alejó del interés por la interpretación de instrumentos.

Sin embargo, Juan Pablo piensa que Andrés es un muy buen músico. “Él es muy bueno en el nivel mas chévere en el que uno puede ser bueno. La mayoría de las personas piensan que un buen músico es un duro con un instrumento y a él no le interesa eso, sino los aspectos más estructurales del asunto. Además es un duro.” Juan Pablo sabe que no podría haber encontrado mejor ‘partner in crime’. Él ve a Andrés como un tipo de mente abierta que puede disfrutar tanto una copla llanera como una obra serialista, y con el que puede compartir un montón de influencias pop. Juan Pablo dice que Andrés es lo que sale si se mezcla un hippie con un punk con un geek. Yo me pregunto que tipo de música puede salir de esa mezcla.

Juan Pablo es muy alto y usa gafas. También tiene el pelo negro, pero el de él es liso y por esta razón se ve, bajo cierta luz, azulado. Juan Pablo va a otra velocidad. Su hablar es pausado y tras cada pregunta que le hago toma la grabadora y comienza a examinarla bajo diferentes ángulos. Siempre me advierte que se va a tomar su tiempo para responder y yo sólo me quedo observándolo y disfrutando los diferentes juegos que entabla con los objetos que están encima de la mesa. Toma una manzana y la hace girar, golpea un candelabro repetidamente y me pide que escuche el retorno que genera el sonido. Después de mucho pensarlo me dice que él piensa que es una persona a la que le gusta mucho escuchar. Andrés piensa algo diferente sobre él. Me dice que Juan Pablo es un hombre muy valiente, como un primitivo que se mete entre la selva a luchar contra lo desconocido. Resalta de Juan Pablo su gran tenacidad y me confiesa que si no fuera por esa tenacidad el concepto de ego; seguiría estando en pañales. Marleny, quien ha trabajado en la casa de Juan Pablo durante once años, opina igual que Andrés. Para ella Juan Pablo es un bacán, cariñoso y colaborador. No obstante, me dice que desde hace algún tiempo como que se volvió loco porque se la pasa por la casa tirando platos al piso y golpeando las puertas con todo tipo de objetos.

 

Podría decirse que soy testigo fiel de esa experiencia. Juan Pablo decide que hoy será en día en el que se grabará el sonido de un plato metálico golpeándose contra el piso de ladrillo de su casa, splaaat splaaat splaaat, y que le gustaría que yo tirara algunos platos. Después del primer golpe, Marleny sale de su cocina. “Ya me está comenzando a asustar”, dice con un tono resignado y vuelve a entrar seguida de Juan Pablo, a quien se le ha ocurrido una mejor idea. Hoy quiere grabar el sonido de la olla exprés en donde Marleny está cocinando el almuerzo, bluup bluup bluup. Yo le pregunto a ella si no le molesta nuestra presencia y desde sus ojos gigantescos me responde que ya está acostumbrada, que Juan Pablo la ha puesto a cantar, a saltar y a tomarse fotos. Y es que si entramos al myspace de la banda: http://www.myspace.com/egomusica, encontramos que en sus principales influencias, al lado de Chuck Norris y de Lucho Herrera está Marleny Cano. Ella participa en “música concreta”, le samplearon la voz diciendo “weird weird lady” y en la galería de fotos se puede ver una imagen de Marleny con una camiseta roja, frente a una pared blanca entre dos arbustos muy verdes, preparándose a saltar.

 

Ego; se llena de imágenes bonitas y de analogías visuales que complementan lo sonoro. Juan Pablo y Andrés afirman que se encontraron en un momento en el que ambos tenían ganas de hacer lo que se les viniera en gana, sin regirse bajo ningún tipo de regla externa para hacer música. Ellos lo llaman “anarquía”, pues consideran que no hay nada que gobierne su música y que se podría hacer una labor política al intentar recuperar la musicalidad de los objetos que no son categorizados socialmente como musicales. Piensan que su música es geek pop – punk y para mí ese es un gran problema. No entiendo cómo una música tan pensada desde la reflexión estética puede ser pop. Las influencias de ego; se agrupan bajo el título “intelligent dance music” (otro nombre que me pone a pensar en mil y un problemas de marketing y difusión), y entre ellos se encuentran Matmos (reconocidos por grabar junto a Björk y por configurar armonías utilizando samplers de liposucciones) y The Books (quienes se autodenominan coleccionistas de sonidos). Andrés me explica que a la hora de hacer su música, la regla no es ser experimentales sino hacer lo que sienten. Para él una de las influencias más grandes que tiene ego; es Café Tacuba pues “son la prueba viva de que la absoluta libertad puede ser comunicativa”. Juan Pablo lo complementa diciendo que “no por ser experimentales vamos a negar que una batería bien puesta suena una chimba, o que una canción pop bien amarrada es una obra de arte maravillosa. Como “Niño” de Belanova.”

Ver a ego; en escena es una experiencia diferente. El espectador puede encontrar en medio de dos baladas un reggetón que toma como base una fuga de Bach, o una canción cuyo instrumento principal es la voz de Andrés leyendo las instrucciones para usar el shampoo marca “Ego”.  Este tipo de ejercicios en escena hace que algunas personas que los han visto los tilden de “chocolocos sin sentido” o que no entiendan que lo que buscan hacer es otro tipo de “música anarquista” a la que no se está acostumbrado.

Sin embargo, existe un público que si está interesado en la manera en la que ellos conciben la música y que piensan que son originales dentro de la escena bogotana. Esa originalidad resulta muy valiosa para quienes los escuchan y piensan que su música aunque industrial y electrónica resulta orgánica, “la música está muy viva, es un pequeño caos organizadito”.

Juan Pablo me cuenta que alguna vez pensó que Andrés era el gas del briquet y él la chispa, que en determinando momento él quitaba la rendija y se armaba la llamarada. Para ellos el cuestionar la materia prima de la música es un interrogante que les sale de las entrañas. Y dice Juan Pablo: “si uno hace lo que le nace de las entrañas y lo que realmente quiere hacer debe, inevitablemente, salir algo valioso.”

 


El precio no enCaja

septiembre 18, 2008

Por: Mauricio Palma

 

Bogotá, un día de septiembre como cualquier otro. Son las dos de la tarde pero está oscuro, como si fueran las cinco. Sentado en el mismo céntrico Oma de siempre, veo las bellezas universitarias contemporáneas. Algunas, con un alto grado de desatino geográfico (o con ínfulas de exhibicionismo), portan blusas ampliamente reveladoras. Es hora de irme a casa. Tengo trabajo y no quiero quedar mal con mi jefe. De pronto suena el celular.

 

-¿Farid?… ¿Que tiene que comprar qué?… Bueno yo lo acompaño… No ni idea cuanto cueste… Si algo, regateamos… Ya nos vemos-

 

Mi mejor amigo aparece a los veinte minutos. Me cuenta rápidamente que en su viaje –acaba de llegar de España luego de haber trabajado en la oficina comercial colombiana en Madrid durante un año- compró una consola de videojuegos. Un playstation II. Sin embargo, no tomó en cuenta que el voltaje de las conexiones americanas es diferente al de las europeas. Son los problemas de un mundo globalizado.

 

Debemos conseguir un regulador de voltaje que transforme de 220 a 110 voltios la carga eléctrica de su dichoso aparato, para que pueda seguir embruteciéndose todas las noches cuando llegue a su casa. A mí no me gusta jugar FIFA, ni Doom ni nada de eso. Poco me interesa el tema. Es más, me produce furia pensar que existan personas que gasten su tiempo de esa forma pudiendo dormir. Pero al buen Badrán (un apellido muy raro, según sé viene de Omán en Oriente Medio) poco lo he visto en el último año. Es una buena oportunidad para intercambiar chismes. Además, que más da. ¿Cuántas veces no me he ido de compras por la ciudad tratando de conseguir el mejor precio hasta para la chucheria más inoficiosa?    

 

***

 

Caminando por la calle diecinueve, al son de historias de búlgaras, paraguayas y argelinas regaladas, observo las interacciones del comercio bogotano. Almacenes formales que venden desde un tarro de anabólicos para fisiculturistas hasta cajas llenas de tajalápices recién traídas de Taiwán. Comerciantes informales, que venden chontaduro, chocolates, aerografías, retratos y elixires de la eterna juventud. Y nosotros, compradores indecisos que no tenemos ni idea de que estamos buscando. De todas formas hay algo que nos une. Ellos tienen ofertas, precios bajos y “encimes” de toda clase. Farid y yo, buscamos no gastarnos más de lo debido, aunque no sabemos cuanto podría ser. Pero que no se nos olvide la máxima de los abuelos: “un descuento ganado, es un peso ahorrado”.

 

***

Juemadre, va a llover. Por fin vamos a llegar. Tengo más que curiosidad, miedo a que me roben. Más que ganas de caminar buscando el tal aparato ese, ganas de irme. Leo el aviso institucional romantizado por la banda sonora del sonido infernal que exhala un megáfono que publicita el Kama Sutra ilustrado. Av. Calle 19, Carrera 9. Llegamos a la calle con más almacenes de utensilios y armatostes electrónicos en toda la ciudad. Según dicen, el primer almacén de eléctricos que se asentó aquí, fue el “Mundo del Bombillo”. Había llegado exiliado desde la Séptima, cuando su primer habitáculo fue incendiado en el Bogotazo. Al principio, sólo los pudientes de Teusaquillo y Chapinero venían por focos nuevos. Sin embargo, la energía eléctrica se democratizó rápidamente y dejó de ser un privilegio de ricos. En los sesentas, el setenta por cien de los hogares bogotanos contaba ya con electricidad.

 

-Entremos al primero, al de la esquina- dice Farid.

 

Letrero grande en fondo azul y con letras rojas. Voy a entrar a “El Centro de la Electrónica”, y no estoy emocionado.

 

-Buenas señora. Estoy buscando un adaptador o un regulador de voltaje, creo que es lo mismo –

-Si le tengo el de nueve voltios, para el computador, para…

-No no, es uno especial. De 220 a 110 voltios. Que cambie de las paticas redondas a las planas. Pa’ poder conectar un playstation

-¿Luego eso no viene ya con eso? Reclama la dama

-No no, es que me traje un playstation de Espana y…

 

(Farid le cuenta la historia de su vida a Dona Clara –porque así se llama esta cincuentona regordeta-. Luego reacciona y vuelve en sí)

 

-¿Tiene el aparato?

-Sí. Véalo en la vitrina. Es ese blanquito. Cuesta cincuenta y nueve mil.

-¿Y lo mínimo?

-No es que no se puede, ese es el precio. Véalo marcado y todo.

-Es para llevárselo ya

-Cincuenta y cinco…

-¿Me regala una tarjetica? Yo ahorita vuelvo…

 

¿Cincuenta y cinco mil por una cajita blanca, inerte y seguramente oxidada que ha pasado más de dos años en esa vitrina? No… Preferible ir a buscar en otro lado. No es por nada, pero estamos en la calle de la electrónica. Desde la entrada del almacén se vislumbran opciones potenciales. “Eléctricos plus”, “Sonido y efectos electrónicos”, “El zorro electrónico No. 2”…

***

Seis de la tarde del mismo lunes. Luego de emparamarme y de haber ingerido dos tintos de termo ambulante y siete cigarrillos, llego a mi casa. Me despedí de Farid en el Transmilenio, pero antes le pedí que me dejara todos los papelitos que nos dieron. Parecen llamativas tarjetas de presentación con dibujos y fotografías de consolas y parlantes, pero son en realidad cotizaciones. En ellas está descrito el mismo aparato. Las especificaciones técnicas del transformador de 220 a 110 voltios Step and Down marca Sun, de fabricación china, fueron condensadas a mano por los diferentes vendedores que nos atendieron. Además dice el nombre de quien hizo la oferta.

 

Yolanda de “El zorro electrónico No. 2” nos dejaba la bendita cajita en treinta cuatro mil doscientos, IVA incluido. Rosa de “Sonidos y efectos electrónicos” después de un aguerrido toma y dame regateador, nos lo dejaba en dieciocho mil ochocientos. Pero el ganador fue Jaime de “El imperio electrónico”, quien después de haber probado el aparato nos lo dejo en Once mil cerrados.

 

No puede ser que nuestra habilidad comercial haya producido tal efecto minimizador en el precio. Si bien es sabido que el arte de regatear hace parte de la herencia hispánica de nuestro pueblo (aunque algunos crean que es el legado de los mal llamados “turcos” libaneses y demás pueblos árabes que entraron en nuestro país a principios del siglo pasado, y no tomen en cuenta que el pueblo español ya había sido influido por ocho siglos de dominación mora antes de llegar a América), no creo que Farid y yo seamos la prueba fehaciente de ello. ¿Cuánto se están ganando los comerciantes? ¿Cuánto vale un cacharro de estos al por mayor? ¿Y en China deben ser regalados, o no? Esto de la plusvalía es bravo en este contexto globalizado…

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Sábado, tres de la tarde. Carrera treinta y ocho con Calle novena. Hoy sí hace un calor del demonio que no se presta para hacer el ejercicio con juicio. Se me había olvidado por qué odio Sanandresito. Huele a lechona con bolsillo de loco. Budweiser, Amstel y Löwenbrau contrabandeada es ofrecida en la vía. “Si no está fría, le devuelvo la plata” grita el vendedor. Pero paso. Ni siquiera con este preludio del averno me tomo una pola tan temprano. Me quedaría un tufillo delatador, y más tarde tengo que verme con mis tías. No quiero que me la monten.

 

Básicamente el destino hizo que viniera a buscar mi cacharrito en este otrora pseudo-puerto libre que vivió grandes épocas gracias al contrabando. Aunque el comercio negro -que no fue sino el resultado de los excelentes lineamientos que propendían el desarrollo económico nacional a partir de la sustitución de importaciones- se haya casi extinguido, algo debe quedar. Hoy todo lo venden con factura, por lo menos al comprador que se acerca de primerazo. Para mí, es posible que encuentre al SUN Step and Down 220-110v más barato que en el centro. Pese a que ya había sido comprado, y que gracias a él, Farid quema diariamente sus neuronas, yo quiero ir más allá. Es que me puse a buscar el codiciado artículo en internet y los resultados fueron sorprendentes.

 

Sun electronics, el fabricante del trasformador está domiciliado en Miami, Florida. Sin embargo con esto del e-commerce, es posible que lo único que haya allá sea un box (casillero) de correo, y una oficina que es operada por tres jóvenes, dependientes de la banda ancha de ocho gigas. Lo que hacen es recibir los pedidos de sus clientes vía e-mail, y así, envían otros correos a su central productiva en la ciudad china de Kaiping, a 150 kms al oeste del antiguo enclave portugués de Macao. Desde allí, contenedores de veinte pies son enviados directamente para Asia y Europa con millones de cajitas blancas que regulan el voltaje. Si son pedidos para el hemisferio occidental llegan a Panamá -si tienen como destino final América Latina- o a Miami -si son para los consumidores norteamericanos-. El aparato es producido en masa en la ciudad china especializada en producción de eléctricos, y contando sueldos, insumos y demás, cada cajita tiene un costo neto de menos de dos dólares (cerca de cuatro mil pesos colombianos). En Florida negocian la tarifa con los clientes mayoristas, y dependiendo de cada caso (y del marrano) cobran entre cuatro y cinco dólares por transformador.   

 

Tengo la duda sobre quien es el distribuidor para Colombia del aparato. Cuando volví en la semana a preguntar por él, Doña clara –la que al principio había pedido cincuenta y nueve mil por el transformador-  guardó el secreto con recelo. Sin embargo, me dio pistas sobre el almacén del mayorista, que supuestamente estaba  ubicado en algún recoveco de este compendio de centros comerciales mal organizados y sobrepoblados.

 

Empecé a buscar ferreterías y almacenes de eléctricos por los andenes de Sanandresito, entre Refurbish (una mezcla de colesterol que no había visto antes, papas, salchicha, colombina de ala, todo freído y servido en un cucurucho de papel por la módica suma de mil doscientos el pequeño y dos mil el grande), libros piratas (que ya no son sólo confesiones de prepagos, ni García Márquez sino escritores contemporáneos como Quiroz y Gamboa) y hip hoppers que me trataban como su pana, su llave, su hermano y su perro (ofreciéndome lo último en moda skate y pantalones para dama). Luego de quince minutos en ese caos odiado, sudado y destilando cebolla (que buen día para haber llevado chaqueta) encontré un almacén llamado “Osrram ferretería”.

 

Les pregunté a los dos vendedores por el transformador, y aunque para mi infortunio se les había agotado, me comentaron que lo vendían a veintitrés mil pesos. No obstante, me dijeron que a dos cuadras, en el centro comercial “Islas del Rosario”, tenían todos los que quisiera –es extraño pasar de Providencia a Panamá y luego a la Mediterranee (sin tilde) atravesando la calle-. No quise darle espera y en dos minutos estuve allí.

 

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La “Cerrajería y eléctricos Islas del Rosario” tiene una apariencia sospechosa. Exhibe en sus vitrinas a parte de cuanto candado, llave y tubo pueda existir, un certificado de la DIAN que la acredita como contribuidora honesta. Su vendedora, treinta y tantos, ombligo destapado y ojos de experiencia (y no precisamente en ventas) me atiende con un seseo deleitante:

 

-si, que se te ofrece

-no buenas, es que quería saber si venden un adaptador… (Finalmente no me puse de acuerdo, ¿es un transformador o un adaptador, o es lo mismo?)

-Ah sí, esos se venden muchos… cuesta veinticinco mil

-No no, pero es que yo quiero una cantidad grande. Estoy cotizando y me dijeron que ustedes eran los distribuidores…

-Ahh bueno. Si son más de cien, te salen a dieciocho pero si son más de mil te salen en quince…

-hmmmm (pensando en la gran cantidad que le debieron haber despachado al almacén del centro en donde me lo vendieron a once mil o en la cara de marrano inexperto que me vieron) ¿y lo mínimo, mínimo?

-No mira lindo, lo mínimo, si compras mil te los dejo a catorce. Más no puedo porque me regañan…

-Ay, dale, mira que pueden ser muchos…

-Si llamo a mi jefe de pronto te los dejan en trece. Pero menos no creo…

-Y ustedes… ¿Traen esos bichos de donde?

-Ahh no sé… el jefe es el que hace eso, pero no está (ya me había dado cuenta, y además ya lo había hecho explicito sumercé) pero ¿vas a comprar o no?

-Sí sí, regáleme una cotización…

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Haciendo cuentas, y pensando concienzudamente, veo que el margen de ganancia de un aparato de estos puede llegar a ser muy grande. El costo neto del Sun Step up and Down es de USD 2 por unidad, que van para los operarios de las máquinas (quienes en China es bien sabido son laboralmente explotados), la materia prima y los costos operativos de la fábrica. Luego se le suman USD 3 que se reparten para los dueños de la empresa y las navieras que lo transportan (por el envío de un contenedor con unos cien mil de estos transformadores entre China y América se pueden pagar entre seiscientos y setecientos dólares, lo que daría un costo por cajita de 7 centavos de dólar, un costo mínimo). Cuando llegan a Panamá, el cliente-proveedor –en nuestro caso el dueño de la cerrajería en Sanandresito- debe pagar el transporte hasta su destino final (si es FOB –Free on Board-, el INCOTERM, o tarifa de comercio internacional, más utilizado para estos casos). Así, entra por Buenaventura y luego es traído hasta Bogotá por tierra (por lo que pagan más o menos cuatrocientos mil pesos –es decir doscientos cincuenta pesos por cajita-). Y ya en Bogota, puede suceder cualquier cosa. Le pueden cobrar al consumidor final entre once mil y cincuenta y nueve mil pesos.

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Lunes, nueve de la noche. Ahh el comercio, la globalización, la desigualdad… ¿Cómo se ha vuelto de pequeño el mundo, no? Hasta ahora caigo en cuenta que el dichoso aparatejo ni siquiera era para mí… no tiene que ver nada conmigo ¿o sí?